8 de junio: Día del Estudiante en Colombia

Junio 8/19 Muy raro que esta semana los universitarios no protestaron, como lo hacen cada año, para conmemorar el Día del Estudiante, que se cumple hoy 8 de junio. ¿Por qué esta fecha?

En realidad, son dos momentos históricos las que confirman esta fecha. El primero, en 1929, y el segundo25 años después -en 1.954, cuando se estaba conmemorando lo sucedido en 1.929. Ambos casos, responden a enfrentamientos entre estudiantes y la fuerza pública, y en los dos hubo muertos.

1929

Recuento del portal Notiamérica:

Una bala en mitad de una manifestación contra la corrupción gubernamental el 8 de junio de 1929 en Colombia, acabó con la vida de un estudiante. Este acontecimiento junto a otros sucesivos a raíz de este, marcaron para siempre esta fecha en el calendario dando lugar, así, a la conmemoración del Día del Estudiante en Colombia o Día del Estudiante Revolucionario.

Cada 8 de junio se celebra en Colombia el Día del Estudiante, también llamado Día del Estudiante Caído o Día del Estudiante Revolucionario, en conmemoración al asesinato del joven Gonzalo Bravo Pérez quien, junto a otros alumnos de la Universidad Nacional, alzó la voz para protestar contra los hechos de corrupción de los gobiernos de turno y en exigencia de garantías y libertades para la educación superior en Colombia.

Para entender el por qué de la celebración de este día es necesario tener en cuenta dos sucesos principales.

El primero se remonta al 7 de junio del año 1929. Ese día los estudiantes marcharon por las calles en protesta a la ‘masacre de las bananeras’ y al nombramiento del General Cortés Vargas, responsable de la masacre como jefe de Policía de la ciudad de Bogotá.Este hecho fue un exterminio de los trabajadores sindicalizados de la United Fruit Company que se produjo entre el 5 y el 6 de diciembre de 1928 en el municipio de Ciénaga, en el departamento colombiano de Magdalena. El Gobierno del presidente Miguel Abadía Méndez autorizó el envío del Ejército colombiano para poner fin a esta huelga, que acabó con la muerte de numerosos trabajadores.

Cuando la marcha se aproximaba al Palacio Presidencial, la multitud fue reprimida con el trágico resultado de la muerte del estudiante de Derecho de la Universidad Nacional, Gonzalo Bravo Pérez, quien fue alcanzado por una bala de la guardia presidencial.

Desde entonces, el 8 de junio se convirtió en una fecha conmemorativa de uno de los mártires del movimiento estudiantil colombiano.

El segundo suceso ocurrió años más tarde, en 1954, durante la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla. Los estudiantes de la Universidad Nacional eligieron también el 8 de juni para realizar una marcha paífica. Sin embargo, la tarde de ese mismo día, en territorios de la Universidad Nacional, fue asesinado por la Policía el alumno de medicina Uriel Gutiérrez. Un hecho que conmovió a la comunidad estudiantil de la época, por lo que al dia siguiente los estudiantes salieron a protestar.

La marcha fue interrumpida por un batallón colombiano quien abrió fuego, en circunstancias nunca esclarecidas, contra los estudiantes dejando un saldo de 11 muertos y más de 50 heridos.

Es por ello que el 8 de junio y en muchas ocasiones también el 9 de cada año, los colombianos homenajean a todos aquellos héroes y estudiantes que perdieron la vida defendiendo sus derechos.

1954

Adaptación de El Tiempo, por Leopolodo Villar Borda

Responde a lo sucedido en el pretendido control de la marcha estudiantil que terminó trágicamente el 9 de junio, de 1954, en el centro de Bogotá, que fue encomendado al Batallón Miguel Antonio Caro (MAC), una unidad insignia del Ejército formada exclusivamente por bachilleres y creada por el Gobierno militar en 1953.

En las barracas del Cantón Norte hubo alarma cuando el 8 de junio de 1954 llegó la noticia de que un estudiante había sido muerto por un disparo de la Policía en los predios de la Ciudad Universitaria después de una peregrinación estudiantil al Cementerio Central. La peregrinación había partido de la Universidad Nacional para visitar la tumba del estudiante Gonzalo Bravo Pérez, muerto por la Policía en el centro de Bogotá el 8 de junio de 1929 y convertido desde entonces en un mártir de la causa estudiantil.

Nada hacía presagiar que la conmemoración se fuera a empañar por otro hecho sangriento. Menos de un año antes, el general Gustavo Rojas Pinilla había depuesto al presidente Laureano Gómez y asumido el poder con el beneplácito de la mayoría de los colombianos, que vieron su llegada al poder como el final de la hegemonía conservadora y el comienzo de una era de paz después de largos años de violencia.

Después de la peregrinación los estudiantes regresaron a la Ciudad Universitaria y algunos de ellos estaban jugando fútbol en los predios del campus cuando llegó una patrulla de la Policía que les ordenó desalojar el lugar. Los estudiantes protestaron y se produjo una refriega en la cual los policías descargaron sus armas. Una bala impactó el cráneo de Uriel Gutiérrez, estudiante de medicina y filosofía, y puso fin a su vida a los 24 años.

En el lugar donde cayó Gutiérrez los estudiantes se aglomeraron y decidieron nombrar una comisión para que le presentara su protesta directamente a Rojas Pinilla. La audiencia se celebró el mismo día y en ella el grupo estudiantil obtuvo autorización para efectuar el día siguiente una marcha hasta el palacio presidencial.

Al amanecer el día 9, en las esferas del Gobierno se discutía la estrategia para enfrentar lo que ya se anunciaba como una gran manifestación de protesta estudiantil en el centro de la ciudad. En esta participaron no menos de diez mil universitarios de la Nacional, la Javeriana, el Externado, el Rosario, los Andes, la Libre, la Gran Colombia, la de América y algunos estudiantes de bachillerato.

La masiva concentración cubría más de veinte cuadras cuando las primeras filas llegaron a la calle 13 hacia las 11 de la mañana y se encontraron con el cordón militar.

Coreando consignas de justicia y ondeando pañuelos blancos, los estudiantes resolvieron sentarse en el pavimento. Entonces ocurrió lo inesperado. A las 11:15 se escucharon ráfagas de fusil y una lluvia de balas cayó sobre los inermes estudiantes, causando la muerte instantánea de varios de ellos. Las imágenes de los soldados apuntando sus fusiles fueron captadas por las cámaras de los reporteros gráficos que cubrían la marcha. Después, los soldados persiguieron a los manifestantes que se replegaron en desorden por la carrera séptima y la avenida Jiménez. El saldo del trágico episodio fue de 13 muertos, más de cien heridos y varios centenares de detenidos.

La versión del Gobierno fue que los soldados habían disparado al verse atacados. El ministro de Justicia, general Gabriel París, cuyo despacho en el edificio Murillo Toro daba sobre la carrera séptima, dijo que “había visto” salir un disparo de una casa situada al otro lado de la vía. Rojas Pinilla culpó de la tragedia a una conspiración tramada por una alianza entre el comunismo y los seguidores de Laureano Gómez.

El episodio enrareció el ambiente en el Cantón Norte, donde después se produjeron roces entre los bachilleres del MAC y los soldados del Batallón Colombia. Uno de los bachilleres se fue a los puños contra un soldado que había participado en la represión cuando este relató a sus compañeros que había golpeado a una estudiante y ella, en lugar de acusar el golpe, se había quejado porque le había hecho caer sus libros.

La sucesión de hechos sangrientos marcó el principio del derrumbe del gobierno militar que solo unos días después, el domingo 13 de junio, iba a cumplir su primer año. Con razón los estudiantes acuñaron la frase de que Rojas Pinilla había “perdido el año”.

Para completar, ante la renuncia del rector de la Universidad Nacional, Abel Naranjo Villegas, Rojas nombró en su remplazo al coronel Manuel Agudelo. El nombramiento cayó como un balde de agua fría sobre la comunidad universitaria y enrareció aún más el ambiente, que en los meses y años siguientes continuó deteriorándose hasta desembocar en el movimiento bipartidista que puso fin a la dictadura militar en 1957.