Educación superior de calidad eleva la competitividad del país


Vincular activamente el sector privado a lo largo del desarrollo formativo de los estudiantes tiene un impacto directo en la competitividad, a través de una mayor productividad, afirman los profesores de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Antioquia, Mauricio López González Ramón y Javier Mesa Callejas, en El Colombiano.

Por estos días se discute en Colombia acerca de la calidad de la educación como un mecanismo importante para avanzar en la ruta del progreso y el desarrollo económico y social, a partir del fortalecimiento de los procesos de formación de mano de obra calificada que permitan potencializar sectores productivos dinámicos que contribuyan de manera activa a la generación de valor que impulse de manera permanente el crecimiento del PIB.

En este sentido, ante la necesidad de avanzar en políticas de corto plazo que propenda por elevar la cobertura en todos los niveles de la educación terciaria donde se concentra la educación superior a nivel técnico, tecnológico, universitario y posgradual; se hace prioritario, en paralelo, el diseño de políticas que busquen influir los temas de calidad, como aspectos estratégicos para elevar los niveles de competitividad del país a través del tiempo. 

Al respecto, la calidad de educación superior guarda relación directa con varias aristas: i) El logro elevado que alcancen los estudiantes en pruebas estandarizadas, ii) La disminución de la deserción, o su equivalente, el aumento de la retención iii) El paso de los estudiantes a niveles superiores de formación, maestrías y doctorados y iv) El vínculo directo con el mercado de trabajo, tanto en la etapa misma de formación, es decir cuando se está desarrollando la carrera universitaria, como cuando se ha egresado.

En consecuencia, es claro que cada uno de estos factores se vincula con la formación de capital humano que influye de manera importante en la productividad del trabajo en las organizaciones públicas y privadas y, en forma más general, con la productividad total de la economía. De lo anterior se deriva una significativa consecuencia: educación superior de calidad, mejora la competitividad. Así, el fortalecimiento de la educación superior no puede ser tarea exclusiva de las instituciones formadoras, llámense Universidades, del proceso debe también hacen parte el sector privado y público.

En este orden de ideas, vale la pena señalar algunos esfuerzos que se han presentado en los últimos años, los Comités Universidad-Empresa-Estado; son un buen ejemplo de como al sumar fuerzas las ganancias no se hacen esperar. No obstante, se requiere una política que direccione mejor estas iniciativas particulares, de forma tal que aquello que resulta ser novedoso y salido del molde, se convierta en una directriz que debe ser seguida por los diferentes actores.

Para que dicho objetivo pueda ser desarrollado, y en aras de ahondar en el debate sobre las condiciones necesarias para mejorar la competitividad, sugerimos los siguientes pasos:

1. Continuar con la estrategia de formación postgradual que adelanta Colciencias, apoyando estudiantes y programas de formación doctoral, por ejemplo, donde también se incluyan a los docentes universitarios para que se actualicen y continúen su proceso de formación.

2. Crear estímulos para el desarrollo y mejoramiento continuo de los procesos de formación académica. Desde Colciencias se premia el trabajo investigativo, pero se ha dejado de lado labor académica o de docencia.

3. Vincular activamente el sector privado en el desarrollo formativo de los estudiantes. Al respecto las prácticas profesionales deben ser tanto una obligación como un compromiso expreso de los órganos de dirección nacional de educación.

4. Crear sistemas especializados de trabajo en los cuales se vinculen directamente universidades y sector privado, de modo que se hagan posibles las prácticas, punto anterior, pero también se aprovechen las ventajas de las universidades en materia de investigación.

5. Diseñar estrategias que permitan el ingreso y permanencia de los estudiantes en el sistema educativo. No basta con crear políticas de ampliación de cobertura, sino que se hace necesario trabajar en la retención de los estudiantes en condiciones que garanticen el mejor aprovechamiento del sistema educativo.

6. Desarrollar programas de capacitación, a nivel de pasantías docentes y de investigación en el exterior, dirigidos a los profesores.

7. Impulsar programas extracurriculares en las universidades, a nivel de habilidades y competencias, que permitan preparar a los estudiantes para el mercado laboral desde la experticia y el conocimiento de docentes y empresarios.

Estos elementos se encuentran presentes en diferentes Instituciones de Educación Superior, algunas han trabajado más que otras. Se trata de mejorar lo que actualmente están haciendo algunos, por iniciativa propia, y crear una política de educación superior y competitividad que articule esfuerzos, genere economías de escala y se traduzca en acciones directas.