El objetivo real de un Ministerio de Ciencia y Tecnología: Fánor Mondragón – Dic/18

Por Fanor Mondragón, en el diario El Espectador. Miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas Físicas y Naturales. (MSc, PhD)

La industria que hoy tenemos en Colombia está representada en cerca de 2.500.00 de empresas de las cuales aproximadamente el 95% son microempresas, el 4.7% son pequeña y mediana empresa y el 0.3% gran empresa.  Estas empresas dependen enormemente de los desarrollos científicos y tecnológicos realizados en otros países y en mucha menor proporción de los hechos en Colombia.

Para que nuestra industria sea competitiva a nivel nacional e internacional se necesitan desarrollos innovadores que diferencien sus productos de los ya existentes en el mercado. Para lograr esto, se requiere incorporar procesos, transformaciones, formulaciones, nuevos productos, adecuaciones, etc, que sean basados en conocimiento desarrollado en el país. Si no logramos estos desarrollos, la industria colombiana perderá cada día más competitividad en los mercados mundiales y seremos testigos del cierre cada día de más empresas ya que se aumentará nuestra dependencia de las tecnologías desarrolladas en otros países. 

Según la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF, 2012), Colombia se viene desindustrializando desde 1975 lo cual es producto del bajo valor agregado que le damos a nuestras materias primas y de la falta de innovación.  Hace tres décadas la producción industrial contribuía con el 24% del PIB mientras que para el periodo 2012-2020, si la tendencia sigue igual, la contribución al PIB estaría entre 9-12%.  Este efecto se ve reflejado directamente en disminución del empleo por parte del sector industrial.

En el 2016, el Consejo Privado de Competitividad planteó que la ciencia, la tecnología y la innovación eran los fundamentos para el desarrollo económico del país y para mejorar su competitividad.  Por su parte la OECD recomendó que Colombia debía invertir en sectores diferentes a las materias primas como una forma de generar empleo formal y reducir la alta inequidad que hoy tenemos.  Sin, embargo, en estas y en otras propuestas no se analiza la falta de las estructuras y de recursos que se requieren para que el país tenga un desarrollo basado en el conocimiento. 

Tener un Ministerio de Ciencia y Tecnología por sí mismo no va a resolver los problemas mencionados de baja productividad y baja competitividad de sus productos en los mercados internacionales.  Lo que el ministerio va a hacer es trazar políticas que permitan el desarrollo de las ciencias básicas y aplicadas, las tecnologías, las humanidades y las artes y como consecuencia poder tener innovación.  Al tiempo que se establecen estas políticas se van a crear las estructuras que requiere el país para la transferencia del conocimiento desde las universidades o desde los institutos de investigación a la sociedad.  Para ilustración podemos mirar el caso de un Ministerio de Educación el cual tiene como estructuras para la ejecución de sus políticas las escuelas, los colegios y las universidades. 

Un Ministerio de Ciencia, Tecnología e innovación requiere de solidos institutos nacionales de investigación sectorial, que apoyen las empresas del sector con conocimiento.  Igualmente, para las industrias del futuro se requiere tener los parques universitarios de ciencia y tecnología, que son los espacios a donde se llevan los nuevos desarrollos que salen de las universidades o de los institutos para hacer escalamiento, análisis de factibilidad técnica y económica, se tendrán unidades de incubación de empresas de donde saldrán las spin-off que darán lugar a las empresas del futuro. Los institutos y los parques son espacios donde los técnicos, profesionales, magisters y doctores que estamos formando tendrán oportunidades de trabajar en sus disciplinas.  

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Las ideas aquí presentadas son una visión personal y no comprometen a la Academia de Ciencias