Sobre el doble examen de admisión en la U. Nacional

Víctor Manuel Gómez, observador de este portal y profesor de la U. Nacional de Colombia analiza cómo el Nuevo Sistema de Admisión de su Universidad potencia la polarización entre las carreras de alta y de baja demanda; propone revisar el sistema y discrepa de la afirmación de que la Prueba Saber 11 sea la mejor para el acceso a la educación superior.

 “Ni SABER 11 ni Examen de Admisión de la Universidad Nacional. El subdesarrollo del ‘campo’ de la medición y evaluación educativa"

El 29 el ‘Observatorio de la universidad colombiana’ publicó un artículo titulado: La incoherencia, inconveniencia y sobrecosto de tener una doble evaluación de acceso a la universidad, comentando un aporte del profesor Julián de Zubiría a Semana Educación. En ese artículo se analizan diversos problemas y limitaciones derivados de la existencia de dos pruebas o exámenes de admisión a la educación superior, muy diferentes entre sí, conceptualmente, y que impiden la comparabilidad de resultados. Por un lado, las IES privadas y algunas públicas utilizan la prueba Saber 11 y su correspondencia con Saber Pro, y por otro, exámenes de admisión propios de la Universidad Nacional y de la U de Antioquia, cuyos resultados no son comparables con Saber 11.

No es el objetivo de este texto analizar los argumentos en contra de estos dos diferentes exámenes y sistemas de admisión a la educación superior sino aportar conocimientos sobre la naturaleza del examen de admisión de la U. Nacional y sus efectos negativos sobre la composición del cuerpo estudiantil; el interés, identidad y motivación de admitidos a diversas carreras; la distribución de los más altos puntajes en las carreras de mayor demanda y de los menores puntajes relativos en carreras de menor demanda, y los efectos de lo anterior sobre la calidad de la educación en esta universidad. La base empírica para estas observaciones es un reciente estudio “Examen al nuevo sistema de admisión a la Universidad Nacional”, publicado en Noviembre 2015 en la Facultad de Ciencias Humanas de dicha institución, y cuya versión en pdf se puede consultar haciendo clic aquí.

El Nuevo Sistema de Admisión en la UN

A partir del 2013 se empezó a implementar el llamado Nuevo Sistema de Admisión (NSA), basado en el mismo examen tradicional de conocimientos. Los aspirantes con los más altos puntajes pueden escoger las carreras de su interés, hasta llenar los cupos respectivos (lógica de libre opción en ‘mercado’ de carreras). Los aspirantes con los puntajes siguientes tienen que escoger otras carreras con cupos, independientemente del interés, identidad y motivación del estudiante. Y así, en orden descendente de puntajes hasta llenar todos los cupos disponibles en cada semestre. De esta manera las carreras con mayor demanda se llenan con los admitidos con mayores puntajes; considerados por la UN como los mayores ‘capitales académicos’ ( o ‘pilos’ según el lenguaje popular); y las carreras con menor demanda relativa; independientemente de su importancia y pertinencia social y económica; reciben no solo admitidos con menores puntajes sino en muchos casos sin interés ni motivación por esa área del conocimiento, pero que necesitan conservar el cupo en la UN, cupo altamente selectivo pues en 2015-I la tasa de absorción en la UN en general fue de 10% y de 5.21% en la sede Bogotá.

¿Cuál es la racionalidad de pretender que admitidos con altos puntajes relativos acepten cupos en carreras que no son de su interés, preferencia e identidad? Esta negación de las preferencias personales, subjetivas, en la opción de estudio ¿Cómo puede ser justificada? ¿Qué sucede con los admitidos frustrados en sus aspiraciones? ¿Cuál puede ser el desempeño académico de los estudiantes en carreras que no son de su interés ni preferencia? ¿Cerebros frustrados? ¿Cuáles pueden ser los efectos perversos, negativos, de esta decisión del NSA sobre la deserción, la no utilización de cupos, la concentración de los mejores puntajes en unas pocas áreas de alta demanda, mientras las de poca demanda llenan sus cupos con estudiantes de menores puntajes relativos?

Se conforma así una universidad polarizada, desigual, entre las carreras de alta y de baja demanda. En las primeras, los supuestos capitales académicos más altos, en las segundas los de menor puntaje relativo. Y el problema es que las carreras de mayor demanda son las mejor remuneradas por el mercado, aunque no sean necesariamente las más necesarias y pertinentes para el desarrollo cultural, social y económico de la sociedad. En este sentido el NSA es funcional a la lógica del mercado, la reproduce al interior de la UN y genera así facultades y carreras de primera y segunda clase.

La conformación de esta universidad dividida, polarizada y desigual, corresponde a la percepción generalizada del predominio simbólico, material y de acceso al poder, de áreas como Medicina e Ingenierías, y la subvaloración y relegación de otras áreas como las Ciencias Humanas, las Artes, la Agronomía, entre otras. Es claro entonces que todo sistema de admisión forma parte central de la economía política del poder en las universidades. Conforma el perfil y atributos del cuerpo estudiantil, define sus características sociales, culturales y de origen, y su distribución entre las diferentes áreas del conocimiento y formación. Por tanto, el examen, o criterios, o mecanismos de selección e ingreso a las universidades debe constituir un objeto de estudio interdisciplinario y permanente en las universidades. Esta importante dimensión de la vida universitaria no puede continuar siendo el ámbito cerrado de la psicometría, ni la implementación del Nuevo Sistema de Admisión un asunto de administración y logística.

Estos diversos interrogantes y críticas han sido permanentes en diversos ámbitos de la UN. Ya ha sido mencionado que el NSA no le permite, a muchos estudiantes, la tradicional congruencia entre sus intereses y motivaciones y la escogencia de carrera o área de formación. Esta negación de los factores subjetivos (intereses, motivaciones, proyectos de vida intelectual) en la selección del campo de estudio, ha suscitado numerosos interrogantes sobre la ‘racionalidad’ del NSA, sus objetivos, las razones que llevaron a su implementación y sus posibles efectos negativos o perversos sobre la calidad de la vida académica en programas con alta participación de estudiantes sin interés en el programa, pero que les tocó tomar ese cupo disponible para poder permanecer en la UN. Estudiantes sin interés, motivación ni identidad en el programa pueden afectar negativamente tanto su propio desempeño como el de otros estudiantes en el programa. Por supuesto que esta problemática también afecta el interés pedagógico del docente, enfrentado a estudiantes desmotivados, y algunos, a la espera de posibilidades de traslado al programa de su vocación y referencia.

Otros efectos negativos planteados se han referido a la mayor deserción a partir del segundo y tercer semestre, cuando muchos estudiantes comprenden las dificultades para el traslado al programa de su preferencia y se enfrentan al dilema de continuar en el programa que les tocó o retirarse en busca de nuevas oportunidades. Igualmente importante es el efecto sobre el no uso de matrícula en admitidos a programas diferentes a su interés y vocación y que deciden no matricularse, aunque pierdan el cupo (gráfica 18). En caso de aumentar este fenómeno del no uso de matrícula, a partir de la implementación del NSA, habría que evaluar la pérdida de cupos, la no utilización de estos cupos por otros estudiantes que pierden esta oportunidad, y la dimensión económica de estos cupos no tomados, en relación con los costos fijos de funcionamiento de los programas, la capacidad instalada no utilizada y programas con baja matrícula.

Por otra parte, es importante desmitificar el imaginario (o ilusión?) de que el Examen de Admisión a la UN es un medio eficaz y objetivo –además de socialmente neutro- de seleccionar los mayores ‘capitales académicos’ o ‘pilos’. En realidad los puntajes dependen de aquellos aspirantes que ingresaron al examen con las mayores ventajas comparativas, como egresados de colegios con mayor intensidad en la preparación o entrenamiento para las pruebas estandarizadas de papel y lápiz, y quienes pudieron pagar los costosos programas Pre-Unal que rodean el campus. ¿Corresponden los mejores puntajes a admitidos con alto nivel de desarrollo de sus competencias intelectuales generales: conceptualización, síntesis, abstracción, argumentación razonada? ¿O a la preparación o entrenamiento para el examen de la UN? Un estudio pendiente es el análisis de correlación entre los mejores puntajes y el posterior desempeño académico.

En la experiencia internacional es claramente reconocida la importancia creciente de la industria de preparación o entrenamiento para los exámenes. En Japón, por ejemplo, muchos estudiantes que no logran obtener la admisión en la institución preferida lo intentan de nuevo los siguientes años y, por lo general, se dedican a tiempo completo al proceso de preparación en escuelas privadas conocidas como yo biku. Estos estudiantes se conocen comúnmente como ronin, o sin dueño samurái (Freedle, 2003). También en Estados Unidos se ha venido presentando la aceleración de los test-prep service, que según Atkinson y Geiser (NYT, 4 de mayo de 2015) aparecen dada la ansiedad generada por la importancia del Scholastic Aptitute Test (SAT) en la inserción a la vida universitaria, lo que presenta una desventaja grande para los evaluados que no tienen la posibilidad de acceder a estas costosas instituciones de entrenamiento.

Sesgo de género en el examen de admisión de la UN

El fenómeno de masculinización de la población estudiantil en la UN no es atribuible al NSA pues es una tendencia de larga data.

– Desde la década anterior ha aumentado la tasa de absorción de aspirantes hombres sobre mujeres, a pesar de porcentajes similares de composición de los aspirantes (Gráficos 11, 12 y 13). Actualmente la tasa de absorción es casi el doble en aspirantes hombres que mujeres (12.18% vs. 6.3%). El porcentaje de admitidos hombres es de 64.6% y el de mujeres de 35.5%.

– En la sede Bogotá, la tasa de absorción en 2015-I es de 7.25% para hombres y 3.29% para mujeres (Gráficos 14).

– En la Facultad de Ciencias Humanas, en 2010-I el porcentaje de admitidos hombres era el 64.5%, 35.5% mujeres, en 2015-I el porcentaje de hombres aumentó a 66.98% y el de mujeres disminuyó a 33.02%.

Esto evidencia un sesgo de género en el Examen de Admisión a la UN, no atribuible a la implementación del NSA (2013-II). El análisis de este sesgo requiere un estudio detallado de los diversos temas, o áreas del saber, que componen el Examen y el desempeño relativo de las mujeres en estas diversas áreas del Examen.

 

 

 

Tres importantes implicaciones del análisis aquí presentado:

a) La necesidad de definir y formalizar como objeto de estudio interdisciplinario permanente las pruebas y requisitos de admisión a la educación superior, en todas las instituciones y modalidades de formación. El sistema de admisión no es una función objetiva, socialmente neutra y meritocrática, sino un componente central de la manera como las instituciones se conforman a sí mismas: en la composición social y cultural del cuerpo estudiantil, en las competencias y/o conocimientos seleccionados para el ingreso, en la organización jerárquica interna de profesiones y disciplinas. La problemática compleja, y de importantes efectos sociales y académicos, del proceso de admisión a la educación superior, no puede ser reducida al ámbito cerrado de la psicometría.

b) El sistema de admisiones a la Universidad Nacional debe ser revisado críticamente por las razones aquí expuestas. Debe también cuestionarse la racionalidad de un único instrumento o prueba de selección. ¿Cuántos candidatos altamente cualificados para determinadas áreas de formación no han podido ingresar a la UN por no lograr altos puntajes en una única vara o medición? ¿No es esto un desperdicio de altas competencias académicas diferentes a las medidas en el examen de la UN? ¿Por qué definir como capital académico los altos puntajes en una sola prueba? ¿No es esto una verdadera ‘mitificación’ del examen de la UN, que nunca ha sido sometido a examen crítico? ¿Cuál es el efecto del ‘entrenamiento’ pre-Unal en los resultados?

¿Cómo se comparan los puntajes del examen de la UN con los de Saber 11? Esta comparación es necesaria por tres razones; para comprender las diferencias y sus efectos respectivos en los puntajes, lo que constituye una modalidad de evaluación del examen UN que nunca se ha mirado en el espejo de otras pruebas; para establecer mediciones comparativas de predictibilidad de desempeño académico entre ambas pruebas, lo que redunda en beneficio de ambas; y para contribuir así al debate teórico y metodológico sobre las diversas dimensiones sociales, culturales y políticas de el examen de admisión a las universidades colombianas.

c) Tampoco es evidente, como supone el profesor de Zubiría, que la prueba Saber 11, del ICFES, sea una mejor prueba de admisión a la educación superior. Reconociendo los méritos y logros del ICFES en el tema de ‘medición y evaluación’ en educación, es necesario relievar el gran subdesarrollo conceptual y metodológico del ‘campo’ intelectual de la medición y evaluación, en este país. En gran medida atribuíble al monopolio estatal, burocrático de este ‘campo’ intelectual por el ICFES, en lugar de su desarrollo conceptual y metodológico en diversas universidades. Ningún ‘campo’ del saber se desarrolla, renueva e innova en condiciones de monopolio estatal (o privado). El conocimiento exige emulación, contraste entre diversos conceptos y metodologías, iniciativas diversas de actores diferentes, libre examen y debate, fortalecimiento de unidades académicas independientes del Estado y la política, nada de lo cual se da en este importante tema en Colombia.

En lugar de monopolizar el desarrollo de las pruebas educativas, la función del ICFES, en razón de su misión institucional, debería ser la promoción y estímulo al desarrollo de una comunidad académica nacional especializada en el ‘campo’ de la medición y evaluación en educación, que pueda en el próximo futuro ofrecer innovaciones conceptuales y metodológicas en este importante tema, una de cuyas dimensiones es la admisión a la educación superior.