Lectura recomendada: Una financiación de la educación superior en Colombia para la movilidad social

Enero 22/17 Publicación de la Alianza Compartir - Fedesarrollo, con la investigación de Susana Martínez-Restrepo, María Cecilia Pertuz y Juan Mauricio Ramírez, sobre las diferentes alternativas que Colombia ofrece para la financiación de la educación superior versus la existente en otros países, y analiza qué posibilidades tiene el país para dar más recursos públicos a la educación superior (pues el 57.4% la cubren los hogares), aun cuando sus retornos privados son considerables.

La educación superior es, claramente, un instrumento para aumentar la movilidad social. Los egresados de este nivel educativo tienen mayores ingresos, menor desempleo y menores tasas de informalidad que aquellas personas que sólo terminaron la educación media (bachillerato). Por ejemplo, mientras que la tasa de informalidad laboral es del 43% para las personas de 22 a 29 años con educación media, para aquellos con educación superior es sólo del 12% (ENCV, 2013). La tasa de desempleo es de 14% y 9% respectivamente, y los ingresos laborales mensuales son en promedio de $448.000 y $1.469.508 (ENCV, 2013).

Sin embargo, tener simplemente un grado de educación superior no es suficiente. Para que la educación superior logre ser un verdadero instrumento de movilidad social es necesario garantizar:

1) Acceso: Un mayor número de estudiantes de los estratos socioeconómicos más bajos (por ejemplo SISBEN 1 y 2) deben poder ingresar a la educación superior. Actualmente, menos del 10% de los estudiantes son de estratos 1 y 2, y se concentran principalmente en niveles técnicos y tecnológicos (Sánchez & Otero, 2012). La financiación de la educación superior debe incluir modelos para garantizar esta equidad en el acceso, e igualmente en la permanencia.

2) Permanencia: Para lograr una mayor movilidad social, la deserción no puede estar relacionada con el nivel socioeconómico del estudiante. Actualmente, entre quienes desertan, cerca del 50% pertenecen a familias con menores ingresos (menos de 2 salarios mínimos) (MEN, 2010), lo que sugiere que existe una relación directamente proporcional entre los costos de matrícula y de sostenimiento, y la deserción.

3) Calidad: Las IES deben garantizar una formación de calidad. Actualmente, sólo el 11% de las IES en Colombia están acreditadas en alta calidad. De éstas, el 79% son universidades, y sólo un 21% son instituciones tecnológicas e instituciones universitarias, es decir, que muy pocas instituciones técnicas profesionales tienen acreditación (CNA-SNIES, 2015). La financiación de la educación superior debe incluir incentivos para que la calidad de las Instituciones de Educación Superior públicas y privadas mejore, con el fin de alcanzar mayores niveles en acreditación de IES y de Programas.

  • 4) Indicadores laborales: Por último, para lograr una mayor movilidad social, los egresados de la educación superior deben tener suficientes retornos a la educación, que les garanticen ingresos suficientes para pagar sus créditos educativos, y mejorar su estilo de vida, en comparación con sus padres. Actualmente, un egresado de un nivel universitario de estrato 1 y 2 gana $2.333.509, en comparación con uno de estrato 4 ó 5, que gana en promedio $2.783.858 (Martínez-Restrepo & Rodríguez, 2015). El nivel de endeudamiento tiene como morosos actualmente a más de 150.000 egresados de la educación superior en Colombia, que no pueden realizar los pagos de sus créditos educativos (El País, 2015).

Los estudiantes de diferentes niveles socioeconómicos que acceden a educación pública de calidad en primaria y secundaria, deberían poder llegar a la educación superior pública y privada y de calidad, y recibir los mismos retornos a la educación según sus áreas de especialización y experiencia.

Uno de los debates actuales sobre la movilidad social en estudiantes de bajos ingresos, y acerca de la financiación de la educación en Colombia se centra entre los defensores y los detractores de “Ser Pilo Paga”. Sin evaluar aún si el Programa cumple sus objetivos o no, el tema es que, si sirve, actualmente sólo mejora la situación de acceso a la educación superior de un 2% de los estudiantes (Wasserman, 2016).  

Por consiguiente, el debate en torno a la equidad en el acceso y la permanencia en la educación superior no debe centrarse solamente en la viabilidad o pertinencia del programa “Ser Pilo Paga”. En cambio, dicha discusión se debe llevar a cabo en Colombia en torno a la creación de un sistema de financiación de la educación superior que permita a más estudiantes de bajos ingresos beneficiarse de este nivel educativo, y lograr mejores ingresos y una mayor movilidad social. Su importancia radica en que las características de la financiación de la educación básica, media y superior de un país, están altamente relacionadas con la movilidad social de sus ciudadanos.

Con tal fin, el documento analiza primero cómo se financian los sistemas de educación superior en Colombia y en varios países de la OECD, quién se beneficia de los fondos públicos en la educación superior en Colombia, y qué opciones de financiación de la educación superior tiene Colombia.

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