Lectura recomendada: Reflexiones de un rector. Academia, política y sociedad

Enero 22/17 Luis Enrique Arango Jiménez fue rector de la Universidad Tecnológica de Pereira por 14 años (2000-2014), tiempo en el que la acreditó institucionalmente y fue líder del Sistema Universitario Estatal -SUE-, desde donde siempre fue defensor de los compromisos del Estado con la educación pública, convirtiéndose -tal vez- en el rector con más reconocimiento en el sistema. Para no repetir errores en el sistema de educación superior, vale la pena retomar su experiencia, recogida en 82 artículos y discursos.

Arango sienta posición sobre su visión de la Universidad y la comunidad académica; la ciencia, la tecnología y la innovación; la educación para el desarrollo, calidad y competencia; la equidad social y la responsabilidad social universitaria; la ley, la política pública y las reformas educativas; la financiación y los recursos para la educación; los procesos globales y la educación, y otros temas de coyuntura.

Perspectiva de la educación superior en Colombia como estrategia de política social

Como un abrebocas de lo que presenta el libro, El Observatorio reproduce el discurso pronunciado por Arango en mayo de 2010, con un diagnóstico de la situación del sistema en momentos en que se proyectaba, por el Gobierno Nacional, una reforma a la educación superior -Ley 30- que 7 años después de ese momento no se ha dado. Comparar lo descrito por el entonces rector con lo que pasa hoy, nos permite evaluar qué tanto hemos avanzado

El siguiente es el texto:

Pese a los avances y grandes esfuerzos hechos en el país en los últimos años, según el último informe del Dane, fresco aún en los titulares de prensa, en Colombia viven todavía 19,9 millones de habitantes en la pobreza y 7,2 millones en la indigencia; la línea de pobreza es del 45,5 por ciento y la indigencia es del 16,4 por ciento; la pobreza entre los habitantes del campo llega al 64,3 por ciento, lejos del promedio nacional; seguimos siendo uno de los países más desiguales del mundo y el de mayor concentración de la riqueza rural en América Latina. Si a esto sumamos los precarios indicadores sociales, bien conocidos, en salud, atención a la infancia, drogadicción, narcotráfico, violencia, para no mencionar sino algunos, no se requiere más para argumentar la inmensa deuda social que aqueja al país.
 
Cabe entonces preguntarnos ¿cuál es la perspectiva de la educación en Colombia cómo estrategia de política social? Un asunto de gran dificultad dado el carácter complejo de la problemática envuelta, pero que hay que atreverse a abordar.
 
Vamos a aventurarnos, reconociendo lo polémico que puede ser, a plantear un cambio de enfoque de las políticas públicas de nuestro sector, mutando hacia las grandes problemáticas de la sociedad; no solo como soporte del modelo de desarrollo, sino como líder de un cambio en el desarrollo humano, basado en una sociedad y economía del conocimiento. Ello forzosamente implica hacer evidentes las líneas de política que exigen esfuerzo hacia los impactos sociales del sistema del conocimiento, es decir, definir nuevos resultados que cambien radicalmente el tipo de sistema en que nos movemos. Es aquí donde está el gran reto de transformación del sector del conocimiento: alinearse con los temas del desarrollo social, ser líder en la gestión de una sociedad basada en el conocimiento, modificar sus apuestas de resultados. Deberá aparecer en consecuencia la gestión del conocimiento en impactos medidos a partir de variables como: empresas de base tecnológica creadas, patentes comercializadas, transferencia del conocimiento a empresas, apropiación social de la ciencia, políticas públicas, innovación social, creación de cultura 
del emprendimiento, liderazgo en el desarrollo regional, calidad del sistema de clase mundial, responsabilidad social; en esencia, hay que descentrar la educación superior de la formación y la productividad interna para trascender a los efectos sociales a partir del conocimiento.
 
Sin lugar a dudas, la educación en todos sus niveles, con sus complementar del saber y el conocimiento, deben trascender del modelo con enfoque gerencial de capacidades y resultados internos y de apoyo al modelo de desarrollo, y entrar a una autotransformación a fondo, basada en el liderazgo para la construcción de un nuevo modelo de desarrollo, con base en lo que se ha denominado la sociedad y economía del conocimiento. Es decir, el sector no debe ser actor pasivo del desarrollo sino gestor de una nueva sociedad, que en el largo plazo logre transformarla, acortando así la deuda social que nos agobia, estableciendo una nueva ruta de proyección de la nación en la cual se involucren activamente todos los ciudadanos.
 
Naturalmente que no se trata de desconocer lo hecho, hay que reconocer el avance de la educación superior colombiana: ha habido un gran salto en la cobertura que logró elevar el número de matriculados de un millón, a un millón quinientos setenta mil cupos en educación superior, lo que significa pasar la tasa de cobertura del 24,4 por ciento en 2002 a un 34,8 por ciento en 2009; como nunca antes, se han incorporado en la agenda del ministerio esfuerzos por la calidad; se han creado programas de apoyo al sector para fortalecer sus capacidades institucionales, el sector ha pasado del 4,28 por ciento al 4,51 por ciento del pib en inversión; en esta misma línea se avanza en la regionalización de la educación superior a través de los Ceres, en el fortalecimiento de los procesos de seguimiento a graduados de las Ies a través del observatorio nacional de la educación (OLE), en el apoyo a estrategias para disminución de la deserción y del sistema de información Spadies, en el mejoramiento del sistema nacional de información para la educación superior SNIES, en el mejoramiento del sistema de universidades públicas SUE en cuanto a la eficiencia en la gestión a través del modelo de indicadores de gestión SUE, se ha presentado además una reforma a la Ley 30/92 con el fin de garantizar una parte de los recursos que el sector requiere; para mencionar solo algunas de las cosas más relevantes que hay que mantener y profundizar.
 
El enfoque basado en cobertura, calidad y eficiencia del sector, que han sido los objetivos de este inicio de siglo, han dado resultados y deben ser un paso obligado para pensar en una nueva perspectiva sectorial que se focalice y se oriente hacia impactos reales en los indicadores sociales asociados al conocimiento. Una tarea compleja pero que hay que empezar a abordar.
 
También es justo reconocer que la institucionalidad viene avanzando en el proceso de consolidar mecanismos que facilitan el conocimiento tecnocientífico: se ha planteado la necesidad de incorporar otras zonas de desempeño del sector a través de mayor exigencia a los grupos de investigación de excelencia, avance en patentes, registros de propiedad intelectual, apoyo a la regionalización, fortalecimiento de los Codecyt, además la reciente ley de Ciencia Tecnología e Innovación que transforma a Colciencias en un departamento administrativo, dándole mayor rango y la creación del fondo autónomo Francisco José de Caldas como mecanismo de financiación, decisiones que abren un horizonte promisorio. Igualmente se percibe el deseo de alineamiento hacia la agenda de competitividad nacional como base del modelo económico, es así como las alianzas estratégicas educativas impulsadas por el Ministerio de Educación Nacional, que amplían cobertura, surgen de la agenda interna de competitividad, ofreciendo programas que apalancan al sector productivo, así mismo son los esfuerzos por focalizar las agendas de investigación en todos sus modos hacia los sectores de clase mundial liderados por Colciencias.
 
Los anteriores esfuerzos se justifican porque pretenden soportar el modelo de desarrollo económico, pero pueden abrigar en su interior cuestionamientos a la luz de los resultados sociales del mismo, al menos para afirmar que hay que ir más rápido. Además hay evidencia de que el modelo en varios de sus componentes termina siendo recesivo y que posibilita la trasferencia de recursos hacia sectores que no tienen una agenda clara de impacto social. Por ello es que decimos que la educación, el conocimiento, el saber y la cultura, con sus sistemas e instituciones, deben jugar un rol más activo y protagónico; haciendo visibles sus resultados en el aporte al desarrollo de la sociedad.
 
Claro está que el nuevo enfoque propuesto, con énfasis en resultados de impactos que mueven la agenda pública hacia la solución de los problemas sociales, requiere el reconocimiento de que la educación superior no es solo un problema del gobierno nacional ni de las instituciones asociadas al conocimiento, es de toda la sociedad; todos los agentes públicos y privados deben concurrir. En particular los entes territoriales deben asumir compromisos en términos de ampliación del acceso y retención de sectores en debilidad; como también servir de impulsores de la ciencia, la tecnología, la innovación. 
 
El llamado a la creatividad, a la innovación al emprendimiento, a la creación artística, a la investigación, a la ciencia, a la educación debe contagiar a la sociedad en todas instancias y a los niños desde temprana edad. Ello requiere de un gran pacto social por el conocimiento como factor de transformación social.
 
Como hemos visto, se requiere entonces de una nueva perspectiva de la educación; pero ella necesita de una movilización de la sociedad para que sea partícipe de ese cambio; nos referimos a que el conocimiento debe ser una bandera general, debe aparecer explicita en todos los planes de las organizaciones, en todos los territorios, en todas las formas de actuación social, en los programas de los partidos políticos, en las agendas de los mandatarios locales; llegó el momento de hacer un cambio en las prioridades de la agenda pública, de la maximización de los beneficios internos, hacia un concepto que los incorpore en una nueva lógica, la de la sociedad y economía del conocimiento.
 
En este orden de ideas, creemos que la perspectiva de la educación en Colombia, como estrategia de política social, implica por lo menos lo siguiente:
 
En primer lugar, incrementar radicalmente el avance sobre las capacidades y monitorear la productividad sectorial; en el campo educativo hay metas a cumplir por ejemplo: cobertura del 50 por ciento en el 2019 en todos los departamentos, incremento de la calidad expresada en las Pruebas Saber, Ecaes , Icfes y Pisa, incremento de los años de escolaridad a 10,6 años, mejoramiento de la pertinencia de programas, bilingüismo, y toda la batería de metas e indicadores del Plan de desarrollo al II centenario proyectado por Planeación Nacional. Aquí vale la pena ahondar en algunas reflexiones:
 
El sistema educativo debe concebirse de manera articulada como un continuo desde preescolar hasta educación superior. Los procesos de articulación entre la educación media y la superior deben profundizarse. Los programas de articulación para formación técnica en marcha desde las alianzas para la formación técnica y tecnológica, financiadas por el gobierno, deben fortalecerse del lado de la formación directa en las Ies; el segundo año de la técnica, que está a cargo de las instituciones de educación superior debe ser apalancado financieramente para que los estudiantes articulados puedan finalizar exitosamente y no quede la tarea a mitad de camino.
 
Un factor clave es el Sena, que según las metas del actual gobierno va a responder por el 45 por ciento de la ampliación de cupos de aquí al 2019 (229.626/495.681), el Sena tendrá más estudiantes que las universidades públicas y que las universidades privadas para el 2019 (665.761/543.197). El carácter de institución de educación superior del Sena es incuestionable, es imperioso avanzar en la articulación del sistema Sena con el Sistema de Ecuación Superior que está desprendido. Se requiere una mayor coordinación entre el Sena y el Men. No obstante que el Sena tiene su propia autonomía para hacer ofertas académicas formales debiera pasar por el sistema de calidad de manera masiva no a cuenta gotas; algo similar a lo que hizo la Universidad Nacional cuando resolvió someter a acreditación voluntaria sus programas y la misma institución como un todo. Nadie duda del valor estratégico de la formación del Sena pero la falta de movilidad de sus egresados por el Sistema de Educación Superior colombiano es un desajuste inmenso.
 
Por otro lado, las metas de formación Universitaria en contraste con la técnica están relativamente bajas, menos del 20 por ciento de crecimiento de la matrícula en cada sector durante en 9 años hasta el 2019, (88.298 / 454.908) en la universidad pública y (80.660/523.647) en la privada. Definitivamente hay espacio para crecer si se privilegian programas estratégicos, a través de apoyos y subsidios, este cuestionamiento a las metas universitarias puede mantener la estrategia de ajustar la pirámide del conocimiento fortaleciendo la técnica, pero sin restringir el avance de las universidades sobre todo en Ciencias Básicas y en programas agropecuarios. Las Universidades por lo demás debieran hacer mayores esfuerzos para involucrarse en la formación técnica.
 
El Icetex ha demostrado ser un poderoso instrumento para facilitar el acceso de los sectores en debilidad; actualmente tienen crédito el equivalente al 20 por ciento de los estudiantes de las universidades privadas, pero el crédito Acces solo puede atender menos del 50 por ciento de la demanda aprobada; hay espacio para duplicar los créditos, el Gobierno debiera capitalizar el Icetex para duplicar su capacidad créditos. Además hay todavía capacidad instalada en las universidades y voluntad de crecimiento, sobre todo si replanteamos el concepto y la base sobre las que se miden las coberturas que solo incluyen cifras entre los 17 y 21 años, está claro que hay un inmenso campo de crecimiento y de cambio en la política pública educativa si hablamos de educación superior universal, este nuevo enfoque sería la base para entrar de manera más decidida en una sociedad y economía del conocimiento al incorporar a este reto a una gran masa de la población.
 
Hay que trascender del concepto de bienestar universitario y extensión a un concepto de responsabilidad social universitaria que comprende a toda la sociedad, lo uno no excluye a lo otro pero lo social en las universidades debe cobrar un nuevo sentido; los problemas de las sociedad deben aparecer en las agendas universitarias con mayor visibilidad por ejemplo el cambio climático, la pobreza y sus conexos.
 
Y en segundo lugar, esta nueva perspectiva implica hacer evidentes las líneas de política que exigen esfuerzo hacia los impactos sociales del sistema del conocimiento, es decir definir nuevos impactos que cambien radicalmente el tipo de sistema que tenemos y es aquí donde está el gran reto de transformación del sector del conocimiento, alinearse con los temas del desarrollo social, ser líder en la gestión de una sociedad basada en el conocimiento, y modificar sus apuestas de resultados.
 
Para concluir, se ha mostrado aquí que el país acusa una gran deuda social que el modelo de desarrollo hasta ahora no ha logrado saldar. Estamos en la sociedad y economía del conocimiento y como tal las Universidades y los centros de conocimiento deben alinear su actuación a esta realidad. El sistema de educación, Ciencia, Tecnología e Innovación ha tenido avances significativos, pero ha estado enfocado primordialmente en su fortalecimiento interno, usando resultados tradicionales propios de los países del tercer mundo. 
 
Este modelo de gestión del sector fue necesario pero a todas luces hoy limitado; por lo tanto, en esta línea de pensamiento se propone un giro radical del sector, para que pase a ser el líder de un modelo de desarrollo basado en la sociedad y economía del conocimiento, lo que implica incremento de la inversión pública y privada en el sector, pero sobre todo un alineamiento del mismo con los temas del desarrollo regional y nacional, con resultados y mayores niveles de impacto.
 
Es evidente además que los recursos del Estado trasferidos tanto a la educación superior como la financiación de Ciencia, Tecnología e Innovación son insuficientes. El debate presidencial debiera ser un escenario propicio para ventilar estas cuestiones y motivar los ajustes de política que el sector requiere.

 

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