¿Es Uniandes una institución soberbia y prepotente?

Marzo 13/17 Según la Academia de la Lengua, Soberbia es la "satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás"; y Prepotencia refiere a la actitud de quien "abusa de su poder o hace alarde de él".

Para muchos otros rectores y académicos, la manera como la U. de Los Andes se relaciona con el sistema educativo es muestra de soberbia y prepotencia. Unos dicen que es comprensible por sus logros académicos y posicionamiento; y para otros esa falta de humildad no es propia de la academia. "Los Andes falla cuando a veces parece olvidar que la misión de una universidad no es la de generar o garantizar estatus", ha dicho la polémica profesora Carolina Sanín.

Sanín ha traído a la palestra pública un interesante debate en torno del compromiso de una universidad, como Los Andes, frente a su propia comunidad académica y lo que la sociedad espera de ellas.

Se habla de Los Andes, porque entre la opinión pública es la que tiene mayor reconocimiento, no solo avalado en los más altos costos de matrícula de la universidad colombiana, sino porque allí se han formado un significativo número de gobernantes, dirigentes y empresarios colombianos, y junto con la Nacional, son las dos que mejor se posicionan en los rankings mundiales por Colombia.

Pero esta actitud de callar mientras recibe beneficios del Estado (entre otros, los contratos con Mineducación y la mayor inversión de Ser Pilo Paga, programa creada por ella misma), no participar en los debates propios para los intereses de la mayoría del sistema de educación superior, sólo reunirse con aquellas que le son similares, e inclusive no asistir a reuniones del sector para no sentarse en la misma mesa con IES "inferiores" (recuérdese, por ejemplo, que Uniandes no hace parte de ASCUN, pues no ve con buenos ojos que allí participen universidades que no tienen su mismo nivel), alimenta esa percepción.

Algunas otras pocas universidades privadas de élite podrían acompañar a Uniandes en este estilo de gestión, especialmente visto en Bogotá, en donde es muy difícil reunir su gran variedad de IES para trabajar en equipo, a diferencia de otras ciudades, como Medellín, Bucaramanga o la Costa Caribe, en donde hay una envidiable integración de IES, independientemente de sus públicos, acreditaciones y condiciones socioeconómicas.

El dedo en la llaga

Más allá del análisis sobre la prudencia y legalidad de las conductas de la hoy ex-profesora de Los Andes, Carolina Sanín, en su pelea con esa institución, su entrevista con la periodista Cecilia Orozco Tascón, para El Espectador (leer el texto completo), pone al descubierto temas que han sido de recurrente conversación por los académicos en espacios cerrados:

- ¿Hasta dónde llega la libertad académica de un profesor para hacer comentarios sobre la IES en la que trabaja?

- ¿La Universidad defiende los intereses de un grupo de estudiantes por encima de los de uno de sus profesores?

Algunas afirmaciones, de Sanín, para la reflexión:

* "Los profesores universitarios no pueden tener mayores restricciones que otros ciudadanos para ejercer su libertad de expresión. Un profesor universitario que limite su libertad para no causar descontento está actuando irresponsablemente como educador. Un profesor tiene que decir lo que sabe, todo lo que sabe. Su oficio es mostrar. Por otra parte, una de las preguntas que mi caso suscita es si la carrera académica excluye la posibilidad de ser un intelectual público o un artista que se exprese de distintas maneras en distintos medios y que exprese su personalidad. Es gravísimo que la respuesta sea que sí, pues aísla a la academia y la vuelve autocomplaciente y meramente técnica".

* "Ha quedado lesionada la libertad de los profesores y ha quedado en entredicho el deber que tiene la academia de leer conscientemente. Me parece que es lamentable que la universidad, donde supuestamente se aprende a comprender y a analizar contenidos, no haya demostrado, al decidir mi caso, el criterio, el razonamiento, la capacidad de lectura y la habilidad de juzgar con proporcionalidad y de dialogar que se supone que les enseña y les exige a sus estudiantes. Adicionalmente, al despedir a un profesor por publicar ciertos textos en las redes sociales, se ha comportado como cualquier empresa comercial y no como lo que es, un centro de producción de contenidos diversos que deben incluir la autocrítica".

* "Creo que los Andes ha sido una gran universidad y que su grandeza no se define por el poderío de sus directivos, sino por lo mejor de sus profesores y sus estudiantes. Me preocupa verla afectada por la falta de autocrítica y por el automatismo. Entre otras cosas, los Andes falla cuando a veces parece olvidar que la misión de una universidad no es la de generar o garantizar estatus. Falla cuando confunde sumar (edificios, locales comerciales, posgrados, dinero, excesivos créditos que los estudiantes toman) con crecer. Falla en la rigidez de su estructura jerárquica y en la casi nula participación que tienen los profesores en su gobierno. Falla cuando aspira a parecerse a ideas que tiene de universidades extranjeras descuidando la construcción de su identidad. Falla en la soberbia que demuestra con respecto al país donde se encuentra. Pero es poderosa".

Finalmente, Sanín anunció que solicitará a la Corte Constitucional la revisión de la tutela que primera ganó y luego perdió con Uniandes; y que en caso negativo recurrirá a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

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A este Observatorio le complacería tener una reflexión de la propia Universidad sobre su rol frente a sus IES pares y su responsabilidad con la formación de colombianos y sus actuaciones. 

Ojalá llegue, porque para el Diario El Espectador se negó a hablar del tema.