Estas son las cinco mujeres que lideran la investigación en importantes universidades

Sept 2/17 La Revista Cromos ha dedicado un reportaje a Leonor Botero, directora general de investigación de U. La Sabana; Silvia Restrepo, vicerrectora de investigación de Los Andes; María del Carmen Vergara, coordinadora de Investigación de la Autónoma de Manizales; María Patricia Arbeláez, vicerrectora de investigación de la Universidad de Antioquia; y Diana Velasco, directora de investigación e innovación del Rosario, en el que resalta sus cualidades y compromiso con la academia y la inevstigación en el país.

El siguiente es el informe, de la periodista Lisbeth Fog Corradine:

Se ven radiantes, seguras, como si hubieran ganado el Oscar (o el Nobel). Son algunas de las mujeres que, desde las universidades colombianas, hacen posible que los científicos puedan dedicarse a investigar, a pensar, a producir nuevo conocimiento. En sus cargos como vicerrectoras o directoras de investigación, lo que buscan es, en últimas, generar las condiciones para que los grupos científicos produzcan resultados que combatan la pobreza, mejoren la salud o descifren las amenazas que enfrentan los cultivos que alimentan a la humanidad. Quizá lo que más llama la atención de ellas es su vocación de servicio: más que un buen salario, les interesa aportar al desarrollo del país.

Dedicadas y comprometidas con sus responsabilidades, al conversar con ellas se contagia esa necesidad que sienten de lograr una mejor calidad de vida para todos y un desarrollo económico pujante, basado en reconocer problemas y pensar en posibles soluciones.

Permanentemente hacen propuestas, toman decisiones y diseñan políticas y lineamientos para promover y facilitar el estudio, la investigación científica y el desarrollo de nuevas tecnologías. Crean ambientes innovadores y siembran en los jóvenes el espíritu de la curiosidad.

Doctoras todas ellas, enfrentan los retos que plantea hacer investigación en un país que tiene las condiciones, pero le falta decisión. Y lo hacen desde la Universidad de Antioquia, la Autónoma de Manizales, La Sabana, Los Andes y el Rosario.

¿Por qué están donde están?

Por su capacidad de gestión, pero por supuesto, porque son científicas destacadas en sus campos. María Patricia Arbeláez, vicerrectora de investigación de la Universidad de Antioquia, es médica cirujana y epidemióloga; María del Carmen Vergara, coordinadora de la Unidad de Investigación de la Autónoma de Manizales, es odontóloga; Leonor Botero, directora general de investigación de La Sabana, estudió Ciencias Marinas; Silvia Restrepo, vicerrectora de investigación de Los Andes, es bióloga y fitopatóloga; y Diana Velasco, directora de investigación e innovación del Rosario y experta en políticas públicas de ciencia, tecnología e innovación, se formó como antropóloga e ingeniera. Tienen en común la pasión por la observación, la búsqueda y el análisis con el fin de encontrar soluciones, así como el convencimiento de que para conocer y descubrir es necesario gestionar las condiciones para que los investigadores tengan tiempo y espacio para pensar.

Dedican sus esfuerzos a animar a los científicos para que propongan buenos proyectos, los apoyan en la consecución de recursos financieros, ponen a su disposición oportunidades de actualizarse donde están los mejores a nivel mundial y se quiebran las pestañas por lograr que sus universidades cada vez estén mejor posicionadas en innovación. Aseguran que cada vez se fortalece más la cultura de la investigación en las diferentes disciplinas científicas, lo cual se refleja en el aumento de publicaciones de calidad. “No se trata de publicar por publicar, sino de hacerlo para que me lean, para impactar, para avanzar en el conocimiento”, afirma Restrepo, de Los Andes. Y lo confirma Botero, de La Sabana: “En el 2005, la Universidad tenía 35 artículos publicados en revistas ISI y Scopus en toda su historia, actualmente publicamos 160 artículos anuales en esas revistas”.

También hablan del aumento en el número de grupos de investigación en las instituciones, que cada vez alcanzan una mayor clasificación por parte de Colciencias; y de la diversificación de las entidades que los financian, que van desde empresas hasta fondos de carácter internacional. “Tenemos una fuerte alianza con empresas del sector alimenticio para investigación en procesos agroindustriales y de tecnología de alimentos”, dice Botero, que tiene impacto directo en las empresas y en los consumidores. “A mí me da gusto decir que tenemos convenios funcionales y estratégicos con organizaciones extranjeras”, añade Restrepo.

La mayoría de ellas ha continuado investigando en sus respectivos temas, aunque el ritmo, indiscutiblemente, ha bajado. Arbeláez estudia la tuberculosis en la infancia, desarrolla políticas de control de esa misma enfermedad y trabaja en la formación de estudiantes de maestría y de doctorado. Restrepo se dedica a la biotecnología aplicada a la agricultura. Velasco centra su atención en las políticas públicas relativas a la ciencia, la tecnología  y la innovación. Vergara está interesada en lo que se vincule con la juventud.

Extrañan esa rutina de formular hipótesis y tratar de encontrar, desde diferentes enfoques, la respuesta que la compruebe. Casi todas responden que volverán a sus indagaciones y análisis cuando dejen sus cargos. “La investigación ya es parte de mi historia de vida –dice Vergara, de la Autónoma de Manizales–. Se ha convertido en un estilo de vida; siento que me ayuda a tomar mejores decisiones”. Y, como es odontóloga, además atiende pacientes en su consultorio particular y está permanentemente actualizándose para mantenerse vigente.

¿Mujeres que lideran la investigación en las universidades?

Estas cinco colombianas no son las únicas que han asumido los destinos de la investigación en sus instituciones, pero, de alguna manera, han sido pioneras. Botero es la que más tiempo lleva en esta posición (14 años), seguida de Vergara, quien ocupa el cargo desde el 2008. Arbeláez fue la primera decana de la Facultad Nacional de Salud Pública y es la primera vicerrectora de investigación en la Universidad de Antioquia, donde lleva más de dos años.

Nignuna tiene quejas frente a su condición de mujeres y, aunque algunas consideran que, en ocasiones surgen posiciones machistas, parece ser que cada vez son menos. Vergara recuerda que, cuando se graduó de su doctorado, en el 2006, un profesor le dijo: “La felicito por su grado, pero me da mucho pesar porque se va a quedar sola. En este país a los hombres no nos gustan las mujeres doctoras porque son inteligentes, se creen autosuficientes, no buscan a los hombres y nosotros tampoco las vamos a buscar”. Ese episodio de su vida se convirtió en anécdota, en las universidades, estos comentarios son cosa del pasado. Hoy en día prima la igualdad en la relación entre investigadores, no importa el género.

En general, manifiestan que una de las satisfacciones de trabajar en la academia es justamente el respeto y la aceptación de sus colegas masculinos. “No existe el machismo que se encuentra en otros ambientes”, dicen. El problema, siguiendo a Restrepo, es que son ellos los que han hecho las reglas y los estatutos por décadas. “Si hubiera más mujeres en las posiciones directivas, de pronto habría habido, desde el comienzo, una sensibilidad frente a la condición de la mujer en una sociedad que le exige mucho”.

Aunque no es el caso de ninguna de las cinco entrevistadas por Cromos, cuentan que lo que sí resulta desafiante para sus colegas mujeres es lograr un balance entre su trabajo como líderes de la investigación y sus familias. “Definitivamente, si hay una presión”, afirma Restrepo, porque aún hoy, la mujer es la principal responsable de que todo funcione bien en el hogar. Su consejo es “simplemente, organizarse bien” para poder mantener el equilibrio entre las responsabilidades.

En los jóvenes está el futuro

Ahora, en sus cargos directivos, echan de menos el contacto con sus estudiantes. Estar con ellos, escuchar sus preguntas y sus reflexiones, es como un bálsamo que renueva sus teorías y rejuvenece sus conocimientos. “Es lo que más me hace falta”, dice sin titubear Restrepo. En eso concuerda Arbeláez, desde Medellín, mientras que Vergara ha encontrado la manera de no alejarse de ellos: “Hago parte de la Red Regional de Semilleros de Investigación –dice–.  Hemos ido consolidando un trabajo fuerte para lograr que los estudiantes tengan un pensamiento crítico, científico, que sean actores importantes en la transformación del país, que aprendan a leer contextos y problemas de la sociedad”. Incluso –impulsada por su doctorado en ciencias sociales, niñez y juventud–, ha participado en la formulación de varias políticas públicas sobre adolescencia, salud mental y salud pública para Manizales y el departamento de Caldas.

Balance entre el trabajo y la vida

Todas han sido profesoras, investigadoras, tienen publicaciones científicas y, además, han ocupado cargos administrativos: han sido decanas o coordinadoras de departamentos en sus universidades. Reconocen que trabajan en exceso, pero todas se lo gozan. Cuando les pregunto qué hacen en su tiempo libre, algunas contestan como Velasco: ¡Leer sobre economía política! Luego piensa un poco más y recuerda que a veces va al gimnasio –cuando le queda tiempo–. Pero, finalmente, reitera: “Vivo dedicada al trabajo, para qué voy a decir mentiras”.

En cambio Botero sí espera con emoción aquellos puentes en los que se puede escapar a Santa Marta para bucear, para seguir observando lo que le quita el sueño: la vida en las profundidades marinas. Por algo también fue la directora del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras, Invemar, donde lideró la investigación en su campo. Luego estuvo en Colciencias –entidad encargada de trazar los destinos de la ciencia, la tecnología y la innovación en el país–, como directora del programa de Ciencias Marinas y, luego, como subdirectora de Ciencia y Tecnología.

Ni Velasco ni Botero han tenido hijos, por eso han podido dedicarle más tiempo al trabajo que otras colegas suyas, como Silvia Restrepo quien asegura que le ofrece a su hijo calidad, más que cantidad. “Cuando estoy con mi hijo, estoy con mi hijo”, dice enfática. Y Vergara, con dos hijos, uno de 20 y otro de 18 años, lamenta haber perdido tiempo para su familia, aunque ellos nunca le han reclamado: “Son niños que viven muy orgullosos del trabajo de su mamá, pero yo siento que les he robado tiempo”.

Los sueños

Ninguna sueña con volverse millonaria. Eso no está dentro de las metas de quienes se dedican a la investigación, por eso, en la sociedad de consumo en la que vivimos, se les ve como bichos raros, sean hombres o mujeres.

Velasco, que se considera una profunda enamorada del país, sueña con “poder tener un impacto positivo en la calidad de vida de las personas en Colombia”, siempre desde la parte técnica. “Si lo logro me sentiré muy satisfecha”. Igual Restrepo, quien asegura que su sueño “es poder proponer una solución (como un producto biotecnológico) que le sirva al país para el medioambiente y la agricultura”.

Son felices. Dicen que sus vidas son plenas y que quieren continuar investigando y fomentando la investigación científica. Esperan aportar su experiencia al desarrollo de políticas públicas en ciencia, tecnología e innovación que beneficien el desarrollo del país. Porque conocen dónde se mueven y saben que Colombia las necesita.