El preocupante aumento en el consumo de drogas en las universidades

Abril 5/18 Más de 300 centros educativos y universidades están en lista para ser intervenidos por la Fiscalía, que reconoce que el nivel de infiltración en las IES, la permisividad de algunas sumada a la defensa de la dosis personal, es tan grande que hace casi imposible extirpar ese mal.

La variedad de drogas ofertadas incluye Lcd, marihuana, drogas sintéticas, popper, cocaína y éxtasis. Lo peor, según los expertos es que los universitarios aún creen que no corren riesgos al consumir drogas. Esta situación poco o nada aparece en la agenda de las rectorías.

 

Caracol Radio realizó un amplio informe al respecto, cuya síntesis presentamos a continuación:

El problema

Las drogas están en los pasillos, parqueaderos, zonas aledañas y hasta en los salones de clase, incluso con profesores y rectores vinculados.

La Fiscalía tiene identificadas las modalidades que usan los traficantes para meterse en las universidades. La principal es contaminar estudiantes para que se encarguen de ofrecer la droga; la segunda, inscribir en programas académicos a sus cómplices, infiltrarlos en las universidades para que vendan y lleven información a las bandas.

En los operativos que adelantó la Fiscalía en cinco ciudades del país y en 27 universidades, los capturados eran estudiantes y la droga incautada estaba en los espacios de la entidad educativa.

Hace un año los investigadores encontraron casi una tonelada de cocaína en un salón de la Universidad de Antioquia, no hubo capturados pero fue el inicio de una gran investigación que tiene una docena de capturados.

El consumo de drogas en los entornos escolares contrario a la versión que llega a los padres de familia, ocurre a plena luz del día y bajo la mirada del personal de seguridad de estas instituciones. Basta con caminar a pocos metros de los espacios públicos de ciertas universidades para comprobar el fuerte olor a marihuana y otras sustancias.

Los expendedores se meten en parqueaderos, zonas comunes, baños, salones de clase, auditorios y pasillos para hacer el intercambio de dinero por droga. Los falsos estudiantes no entran a clase, se la pasan en los alrededores y pendientes de captar más clientes, la tarifa y la meta diaria se cumple con suficiencia.

Ofrecen la droga, la distribuyen y comparte como si fueran vasos con agua. Los intermedios de clase, los descansos y hasta las fallas de profesores son excusas para sacar de la maleta las drogas y consumirlas a la vista de todos: compañeros, docentes y hasta policías que rondan los centros educativos.

La facilidad para camuflarse entre cientos de estudiantes y algunas consideraciones a través de la dosis personal, hace que para directivos de universidades el trabajo de identificación y denuncia resulte difícil, por eso acuden a la investigación judicial.

La situación en Medellín

En Medellín recientemente fue desarticulada una banda criminal que con dulces impregnados de ácido lisérgico, que iban a ser regalados en los colegios, pretendía inducir a menores de edad al consumo de drogas ilícitas. Este hallazgo alertó a las autoridades civiles y policiales por la aparente facilidad en que se mueve el tráfico de drogas y la habilidad de los traficantes para ampliar su negocio ilícito con nuevos consumidores en esta zona metropolitana.

Para el médico toxicólogo y especialista en adicciones, Hugo Alberto Gallego, este creciente mercado se puede inferir por el incremento en el número de estudiantes que son atendidos en los centros médicos u hospitalarios, entre la noche del viernes y la madrugada del sábado.

La marihuana, y sustancias como LSD y éxtasis son quizá las más usadas por los jóvenes, a juzgar por la cantidad de pacientes que son atendidos al resultar intoxicados.

En varias ocasiones, la Universidad de Antioquia ha sido epicentro de acciones administrativas y hasta policiales por las ventas y el consumo de estupefacientes en el campus académico en el norte de la ciudad. En esas mismas oportunidades las autoridades académicas han reconocido la necesidad de aplicar medidas drásticas para impedir la presencia de jíbaros y traficantes de sustancias en estas áreas de clases, investigación, recreación y deporte.

Por su ubicación y por el tamaño de la ciudadela, la Universidad de Antioquia ha vivido el drama de la comercialización de drogas ilícitas y el consumo entre sus estudiantes, y hasta se le llegó a considerar una gran plaza de vicio, algo que fue rechazado por sus directivas.

Para nadie dentro del campus universitario es un secreto el movimiento de drogas –por ventas o consumo- que en algunas horas del día se observa en inmediaciones a las instalaciones deportivas, también conocida como el ”aeropuerto”, donde algunas personas adquieren o consumen esas sustancias.

Pese a los controles para el ingreso de personal a la sede universitaria, cuyas porterías se han modernizado y tecnificado, se sigue observando este tráfico que, de vieja data, ha sido un problema para sus administradores y para los usuarios de la propia institución.

En enero de 2017 fue descubierto un cargamento de cocaína “en predios de la Hacienda el Progreso, de la Universidad de Antioquia, en el municipio de Barbosa, norte del valle de Aburrá”.

“El estupefaciente estaba en costales enterrados y hasta el momento se desconoce la procedencia y destino de estos materiales ilícitos, precisó la Universidad de Antioquia.-

Al respecto, la directora seccional de Fiscalías de Medellín, Claudia Carrasquilla: “Fueron incautados 760 kilos de pasta de coca, en un trabajo articulado del cuerpo técnico de investigación de la Fiscalía, un grupo de antinarcóticos y La Cuarta Brigada donde se pudo establecer que en esos predios se realizaban unas prácticas de zootecnia de la Universidad de Antioquia”, develo la Fiscal”.

A mediados del año 2017, la Rectoría de la Universidad de Antioquia debió cerrar durante tres días para acometer acciones de control a las crecientes ventas informales de todo tipo –legales e ilegales-, incluidas las drogas ilícitas, y para recuperar el orden en las tareas cotidianas. Esas acciones incluyó la presencia de investigadores de la policía que –en esos tres días- rastrearon todos los lugares, las oficinas, las aulas, los laboratorios, escenarios deportivos, zonas verdes… hasta los lockers de los estudiantes y empleados… “Solo encontraron marihuana y eso nos tranquiliza”, reconoció en su momento el rector Mauricio Alviar Ramírez.

Las medidas de control e ingreso a la ciudadela universitaria se intensificaron y paulatinamente se han hecho evaluaciones sobre la efectividad de esas acciones, para mantener la lucha contra la venta y consumo de alucinógenos. 

En sus acciones de promoción de la salud y prevención de la enfermedad, la Dirección de Bienestar Universitario de la Universidad de Antioquia, creó el Programa Educativo de Prevención de Adicciones, -conocido como PEPA-, mediante el cual se aplican acciones formativas y de acompañamiento a estudiantes que manifiestan inquietudes en cuestiones de adicción.

Del programa hacen parte estrategias grupales e individuales de orientación por parte de profesionales, así como actividades educativas acerca de los diferentes aspectos que tienen qué ver con las conductas adictivas, explicó la Universidad de Antioquia.

De esas estrategias participaron 903 estudiantes durante el año 2017.

“La institución hace énfasis en que este tipo de procesos es de carácter preventivo y de promoción de la salud, en ningún momento refieren a acciones terapéuticas o de rehabilitación, que no están dentro de los alcances legales del ámbito educativo”, precisó la respuesta universitaria.

Si bien es cierto que dentro del campus de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín no se viven estos problemas relacionados con las ventas de estupefacientes, ni un alto consumo entre sus usuarios, algunos consumidores reconocen que en las inmediaciones puede conseguirse alucinógenos con relativa facilidad.

 

La situación en Cali

Para la Seccional de Investigación Criminal, Sijin de la Policía Metropolitana de Cali,el Éxtasis que consumen los jóvenes universitarios, son pastas mucho más dañinas y fuertes que las que se venden en el exterior, ya que en la ciudad es adulterada con drogas tranquilizantes para animales, que están afectando la salud de los estudiantes. 

Varias de las “ollas del vicio” o sitios de expendio están cerca de las universidades de la ciudad, pero debido a los operativos de las autoridades, existe el “expendio callejero”, que consiste en que los universitarios hacen encargos en bicicleta, en donde los “dealer” transportan pequeñas dosis, para evadir la Policía. 

Los precios que se manejan, dependen del empaque. Por ejemplo, un cigarrillo normal de marihuana está entre dos mil y cinco mil pesos. Si es un cigarrillo de marihuana con filtro en madera (conocido como blom), tiene un costo entre los quince y 20 mil pesos

Con relación a la cocaína, la dosis vale entre diez y 20 mil pesos, dependiendo de la universidad. 

Una bolsa pequeña de drogas sintéticas como el 2CB--TUCIBÍ-- y el Éxtasis, se compran entre 80 mil y 150 mil pesos.

Una estudiante de una universidad privada de Cali, asegura que los “dealer” además de ofrecer Marihuana y Cocaína, en estos centros de educación superior, venden ácidos y hasta el tarro de Popper, en 26 mil pesos, que tiene un efecto corto. 

En el caso de la Universidad del Valle, su rector Édgar Varela, ordenó acabar en el campus varios cambuches de drogas y un cultivo de 30 matas de marihuana. 

Uno de los pocos profesores de este claustro universitario de Cali, que se ha atrevido hablar y escribir sobre el consumo y venta de drogas en Univalle, ha sido Fabio Martínez, quien asegura que en el campo de la universidad no debe haber un guadal con sus cambuches improvisados y un minicultivo de cannabis, sino que debe ser un territorio de paz, libre de armas (así sean artesanales), de drogas y de agentes extraños a la comunidad universitaria que quieren imponer la ley de la selva. Debe ser el espacio privilegiado del saber y el conocimiento.

 

La situación en Cartagena

En una Universidad en el sur de Cartagena, una institución privada, un alumno consumidor de alucinógenos, afirmó que se venden todo tipo de drogas:  ‘marihuana, pepas, tusi, LCD’, y que hay sitios determinados en la universidad donde se encuentran personas vendiendo alucinógenos, y ofrecen constantemente. Cualquier persona puede comprar, no ponen problema. La droga más consumida y comercializada es la marihuana, pero se consigue cualquier droga. “Hay gente que trae diariamente veinte, treinta papeletas de tusi, una droga particularmente cara”.

El precio de las drogas dentro de la Universidad es ligeramente mayor que en la calle. Marihuana se consigue desde cuatro mil pesos, la bolsa de cocaína vale diez mil pesos. El consumo se da sobre todo en los sitios alejados de la Universidad,pero los guardias han identificado las zonas manteniendo constantemente vigiladas esas zonas. “Pero apenas se van los vigilantes, todo el mundo consume”.

La droga viene del interior del país, de Cali, de Bogotá. “Es más fácil comprar drogas dentro de la Universidad que en las calles, aunque sea más cara”.

Otra estudiante no consumidora ni expendedora confirmó que una sola vez vendió drogas dentro del campus, haciéndole un favor a un amigo. El amigo le entregó la droga fuera de la Universidad y ella ofreció el producto a consumidores, y se encontró con un consumidor en un baño y la entregó. Dice que lo hizo tranquilamente, sin ser vigilada, y que es muy fácil hacerlo dentro de la Universidad.

Del mismo modo pudimos evidenciar el modus operandi de algunos expendedores, quienes utilizan cuentas en redes sociales en Instagram, una cuenta donde los estudiantes hacen confesiones anónimas, para publicitar su mercancía y pedir que los contacten por WhatsApp.

Tratamos de establecer la posición de la Universidad frente al tema a través de Bienestar Universitario, pero nunca hubo respuesta

En el Centro Histórico, en una institución pública, una estudiante consumidora nos contó que desde hace un año con las medidas que implementó la Universidad, se hizo más difícil la compra y consumo de drogas.

Anteriormente egresados y personal externo ingresaba a la Universidad a expender, pero esas personas fueron identificadas y ya no es fácil su ingreso.

Pero existen “mediadores”, estudiantes que llevan la droga desde los expendios externos. Para comprar, hay que ser amigo de los mediadores: no venden a desconocidos. Les dicen “los rastas”, y los encuentran en lugares que son puntos ciegos de las cámaras de seguridad.

La droga que más se consume dentro es la marihuana, y se consume mayoritariamente con pipas. No es tan fácil conseguir drogas como cocaína o LSD. La bomba (una pequeña bolsa de marihuana) vale dos mil pesos.

El consumo se ha disminuido porque funcionarios de la Universidad revisan las cámaras y abren procesos disciplinarios a quienes estén consumiendo. Los estudiantes, al ser más difícil comprar adentro de la Universidad, prefieren compran en el barrio Getsemaní.

La jefe de asesoría psicológica de la Universidad, reconoció que el consumo por parte de los estudiantes es alto, y que dentro de la Alma Máter existen movimientos defensores del libre consumo de marihuana.

En 2016 se aprobó una política de prevención del consumo de drogas, en varias líneas: campañas de prevención, inclusión del consumidor (no rechazarlo, no expulsarlo, sino brindarle acompañamiento), y acompañamiento al tratamiento de la adicción.

También se han aumentado los controles al ingreso a las sedes, y la vigilancia de las mismas, para identificar a quienes consumen dentro de la Universidad. El procedimiento es identificar al estudiante, reportarlo a Bienestar Universitario, y desde allí se hace llamado a familiares y asesoría al consumidor.

Además se mantienen cerrados los salones cuando no hay clases en ellos para evitar que sean usados para consumir, como se hacía antes. El consumo de sustancias psicoactivas dentro de la Universidad está prohibido en el reglamento estudiantil, y los estudiantes se ven abocados a suspensiones y hasta expulsiones.

Una fuente dentro de las directivas de la Universidad, que pidió reserva de su nombre y no ser grabada, confirmó que las cámaras de seguridad están funcionando porque ha disminuido el consumo, y que además, se ha identificado y denunciado a los expendedores externos.

También confirmó que existen estudiantes “mediadores” que llevan la droga a la Universidad, y que están identificados. Sin embargo, la fuente manifestó que las labores de vigilancia son poco efectivas porque los guardias de seguridad solo pueden hacer llamados de atención y solicitar identificación, pero que no tienen capacidad para quitarles la droga, o sacarlos de las sedes, y menos de enfrentarse a ellos. Además, el acceso de policías uniformados a los campus es restringido, pero afirmó que dentro de las sedes hay personal infiltrado de la SIJIN.

 

La situación en Barranquilla

Los 24.000 estudiantes de la Universidad del Atlántico convierten a esta institución en un nicho para las redes del microtráfico, por lo que es una de las más golpeadas por la venta de drogas en la ciudad de Barranquilla.

Allí existe un sitio conocido como ‘el mariposario’, en el que compradores y consumidores suelen citarse por redes sociales o Whatsapp para obtener la droga que puede venderse desde $2.000 la unidad.

“Se venden entre 30 y 40 tabacos de marihuana diariamente lo que representa hasta 80.000”, señaló un expendedor.

Entre las drogas más adquiridas por los jóvenes universitarios se encuentran el Cripy, la marihuana y la cocaína con muy alto niveles de consumo estimados, según el estudio de Narcomenudeo en Colombia, una transformación de la economía criminal”.

Entre las medidas que han tomado los directivos de la Universidad del Atlántico para frenar la venta y consumo de drogas es la de reforzar el ingreso de estudiantes y empleados con torniquetes para lo cual se abrirá una licitación pública.

Así mismo, las autoridades han dado duros golpes a mercaderes del narcomenu de alrededor de universidades y colegios como las capturas de 27 personas en 19 allanamientos de la Policía y Fiscalía en municipios del Atlántico el pasado mes de enero.