Viernes Septiembre 10 de 2010,
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La Universidad en 1810 PDF Imprimir E-mail

En el Bicentenario de nuestra Independencia, un recuento de cómo era la educación superior en aquel entonces

Julio 20/10 Con la independencia no se dieron grandes cambios y la educación continuó bajo la jurisdicción de la Iglesia, la cual empleaba el modelo escolástico desde la edad media, periodo en el cual se fundaron los primeros centros de enseñanza durante los siglos XVI y XVII, ellos fueron la Universidad Santo Tomás, el Colegio San Bartolomé y el Rosario, a los que sólo podían acceder hombres y determinados grupos sociales.

"Para este periodo se exigía un certificado de limpieza de sangre, es decir que aquellos que aspiraran a estudiar debían tener antepasados españoles o europeos, no tener sangre de moros o judíos y nunca haber trabajado con las manos", explica Luis Enrique Nieto, secretario general de la Universidad del Rosario y profesor de la Facultad de Jurisprudencia.

Esta reglamentación duró mucho tiempo en modificarse, tanto así que el cambio más sustancial fue el permiso especial para que los hijos de caciques indígenas pudieran estudiar mientras que las mujeres seguían al margen.

Un documento de la época registra el siguiente argumento en contra de aceptar estudiantes que carecían de las "suficientes condiciones sociales": "Intentar un absurdo tan temerario como el de recibir miembros de clases diferentes, no es otra cosa que preparar en los jóvenes un pernicioso espíritu de igualdad y subversión colocándoles juntos".

Los pocos hombres y familias que podían cumplir con estos requisitos y sortear este tipo de discusiones y sortear este tipo de discusiones iniciaban su ciclo académico durante su adolescencia.

"A los 14 años se iniciaba la etapa formativa y los estudiantes sólo podían escoger entre cuatro opciones: filosofía, teología, medicina y jurisprudencia, ya fuera civil o canónica", aclara Eduardo Corredor Díaz, docente e investigador de la Universidad EAN.

Esta última carrera era la más demandada, ya que las personas veían en ella la posibilidad de acceder a puestos públicos o manejar aquellos asuntos que tenían que ver con la Iglesia, estamento que para ese momento manejaba casi todos los asuntos de la sociedad.

Formación para las mujeres

Durante los primeros años de vida republicana, a la mujer se le seguía otorgando un papel netamente doméstico, por lo que su rol fuera de estos aspectos de la vida estaba totalmente restringido.

"Sólo hastas 1830 se crea un colegio femenino, en el cual la enseñanza giraba en torno a temas de la economía del hogar, como tejer o el cocinar. Su formación académicamente hablando se limitaba a leer, escribir y contar, así como algunas palabras en francés, religión y principios morales", afirma Luis Enrique Nieto.

Con la creación de estas instituciones, fue que la mujer pudo finalmente ingresar a la universidad, aunque claro está, sólo aquellas que cumplían el requisito de pertenecer a las mejores familias.

Lo que costaba estudiar

Durante esta época los centros de instrucción funcionaban como claustros a los cuales llegaban los jóvenes de las mejores familias del país y por lo tanto debían quedarse como internos.

"Con las reformas santanderinas, los 80 pesos que se pagaban se elevaron a 100 y los estudiantes tenían derecho a recibir un pan extra en las noches, el jueves un plato de postre y el viernes fruta", añade Eduardo Corredos, de EAN.

Como se puede ver, muchas cosas han cambiado desde entonces, nuevas carreras se han abierto, la dependencia de la academica hacia el clero ya no es obligatoria, además de otra serie de elementos que hoy nos parecen disparatados pero que eran el pan diario de los primeros criollos.

Tomado de Héctor Andrés Quintero Palomino, en Guiacademica