| 1935: La primera mujer entra a estudiar en una Universidad en Colombia |
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Historia de la Universidad en Colombia Julio 26/10 El 10 de diciembre de 1934 se presentó al Congreso un proyecto de ley para que las mujeres pudieran ingresar a la universidad en igualdad de condiciones que los hombres. Suscitó una gran controversia como todo lo que tenÃa que ver con los derechos de las mujeres. Jorge Eliécer Gaitán defendió el proyecto desde una perspectiva moderna y Germán Arciniegas lo rebatió, pero en últimas fue aprobado. La Universidad Nacional de Colombia, en el ambiente de renovación del gobierno liberal de Alfonso López Pumarejo, abrió sus puertas por primera vez en Colombia a las jóvenes que aspiraban cursar una carrera diferente al proyecto matrimonial y familiar al cual habÃan estado adscritas de manera exclusiva. Gerda Westendorp fue admitida en 1935 a la carrera de medicina e inició clases probablemente el primero de febrero. Pero Gabriela Peláez, que ingresó en 1936 a estudiar derecho, se convertirÃa en la primera abogada colombiana. Además de estos hechos hubo otros que fueron ampliando la presencia de la mujer. MarÃa Carulla fundó en 1936 la primera escuela de trabajo social adscrita a la Universidad del Rosario. Las facultades de ciencias sociales fueron receptivas al ingreso de las jóvenes. Se emprendió asà el camino hacia el logro de la ciudadanÃa plena para las mujeres y la oportunidad de contar con otra mirada calificada sobre la vida, los problemas sociales, el pasado, las artes, las ciencias. Se empezaron a despejar las dudas sobre la inferioridad intelectual de las mujeres, al demostrar las primeras universitarias que eran competentes en su trabajo académico, creativas y disciplinadas. De estas primeras épocas se conserva el anecdotario de las experiencias pioneras: las ambigüedades, el paternalismo y la galanterÃa en las relaciones de género; la hostilidad de algunos profesores para quienes el saber era cosa de hombres; la ausencia de sanitarios para mujeres; la expedición de los tÃtulos en el universal masculino: doctor en medicina o en derecho, maestro en bellas artes o música, ingeniero, para Gabriela, Mercedes, MarÃa y las demás. El ingreso de las mujeres a la universidad posibilitó la investigación de temas nuevos. Maestra como Virginia Gutiérrez de Pineda y su discÃpula y aliada Ligia Echeverry Ãngel pudieron asumir los estudios sistemáticos de la familia, la niñez de la calle, la vejez. Sus hallazgos se han incorporado a las propuestas de polÃtica pública en esas materias y han contribuido a la cualificación de los servicios de bienestar familiar. La investigación sobre las violencias en el paÃs, y en particular la violencia en las relaciones familiares y de pareja, lo mismo que el maltrato infantil, se ha fortalecido con la contribución de mujeres profesionales e investigadoras, quienes no sólo interpretan esos temas desde perspectivas cientÃficas, sino que construyen alternativas de intervención preventiva, remedial y promueven reformas legislativas. Los estudios sobre la mujer y el género, que fueron un desafÃo a las tradiciones académicas, han significado un avance en la comprensión de las dimensiones subjetivas y de construcción social de las identidades, en sintonÃa con los debates internacionales sobre las feminidades, las masculinidades, la diversidad sexual. El trabajo discreto en los laboratorios de investigación cientÃfica y en las áreas medioambientales se alimenta hoy del aporte de importantes mujeres, al igual que en campos como la educación. Desde hace 60 años hasta el momento, la matrÃcula universitaria femenina ha aumentado de manera gradual hasta representar hoy en dÃa algo más del 50 por ciento. La igualdad aspirada en la propuesta original de 1934 ha sido interferida por los prejuicios sexistas y por las resistencias culturales a los cambios. Si bien los avances son notorios, la matrÃcula femenina se concentra en las disciplinas y profesiones asociadas al cuidado (enfermerÃa, educación, terapias, trabajo social, psicologÃa) que si bien se inspiran en una ética del compromiso social, son campos desvalorizados, de menor prestigio, menor remuneración y menores oportunidades de incidencia polÃtica que los campos disciplinares y profesionales en los que se concentran los hombres. MarÃa Emma Wills, en una investigación reciente sobre las mujeres en la educación, muestra una presencia femenina notable en la educación preescolar y básica que decrece de manera sensible en la educación universitaria, ámbito en el cual es muy visible el techo de cristal. Es decir, la orientación vocacional mantiene los sesgos de la división sexual del trabajo, y las pruebas académicas estandarizadas reportan aún vacÃos en la formación básica y sesgos de interpretación. La mayorÃa de quienes aspiran ingresar a medicina son mujeres, pero ingresa una mayorÃa masculina. El entrada de las mujeres a la universidad y la conquista de un tÃtulo potencia su autonomÃa y la libertad de pensamiento, es decir, contribuye a la expansión de la democracia incluyente. Por lo demás, se fomenta la independencia económica, base de la construcción de relaciones sociales más justas y equitativas. Desarrolla la conciencia de la solidaridad y del compromiso social. En sÃntesis, el paÃs cuenta con el aporte de las mujeres profesionales que contribuyen con su trabajo a la distensión de los problemas más crÃticos, tal como lo reportan las estadÃsticas recientes sobre la presencia de médicas, enfermeras, comunicadoras sociales, antropólogas y sociólogas en las zonas de conflicto. Además cuenta con artistas y creadoras que construyen y reconstruyen proyectos y nos muestran lo que somos.
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