La universidad del postacuerdo: Galo Adán Clavijo – Dic/18


Por: Galo Adán Clavijo Clavijo

La universidad para el siglo XXI debe asumir el cambio y el futuro de su ser y quehacer. El cambio exige una predisposición a la reforma constante de sus estructuras y métodos de trabajo. Esto implica asumir la flexibilidad como norma de trabajo, en lugar de la rigidez y el apego a tradiciones inmutables. A su vez, la instalación en el futuro y la incorporación de la visión prospectiva en su labor, hará que la universidad contribuya a la elaboración de los proyectos futuros de sociedad, inspirados en la solidaridad, en la superación de las desigualdades, en el respeto al ambiente, la calidad, la creatividad y la excelencia” Cristovam Buarque (1990)

La firma de los acuerdos entre el presidente, los rectores, los estudiantes y los profesores resolvió los acuciantes problemas financieros, resta lo transcendente, como es la reforma estructural de la Universidad Pública.  Los colombianos queremos una Universidad al tenor de los tiempos, autónoma, crítica, reflexiva, flexible y socialmente responsable.

Julián de Zubiría, director del Instituto Alberto Merani, afirma que el acuerdo solo se centró en lo financiero y dejó a un lado las reformas pedagógicas y administrativas. 

“Lo pactado no soluciona la crisis, pero sí va en la dirección correcta. Los problemas de la educación superior son pedagógicos, administrativos y financieros. El acuerdo sólo abordó estos últimos. Así mismo, sólo contempló una adición de más de 4,5 billones, cuando los estimativos son de un faltante de 18,2. A pesar de ello, es un muy importante esfuerzo del Gobierno por fortalecer la institución de educación superior que venían debilitándose año a año desde 1993“. 

De Zubiría ha dicho que el acuerdo contempla un cambio importante en la política pública en educación. 

Queda demostrado que el Estado si ha tenido plata pero que la había utilizado muy mal. Principalmente los recursos se habían destinado al Icetex y a las universidades privadas de élite. Un dato esencial de entender: Este acuerdo cuesta una cifra similar al programa Generación E (4,5 y 4 billones, respectivamente). La diferencia es que este acuerdo beneficia a cerca de 1 millón de personas y 61 instituciones de educación superior, en tanto Ser Pilo solo benefició a 40.000 alumnos y 5 universidades privadas de élite en Colombia. Plata había, pero muy mal invertida en educación”, indicó.

Ahora viene la concertación de las partes para la distribución de los recursos (base presupuestal e inversión) en las distintas instancias que se han creado en los acuerdos. Los nuevos recursos son paras las 32 Universidades Públicas y las Instituciones Técnicas y Tecnológicas Públicas.

El comunicado del SUE, Montería, 18 de diciembre de 2018; dice, al respecto:

Corresponde ahora realizar un seguimiento al cumplimiento del acuerdo; particularmente el SUE ha continuado trabajando en la construcción de un modelo de distribución de los recursos, con el acompañamiento del Ministerio de Educación Nacional, basado en la equidad y la calidad, de tal forma que se puedan atender las brechas existentes en el país, pero a su vez se continúe fortaleciendo la calidad.

Una vez los recursos lleguen a las universidades, se requiere un importante compromiso institucional para atender las necesidades más urgentes representadas en pago de nóminas y demás aspectos de funcionamiento institucional, además de realizar las inversiones necesarias en fortalecimiento de la investigación, el mejoramiento de infraestructura, la cualificación docente y el bienestar universitario, entre otros factores esenciales para la calidad

Para limitar la incertidumbre se ha de planificar, para evitar que las decisiones impulsivas a muy corto plazo y sobre la marcha primen sobre las decisiones racionales, sopesadas y con perspectiva de los propósitos generales a medio y largo plazo, no hay más solución que planificar

Además de la calidad y la equidad se han de garantizar tanto la eficiencia asignativa como la eficiencia técnica. Se recomienda adoptar el presupuesto con base cero, el PBC es un proceso de elaboración del presupuesto que asigna fondos según la eficiencia y necesidad para alcanzar los objetivos de la Universidad en lugar de considerar el historial presupuestal de años anteriores.

Se abre un debate inteligente pero insertado en un campo bourdieuno, la distribución de los nuevos recursos no se puede tomar demasiado tiempo de tal manera de poder iniciar el análisis del futuro de la Educación, de la Educación Superior y de la Universidad tal como se contempla en el acta de acuerdo

En el  acta de acuerdo firmada, 14 de diciembre de 2018, por el presidente, los estudiantes y los profesores, se estableció en el numeral 16 la creación de una Mesa de Dialogo para la construcción de acuerdos y soluciones que permitan resolver la situación actual de la educación superior y sus funciones… El numeral 17 estipula que el Ministerio de Educación Nacional incorporará vía Plan Nacional de Desarrollo las estrategias para desarrollar el Pacto por la Educación, el cual será liderado por un Consejo Nacional de Educación. Delegados de la Mesa de Diálogo tendrán participación activa en este espacio

Con lo suscrito en la Mesa de Diálogo se abren las puertas para la reforma estructural de la educación, la educación superior y en especial de la universidad pública. Lo anterior implica procesos de deconstrucción y reconstrucción dentro del concepto de campo de Pierre Bourdieu

Una adaptación de este tipo no ha sido nunca fácil para la Universidad y, casi siempre, los cambios en ella se han producido tras un periodo de crisis más o menos profunda de la Universidad no han sido innovadores.

El debate es tanto más necesario cuanto el tema de la Universidad es un tema delicado, no siempre fácil de abordar y cuyo planteamiento puede provocar respuestas totalmente imprevisibles para el conjunto de la sociedad.

Como resultado de los acuerdos firmados entre el Presidente, los rectores, los estudiantes y los profesores, las Universidades públicas tienen una gran responsabilidad social universitaria, la cual se ha de reflejar en un nuevo contrato social entre la Universidad y la Sociedad Civil en estos términos:

 “Tú, Sociedad, me garantizas autonomía y recursos , y yo, Universidad, te doy (1) más Democracia a través de la formación de estudiantes y ciudadanos responsables,(2) no Desbordaré la autonomía con mis  decisiones y acciones, (3) más Ciencia responsable, lúcida y abierta a la solución de los problemas sociales de la región y la Nación, (4) mejor Desarrollo equitativo, innovador y sostenible, con profesionales competentes y comprometidos, (5) Calidad, relevancia y pertinencia en los programas académicos tanto de pregrado como de postgrado, (6) Acreditación de alta calidad y acreditación institucional,(7) te Garantizó eficacia,  eficiencia y transparencia en la  administración de los recursos  que tú me asignas  (8) te Rendiré cuentas de manera responsable y  oportuna destacando los logros y los errores.

Es casi un lugar común afirmar que el mundo se caracteriza, actualmente, por grandes crisis sociales, económicas, políticas y ambientales, que han puesto en tela de juicio los modelos sociales, económicos y políticos imperantes en la sociedad. En efecto, se reclama hoy una nueva configuración del Estado y de la sociedad civil, de modo que se haga más eficaz su compromiso y corresponsabilidad en temas de interés público y social.

En esta época, que algunos llaman la cuarta revolución industrial, 4RI,  (Klaus Schwab, 2016) y en la que se aspira a ser una sociedad del conocimiento con el soporte de las tecnologías digitales, en América Latina y en otros lugares del mundo podemos observar una obsesión por reformar los sistemas educativos nacionales, con distintas estrategias y para distintas finalidades. Entre las estrategias, destaca el aprovechamiento de los avances de la digitalización y el desarrollo de las telecomunicaciones

Por cuarta revolución industrial se entiende la situación tecnológica que ahora vivimos con el surgimiento de diversos avances como son las nanotecnologías, la inteligencia artificial, los drones, las impresoras 3D, el Internet de los objetos, los automóviles sin conductor y lo demás que puede surgir y supone como revoluciones anteriores el uso del vapor, la electricidad y la automatización

Por apertura académica se entiende la disposición de los sistemas educativos, sus organizaciones y sus estilos de gestión académica y administrativa, a la flexibilización y a abrirse a las posibilidades de su renovación permanente, para adaptarse y estar en consonancia con el dinamismo social y sus requerimientos educativos.

Por otro lado, la universidad acorde al panorama disruptivo tiende a un modelo inédito con distintas prácticas. Y si bien aún no está claro el nombre genérico, Chistine Ortiz, exdecana del MIT, por ejemplo, la llama la universidad sin cátedra; en Rusia se habla de universidad 4.0, y otros más la llaman precisamente universidad disruptiva.

Independiente de esta diversidad de nombres con que se designa a este nuevo modelo, existen coincidencias en identificar sus principales innovaciones académicas. Mintz (2014) destaca las siguientes:

  • Nuevas modalidades: Modelos híbridos, modelos virtuales sincrónicos y asincrónicos, modelos configurativos de itinerarios formativos a la carta, modelo Station 1 y modelo just in time.
  • Nuevas certificaciones: Certificados en corto tiempo, menos de dos años (insignias, nanogrados y MicroMasters).
  • Nuevas prácticas pedagógicas: Aprendizaje basado en problemas, aprendizaje basado en investigación, aprendizaje basado en proyectos, gramificación (aprendizaje divertido), aprendizaje personalizado y flipped classroom (aprendizaje invertido).
  • Nuevos roles del docente: Docente innovador, guía y facilitador y docente arquitecto del aprendizaje.
  • Innovaciones de nuevas tecnologías educativas: Laboratorios virtuales, laboratorios de neuroaprendizaje digitales, simulaciones holográficas y presentaciones en séptima dimensión (7D).
  • Nuevas estrategias de evaluación: Evaluación formativa, evaluación basada en el rendimiento, evaluación de las inteligencias múltiples y evaluación basada en la innovación.
  • Nuevos modelos de apoyo a estudiantes: Modelos proactivos del aprendizaje, modelo tutorial abierto, modelos con retroalimentación y modelo de mentores por pares.
  • Redes de colaboración tecnológica. Cada vez más las universidades pueden compartir servicios y tecnologías entre sí, con el fin de potencializar sus procesos y resultados de aprendizaje y de aporte científico y tecnológico.
  • Innovaciones curriculares: Este es un punto clave para el cambio disruptivo en la universidad porque trastoca a todo el sistema universitario, de las modalidades por créditos y competencias al diseño de currículos disruptivos.

En el ámbito educativo, una innovación disruptiva es aquella que rompe con currículum, las metodologías y las modalidades transmisión del conocimiento, abriendo nuevas alternativas de aprendizaje. Las innovaciones disruptivas parten del concepto del estudiante como constructor de su propio aprendizaje

Un aspecto que sobresale en estas innovaciones académicas es la redefinición de la enseñanza-aprendizaje porque trastoca varios puntos del modelo, así como de los procesos y prácticas académicas universitarias. La tendencia del aprendizaje es hacia un modelo adaptativo

Hay también un llamado a que, en esta revolución industrial (4RI), las universidades acerquen lo físico a lo digital, pero también a lo humano. Sin duda vienen avances importantes de la tecnología que significan formas distintas de interacción en la docencia o en la investigación, pero lo anterior no puede ni debe desligarse de una universidad que se preocupe por mejorar la experiencia del estudiante para que se forme en la empatía, para que tenga esperanza en el futuro, para educar liderazgos más horizontales y menos verticales, para que construyan puentes en una sociedad que debe ser más universal y equitativa para que se forme críticamente, para que actúe éticamente y para que, en síntesis, se fortalezca el humanismo como sello distintivo.

Thomas Friedman (2018) sostiene que para vivir en el siglo XXI es necesario comprender que tres grandes fuerzas, la tecnología, la globalización y el cambio climático viven en aceleración simultánea y que, además, interactúan de modo tal que se complican y re aceleran mutuamente. Estas fuerzas transforman cinco ámbitos fundamentales de las sociedades humanas: la política, el trabajo, la geopolítica, la comunidad y la ética

Esta situación exige que la universidad se cuestione, permanentemente, sobre los principios que orientan su quehacer y sobre la naturaleza de su acción transformadora del entorno social. En efecto, no solo ha de cumplir con la formación de nuevos profesionales competentes y responsables, sino que está llamada a asumir un rol protagónico como agente que investiga y propone alternativas de superación de problemáticas sociales, económicas, culturales, ambientales y políticas que la afectan.

La sociedad actual pide a gritos cambios, transformaciones a todos los niveles, los cambios organizacionales no deben quedarse en mero deseo sino que deben volverse una realidad si se desea estar posicionados a nivel local, regional, nacional, mundial y planetario

La Universidad continúa inmersa en tensiones propias de una sociedad atrapada entre demandas y necesidades claramente contradictorias, aun cuando desde hace más de un siglo no ha dejado de evidenciarse su sujeción a la acción de fuerzas opuestas entre realidades sociales, económicas y culturales diversas, entre una gran variedad de intereses que han girado en torno a ella y la manifiesta desigualdad de las trayectorias generadas

La utopía y el optimismo están en su esencia, pero también lo están la contradicción y su origen diferenciador,  el cual se ve reforzado por un sistema educativo que no logra dar un salto cualitativo significativo en su funcionamiento esencial, ni transformarse lo suficiente como para posibilitarle dejar de ser una Universidad que fragmenta en etapas inconexas los imprescindibles aprendizajes clave para devenir, de una vez, en la Universidad del siglo XXI, una institución por la que todos puedan transitar y obtener importantes beneficios, para sus propias vidas y para la sociedad en su conjunto.

La fragmentación se ha vuelto parte de nuestra esencia, la universidad es una de tantas instituciones mediadoras que se muestran como parte de este problema del pensamiento occidental moderno: las diferentes facultades, áreas y disciplinas científicas imponen sus límites y fronteras. Cada ente (amorfo y complejo) que se integra al proceso, se convierte (si es permisible el ejemplo) en un eslabón más, un tabique o un arma dispuesta a alejar a cualquiera que intente cruzar la línea, en conjunto, una especie de patrulla fronteriza (qué mejor ejemplo, que la situación de los migrantes mexicanos intentando entrar a los Estados Unidos).  (Julio César González Brito)

La forma en que la universidad ha establecido barreras entre los elementos que la componen, imposibilita la generación de proyectos transdisciplinarios; humanidades, ingenierías, ciencias sociales, ciencias exactas, etc., cada una en su trinchera, cerradas a la renovación e integración, si bien en cada disciplina se imparten nociones que provienen de diferentes fuentes del conocimiento, se ven de forma dispersa, no articuladas

Hoy en día, alrededor del mundo emergen formas de pensamiento orientadas a ver las partes en su unidad, como un todo complejo, el paradigma de la simplicidad y la fragmentación está muy arraigado en nuestro pensar-actuar, encarnado en el ser social, a pesar de la realidad, esto es, a pesar de la violencia que implica para un entorno en relación y cambio, visto en términos de Morin como un gigantesco eco-ser-máquina-cerebro:

 Todo ocurre, en efecto, no como si el ecosistema dispusiera de un cerebro, sino como si él mismo constituyera en su totalidad un gigantesco eco-ser-máquina-cerebro, cuyo aspecto cerebral naciera y renaciera sin cesar de las interacciones comunicacionales entre cada uno, todos y nadie, y del que cada ser viviente fuera una efímera neurona (1983, p. 39).

Se sabe que las universidades están dominadas por distintas culturales organizacionales. (Pérez Lindo, Augusto) Podemos distinguir las siguientes:

  • La cultura burocrática: tiende a administrar la institución como una estructura sujeta a reglas formales o convencionales sin ocuparse demasiado por los proyectos académicos.
  • La cultura política (o ideológica): concibe a la Universidad como un aparato de poder, o como un espacio para asegurar la hegemonía de un partido político; las decisiones se toman en función de las luchas de poder.
  • La cultura mercantil: concibe a la Universidad como un negocio y lo que importa es lo que funciona en términos de mercado o lo que reporta ganancias.
  • La cultura corporativa: cuando la Universidad la controla un grupo corporativo o gremial, las decisiones se toman en función de los intereses de gremios o carreras profesionales.
  • La cultura científica: en este caso la institución se asume sobre todo como un centro de investigación y lo que importa son los programas de creación y transferencia de conocimientos.

Cada Universidad toma decisiones conforme a la cultura organizacional dominante. Si predomina la gestión burocrática las iniciativas tenderán a reproducir la institución conforme a sus rutinas funcionales. Si predomina la gestión política las decisiones tendrán en cuenta sobre todo los efectos de las mismas sobre el apoyo político o clientelista de los actores universitarios. Si es la gestión mercantil la que se impone las políticas buscarán siempre maximizar las ganancias.

Una “Universidad inteligente” buscará fomentar la creatividad científica, la calidad del aprendizaje, la capacidad para crear y transferir los conocimientos al medio. Pero no todas las decisiones “inteligentes” se reducen a los aspectos cognitivos. La Universidad tiene como finalidades también formar ciudadanos, contribuir a la socialización de los jóvenes, formar en valores éticos y culturales. Las decisiones “inteligentes” son las que permiten realizar los fines sustantivos de la Universidad.

Como se dijo anteriormente se viene satisfaciendo lo apremiante, queda pendiente lo transcendental como es tener una visión clara sobre los siguientes interrogantes: 

  • ¿Cuál es el proyecto de Nación, por ejemplo, al 2050 y más allá?
  • ¿Cuál sociedad deseamos en ese umbral?
  • ¿Qué ciudadano va vivir en ese proyecto de Nación y de sociedad?
  • ¿Qué educación (preescolar, primaria, básica, media y superior) se requiere?
  • ¿Cómo contribuye la Universidad a la construcción de la Nación, la sociedad deseada y a la formación del ser humano para esos proyectos?
  • ¿Qué estilo de Universidad?
  • ¿Cómo se han concebir y orientar sus funciones sustantivas?
  • ¿Cómo se ha de ser la gobernanza de esa Universidad deseada y posible?

Para hablar de la Universidad del siglo XXI parece conveniente comenzar por recordar un dato notorio, pero el fárrago de lo cotidiano hace soslayar: el siglo XXI ya está en su segunda década. El tiempo, como se dice, literalmente vuela, se escurre entre las manos. La inmensa mayoría de los seres humanos que poblarán los comienzos de esa nueva dimensión temporal han nacido ya. (Galo Adán Clavijo C, 2010)

El escenario hacía el 2050, por ejemplo, se encuentra, entonces, dispuesto y abierto. La iluminación es todavía vaga, difusa, y no se percibe con precisión todos los hilos que moverán la trama de la historia. Pero se intuye que el mundo está cambiando dramáticamente y que en estos años crepusculares se asiste, acaso sin percibirlo, a una transformación tan radical como la que ocurrió cuando la humanidad pasó del neolítico a la edad de hierro. Más importante aún: se siente que existe un cambio de paradigma. Porque lo que cambia constante y aceleradamente en estos días son todas esas cosas, los modelos, los ejemplos, la teoría y la práctica del discurso, las reglas y las normas de pensamiento, comportamiento y desenvolvimiento de la vida en sus diversa manifestaciones. La condición humana no está en lo que se cambia, sino en la persistente e inmutable inquietud y afán de transformación que mueve a los hombres y mujeres. En la educación hay que adecuarse igualmente – y pronto- al cambio universal de los paradigmas. Pero antes, y para ello, hay que repensar la educación, la universidad (op.cit)

Imaginar la Universidad en el umbral del año 2050, por ejemplo, constituye un reto de prospectiva, de lucidez, poder, voluntad, libertad e imaginación y el deseo de construir una Gran Estrategia para que ésta mantenga estrechas relaciones de coordinación con el Estado, la sociedad civil organizada y el sector productivo; que forme parte de un Proyecto Nacional de Desarrollo Humano Sostenible y que contribuya, mediante su vocación, prospectiva, a configurar los proyectos de sociedad futura a nivel nacional, departamental y local. (Carlos Tünnermann Bernheim, 2003) Serán años difíciles y llenos de desafíos para preparar la Nación, la Educación, la Educación Superior y la Universidad en su inserción plena en lo que resta del tercer milenio que se anuncia complejo, pero fascinante (Clavijo, G.A, 2010). El futuro se construye cada día.  Para salir de la crisis es necesario escrutar el largo plazo

El futuro no es único, ni determinado, no está escrito en ninguna parte. En realidad, existe ante cada uno un abanico de futuros posibles que evolucionan al hilo de los tiempos y dependerá del deseo, de la voluntad y de la libertad para alcanzar dicho deseo y de los niveles de esfuerzo y de compromiso, el que se alcance un futuro u otro. Por tanto, la construcción de la Universidad posible depende especialmente de todos los actores universitarios.

La prospectiva y la reflexión estratégica son cada vez más necesarias para establecer las grandes orientaciones y esclarecer el conjunto de decisiones que afectan el propio futuro. Así, construyendo una visión coherente del futuro es como se le permite a cada uno situar su acción, definir en un contexto delimitado sus propios objetivos y comprender su propia identidad.  Para salir de la crisis es necesario escrutar el largo plazo. El futuro se construye cada día.  

 No existe una sola y misma manera de aproximarse a la realidad, o de dar cuenta de ella, aun en el trabajo llamado científico. De acuerdo con lo que se conoce de las diferentes maneras de enfrentar y de conducir un trabajo, éste está ligado al proceso global de una concepción filosófica influenciada por las grandes corrientes del pensamiento. (Padrón, J, 2007)

El escenario de las cinco primeras décadas del tercer milenio está frente a cada uno de los colombianos: los niños nacidos durante la primera década del siglo XXI estarán en la educación superior o en el mercado laboral hacia el año 2050 y, permanecerán activos por lo menos hasta finales de esta centuria.

Yuval Noah Harari (2018) dice: “La humanidad se enfrenta a revoluciones sin precedentes, todos nuestros relatos antiguos se desmoronan y hasta el momento no ha surgido ningún relato nuevo para sustituirlos. ¿Cómo prepararnos y preparar a nuestros hijos para un mundo de transformaciones sin precedentes y de incertidumbres radicales? Un recién nacido ahora tendrá treinta y tantos años en 2050. Si todo va bien, ese bebé todavía estará vivo hacia 2100, e incluso podría ser un ciudadano activo en el siglo XXII. ¿Qué hemos de enseñarle a ese niño o esa niña que le ayude a sobrevivir y a prosperar en el mundo de 2050 o del siglo XXII? ¿Qué tipo de habilidades necesitará para conseguir trabajo, comprender lo que ocurre a su alrededor y orientarse en el laberinto de la vida?”

La necesidad de proveer soluciones inaplazables a las tensiones derivadas de la globalización, de la sociedad del conocimiento, del crecimiento, de la deserción, de la  desfinanciación ocurren, por tanto, en un contexto de incertidumbre y de ausencia de muchos de los referentes tradicionales; ello acrecienta la difícil responsabilidad de quienes han de gobernar las instituciones, en cualquier sistema universitario. La urgencia de dichas soluciones parece que no deja espacio para la reflexión y la consiguiente elaboración de una visión a más largo plazo, inevitables si las universidades se quieren adaptar con éxito a los cambios de todo orden que se producen a su alrededor. En definitiva, se deberían garantizar las condiciones necesarias para un futuro debate, sustrayéndola de meras conjeturas e intuiciones. Más aún en Colombia, donde esta práctica no ha sido demasiado frecuente antes de la toma de decisiones sobre cuestiones de gran calado.

La tentación de no tocar nada es, pues, tan atractiva como suicida. Difícilmente pueden arbitrarse soluciones correctas si no participan de forma intensa en su formulación los diferentes colectivos interesados, colectivos que no se circunscriben solo aquellos que tradicionalmente se han considerado miembros de la llamada comunidad universitaria. Junto a éstos hay que incluir familias, a los distintos actores y organizaciones sociales y económicos y expertos, el desarrollo de cuyas actividades requiere, directa e indirectamente, de los servicios y prestaciones de la Universidad. Y, naturalmente, también a representantes de Estado del orden nacional, regional y local que en democracia, representan de forma inapelable los interese generales del conjunto de la sociedad (Bricall, 200)

Pero también sería difícil dar con el camino si no se propicia un esfuerzo que se proponga analizar el presente para descubrir en él las primeras manifestaciones de un futuro que únicamente de esta manera podemos intuir. De este modo hay que formular y tratar de delimitar los problemas. Hoy en día no caben disposiciones transitorias. Para ello hay que abordar los siguientes interrogantes: ¿Qué está ocurriendo ahora mismo? ¿Cuáles son los mayores restos y opciones de hoy en día? ¿A qué debemos prestar atención? ¿Qué tenemos que enseñar a nuestros hijos? (Harari, 2018, p. 12) Agregaría, por ejemplo dos cuestiones más: ¿Cómo se han de formar los maestros? (Clavijo, G A. 2018 a, b) ¿Cómo se han de formar los ingenieros en el siglo XXI? (Clavijo, G. A, 2018 c)

De lo expuesto en hasta aquí conlleva a la urgencia de redefinir la relación entre, relación con y relación dentro, de la Universidad con el definir un nuevo estilo de Institución. Se busca la relación de inseparabilidad y de “interretroacción” entre todo fenómeno y su contexto y de todo contexto con el contexto planetario (Morin, 2004)

Las tendencias y fuerzas constituyen la relación entre y que han de ser analizadas en su profundidad como estrategias para la construcción Proyecto Institucional. Entonces, las transformaciones de la universidad deben obedecer a la capacidad de respuesta a unos vientos que soplan en el país y en el mundo, respuestas que deben ser inteligentes.

Son pues, varios los aspectos que deben considerarse de cara a las transformaciones académicas que se esperan de la Universidad. Entre los aspectos a tener en cuenta están los referentes a relaciones con, entre ellos estarían: La concepción de la Universidad como organización e institución de educación superior. La visión, los valores y la misión de la misma. La autonomía. La internacionalización de la Institución. El acceso al conocimiento. La calidad y la excelencia académicas (la acreditación). El establecimiento de redes para la excelencia. La relación educación superior-sociedad-Estado. La vinculación con el mundo del trabajo. La relación educación superior-otros niveles educativos. Los sistemas de dirección y gestión. La financiación y la autofinanciación. Los indicadores de gestión. (Clavijo, G.A, 2010)

Entre los aspectos que hacen referencia a lo que se denomina relaciones dentro estarían aquellos atinentes a la renovación académica y administrativa en la Institución. Todos aquellos que conciernen a las transformaciones académicas comprenderían los que se llamaría modernización y modernidad e incluirían aspectos básicos como: la calidad de la gente y de los programas; las transformaciones curriculares y pedagógicas; la formación en competencias básicas; la transformación y el fortalecimiento de la investigación y de la proyección social; la reorganización del sistema de saberes (reordenamiento de la organización académica); con referencia a las transformaciones administrativas se debe replantear las incongruencias entre la estructura administrativa y la organización académica; hacer de la Institución una organización que aprende; el mejoramiento de los procesos de planificación y la calidad de los ambientes y la infraestructura física o social.

Para explicar el papel que juegan las universidades en la conformación de nuevas expresiones de sociedad, cultura, de relaciones sociales, de economía, de globalidad, de movimientos y cambios locales intensos, de regionalización y de conformación de bloques subregionales o regionales diversos y contrastantes, se requiere impulsar un gran debate sobre el carácter de los cambios que están presentes en el marco de lo que se ha caracterizado de forma diversa, y hasta contrastante, como el desarrollo hacia una “sociedad del conocimiento” (Ana Lucia Gazzola Axel Didriksson, 2008)

Cada fase de construcción de una sociedad y de una cultura, aparece con un sentido común diferente, con nuevos instrumentos y tecnologías, con pensamientos, usos y costumbres, y por supuesto ideas. Se trata de un estadio de la vida social en el que lo que se aprende puede llegar a ser determinante para ubicarse en este nuevo periodo, y que la educación y la cultura se conviertan en lo socialmente determinante (Castells, 1999).

El artículo 69 de la Constitución Política de 1991; la ley 30 de 1992, artículos 28 a 30, garantizan que la Universidades lleven a cabo la reforma estructural en cada institución con base en un acuerdo sobre la Universidad deseable y posible, todo ello se ha de llevar a la visión, a la misión, al Proyecto Educativo Institucional y al Modelo Pedagógico. La visión, la misión, el Proyecto Educativo Institucional y el Modelo Pedagógico que sigue a la misión constituyen un ideal de Universidad,  hay que convertirlos en posibles y realizables ello se logra mediante los Acuerdos de Política que expidan los Consejos Superiores o los Consejos Académicos, por ejemplo, sobre investigación transdisciplinar y transcompleja.

Se requiere la pronta expedición del decreto modificatorio del 1280 de 2018 que contenga las modificaciones, adiciones y acuerdos logrados entre el Misterio de Educación Nacional y la comunidad académica y además que refleje los nuevos retos de la educación y de la Universidad en el siglo XXI.

El Acuerdo 01 de 2018 del CESU, por el cual se actualizan los lineamientos para acreditación de alta calidad institucional y de programas de pregrado, ha de ser revisado y actualizado con fundamento en el nuevo decreto que reemplace al Decreto 1280 de 2018.

Es urgente modificar los artículos 86 y 87 de la ley 30 de 1992 para que los incrementos presupuestales acordados con el actual gobierno se conviertan en política de Estado a partir de 2022.

Referencias
Bricall, Josep M (2000). Informe Universidad 2000.Tomo I. Barcelona. p.ii
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Clavijo, G.A (2010) La universidad colombiana de cara al 2050. Revista TEORÍA Y PRAXIS INVESTIGATIVA, Volumen 5 – No. 1, Enero – Junio 2010 Centro de Investigación y Desarrollo, CID / Fundación Universitaria de Área Andina. Páginas 43- 57. Consultado el 20 de diciembre de 2018. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3701451.pdf
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Clavijo, G.A (2018 c) Formación de ingenieros en el siglo XXI. Bogotá, octubre 8. Disponible en: https://drive.google.com/drive/folders/1FK-SqcXNUZ0fLDez_Itb3yK_TFBE-X_0?usp=sharing
Friedman, Thomas L. (2018) Gracias por llegar tarde. Cómo la tecnología, la globalización y el cambio climático van a transformar el mundo en los próximos años. Deusto Barcelona. Segunda edición Colombia, agosto de 2018. Impresión editorial Nomos S.A
Gazzola, Ana Lucia y Didriksson, Axel (2008). Tendencias de la Educación Superior en América Latina y el Caribe. IESALC-UNESCO. Caracas
González Brito, Julio César. La universidad fragmentada. Una mirada desde la complejidad. Instituto Politécnico Nacional. México. Consultado el 21 de diciembre de 2018. Disponible en: http://www.boletin.upiita.ipn.mx/index.php/ciencia/64-cyt-numero-02/609-la-universidad-fragmentada-una-mirada-desde-la-complejidad
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