septiembre 20, 2018 7:27 pm


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La U. frente al cambio y la preservación de valores

Por: JOSÉ MANUEL RESTREPO. Rector Universidad del Rosario. En El Espectador

Junio 2018 Se celebró en Salamanca con motivo de los 800 años del alma mater de las universidades hispanoamericanas, la Universidad de Salamanca, el quinquenal encuentro de rectores de universidades del mundo que organiza Universia. Un evento que, como ninguno otro, reúne a más de 700 representantes de la educación superior para reflexionar sobre los retos que enfrentan las universidades en las próximas décadas.

En esta oportunidad fueron diversos los temas estudiados, incluyendo el cambio demográfico, la necesidad de que la investigación responda al bienestar de la sociedad, la urgencia de un cambio en la formación del talento humano para un mercado laboral más complejo, la respuesta a la globalización con sentido de inclusión, entre otros asuntos. Resumiéndolo en una sola frase, la respuesta de las universidades a esto que se ha llamado la cuarta revolución industrial desde su propia identidad y papel. Frente a retos como estos, viene a mi mente la expresión de la Comisión Kellogg de los Estados Unidos, cuando en referencia a lo mismo afirmaba: “muchas instituciones de educación superior ignoran el ambiente de cambio y, como los dinosaurios, ellas se arriesgan convirtiéndose en exhibiciones similares a las de Jurassic Park; lugares de enorme interés pero crecientemente irrelevantes en un mundo que les supera. La educación superior no puede darse el lujo de que eso suceda”.

Reconociendo entonces el ambiente de cambio, pero simultáneamente la necesidad de preservar los valores universales de ser universidad, sí es urgente responder a algunos de los planteamientos discutidos en Salamanca.

En primer lugar, se trata de fortalecer un modelo de universidad con mayor liderazgo social que contribuya al bienestar y a la equidad, así como al desarrollo territorial de nuestras naciones. Para esto se hace indispensable la construcción de muchas más alianzas entre la academia y los actores locales representativos de la sociedad civil y del sector empresarial. Menos competencia y mucho más cooperación orientada al desarrollo, así como a construir más equidad, inclusión y respeto a la diversidad.

En segundo lugar, el sistema universitario debe seguir siendo pilar del progreso científico, pero dicho avance no puede estar desligado de que con él a corto o largo plazo se trata de responder al bienestar de la sociedad, así como a la urgencia de avanzar en la innovación y la generación de valor. Las universidades tenemos un encargo social como prestadoras de un bien público que supone usar los recursos (pocos o muchos que se reciben) para hacer ciencia al servicio de los intereses y problemas que afectan y preocupan a la sociedad, buscando hacerlo con una investigación participativa, abierta y colaborativa.

En tercer lugar, debe el sistema universitario fortalecer su idea de ser un modelo diverso en el que la educación a lo largo de la vida tenga opciones como la educación terciaria, donde caben la educación superior universitaria y la no universitaria que incluye formaciones iniciales de tipo profesionales, vocacionales o artísticas, entre otras, y que permiten una forma de cualificación en la que el desarrollo de competencias es importante.

En cuarto lugar, y quizás el más importante, hay también un llamado a que, en esta revolución industrial, las universidades acerquemos lo físico a lo digital, pero también a lo humano. Sin duda vienen avances importantes de la tecnología que significan formas distintas de interacción en la docencia o en la investigación, pero lo anterior no puede ni debe desligarse de una universidad que se preocupe por mejorar la experiencia del estudiante para que se forme en la empatía, para que tenga esperanza en el futuro, para educar liderazgos más horizontales y menos verticales, para que construyan puentes en una sociedad que debe ser más universal, para que se forme críticamente, para que actúe éticamente y para que, en síntesis, se fortalezca el humanismo como sello distintivo.

Se trata entonces de una Universidad 4.0, pero con una nueva dosis de humanismo para enfrentar los retos humanos de esta sociedad distinta.

Usando las palabras del Magnífico rector de Salamanca, Miguel de Unamuno, para nuestros futuros sistemas universitarios aplica la idea de que “el que no sienta ganas de ser más, llegará a no ser nada”.

¡El reto está planteado!