Las condiciones que están llevando a las IES a reinventarse: Mario F. Hurtado – julio/19

Mario F. Hurtado es columnista de El Nuevo Siglo, sobre temas de educación:

Se comenzaron a publicar algunas cifras del censo nacional de población 2018. La primera noticia es que la pirámide poblacional del país está cambiando. Pasamos de una pirámide de base ancha a engrosarse en el medio. De forma sencilla la mayoría de colombianos somos adultos y en 20 años con la reducción de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida vamos a tener una población envejecida.

Varios aspectos sociales cambiarán radicalmente, el primero ya se hace evidente, la reducción de número de matriculados en las universidades. Según cifras del Snies, que es el Sistema Nacional de Información de Educación Superior, el país redujo en un 4,5% el número de estudiantes de 2017 a 2018, una reducción dramática que representa 40.000 estudiantes menos en las aulas, el mismo número de Pilos que se propuso el gobierno anterior para aumentar el acceso a las universidades de calidad.

Las universidades públicas tuvieron un descenso hace cuatro años, ahora se han mantenido en el número de estudiantes, así que esos 40 mil estudiantes no llegaron o se redujeron en las universidades privadas, por eso hay que analizar varios factores.

1) El fin de Ser Pilo Paga. Para algunos rectores como los de las universidades de la Sabana, Icesi o los Andes, sí se siente un impacto en la reducción de estudiantes nuevos en las universidades privadas acreditadas. Y es que el programa del gobierno de Santos representó un salto social para una generación de jóvenes y los puso en universidades a las que nunca se hubiesen podido inscribir. Fueron cuatro años donde 34.000 estudiantes ingresaron al sistema de calidad de educación superior privado. El programa de Generación E, creado por la actual administración, no se ha visto reflejado a la fecha en cambios positivos y ni siquiera se sienten esos estudiantes en las universidades, ni públicas, ni privadas.

2) Las duras condiciones laborales de los sectores más vulnerables. Para miles de colombianos el acceso a la educación superior ha sido un proyecto aspiracional de cambio de vida. Porque la mayoría de los estudiantes del sistema público y privado provienen de los estratos socioeconómicos uno, dos y tres. Hoy son los sectores más afectados con el desempleo, o la reducción de ingresos. Eso se relaciona de forma directa con el incremento de las matrículas, que han recibido críticas desde diferentes sectores, a eso se ha respondido que la educación de calidad cuesta. De forma sistemática las universidades han aumentado el IPC todos los años, mientras que miles de colombianos no reciben ese incremento. Hoy para familias con ingresos inferiores a $3 millones, tener un hijo en una universidad como Los Andes, Norte, Eafit, Rosario, Sabana o Externado donde una matrícula promedio estándar del semestre está sobre los $10 millones es casi imposible.

3) La cultura Millennial. Las generaciones nacidas en el siglo XXI que comenzaron la universidad desde 2017 tienen otra mentalidad. No quieren ser empleados, buscan o desean su propio negocio, tiene poca vocación para cumplir horarios y estructuras jerárquicas, por eso, han calado tanto los cursos en línea, los programas virtuales, los diplomados, las escuelas de cocina, la educación no formal. Será un reto para las universidades competir con las ofertas no formales y cómo demostrar que el plus de la formación formal sigue siendo necesario.

Las universidades se deben reinventar, hay varias estrategias, algunas en marcha como la doble titulación, ofertar programas más cortos, articularse con el sector privado para garantizar prácticas y la empleabilidad. Por otra parte en necesario que las universidades privadas cambien el modelo de costos basado en el valor de las matrículas, por uno que diversifique las fuentes de ingresos. El cambio poblacional y cultural hasta ahora se empieza a hacer evidente, pero parafraseando al autor israelita Yuval Noah Harari en su libro Homo Deus, de qué sirve vivir hasta los 150 años como se pronostica en las próximas generaciones, si no tenemos certeza de una vida de calidad, que implica una formación integral, un empleo o la tranquilidad de un ingreso para vivir bien.