diciembre 12, 2018 7:10 am

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  • Educación, Calidad, información - seguimiento diario al desempeño de nuestro sistema de educación superior

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Las promesas no cumplidas y los frustrados proyectos en educación superior del gobierno Santos

Agosto 9/18 Varias ilusiones frustradas caracterizaron la gestión, en educación superior, del presidente Juan Manuel Santos, en los ocho años de su gobierno, con sus ministras María Fernanda Campo, Gina Parody y Yaneth Giha. Con ellas pudo distraer a la opinión pública, esperanzada en promesas y proyectos que no se concretaron.

10 promesas incumplidas:

1) Gratuidad en educación superior si se firmaba la paz. Así lo prometió el hoy expresidente en enero de 2016 ante cientos de estudiantes de la Universidad Nacional, reunidos en el auditorio León de Greift. Se firmó la paz y la gratuidad no llegó.

2) El anuncio conjunto, con la ministra Yaneth Giha, de llegar, en 2018, al 1 % de inversión en actividades de ciencia, tecnología e innovación, con el aporte de recursos privados. La cifra escasamente llega a la mitad.

3) Llegar al 60 % de cobertura en 2018. Lo prometió en 2.014 y luego tuvo que bajar la meta al 57 %. En 2017 llegó al 53% y se duda que suba del 55 % al finalizar 2.018. La idea era subir 400 mil cupos (en campaña había propuesto 600 mil), con ayuda del Sena.

4) Los beneficios prometidos a los doctores colombianos que residen en el extranjero para que regresaran al país a trabajar, a través del programa de Colciencias “Tiempo de Volver”.

5) La creación de una Universidad del Ejército, prometida por el presidente Santos el 7 de agosto del año pasado en el Puente de Boyacá. Nunca se conoció avance al respecto.

5) La promesa de que Ser Pilo Paga sería una política de Estado. Tres veces lo prometió el presidente Santos (tanto con Gina Parody como con Yaneth Giha) y la última vez, con rectores de universidades privadas a bordo. Nunca se tramitó el propuesto proyecto de ley, por parte del Gobierno, y hoy hay incertidumbre sobre lo que pasará con este programa.

6) Recién llegado al poder, en 2010, Santos prometió crear la Universidad del Café. El anuncio lo hizo en Popayán en su reunión con la comunidad (Acuerdos para la Prosperidad). La nueva IES se dedicaría a la investigación y contaría con el apoyo del Gobierno Nacional y de algunos países europeos, para beneficiar siete millones de caficultores. Nunca prosperó la iniciativa.

7) Más recursos para la universidad pública. Fue una promesa permanente que quedó en pequeñas adiciones presupuestales. Incluso, en septiembre de 2016, el entonces ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas Santamaría, prometió, en el Tecnológico de Antioquia, que la reforma tributaria que se vendría no quitaría un solo peso a la educación. Un año después, el SUE denunciaría que los recursos de la reforma tributaria, para la educación superior pública, se fueron -en su mayoría- para el Icetex, para financiar Ser Pilo Paga (universidades privadas).

8) En agosto de 2014, cuando aún era ministra María Fernanda Campo, el presidente Santos recibió en Palacio de Nariño al Consejo Nacional de Educación Superior CESU, que le entregó -tras casi tres años de trabajo con el sector- el Acuerdo Superior 2034, propuesta de política pública. El primer mandatario dijo que lo acogería como un documento de su gobierno, y dos semanas después cambió a la ministra Campo por Gina Parody, quien “enterró” el documento.

9) La entonces viceministra Natalia Ariza prometió, en la UTP, que el país invertiría, en dos años, 500 mil millones en proyectos científicos para subir, entre otros, dos universidades colombianas entre las 100 mejores del ranking de Shangai. Resultados: Ni lo uno ni lo otro.

10) La ministra Gina Parody anunció la creación, con el SNET, de maestrías y doctorados técnicos y un proceso especial de acreditación de alta calidad del SENA. Ni lo uno ni lo otro.

10 Proyectos frustrados, anunciados y no finalizados

1) El Sistema Nacional de Educación Terciaria SNET. No salió ni por el Sena, ni por Mineducación ni por el Ministerio del Trabajo. Causa: No seconcertó adecuadamente, se quiso imponer, se escuchó a la empresa y a las instituciones de formación para el trabajo y el desarrollo humano, pero no a las instituciones de educación superior.

2) La Superintendencia de Educación, que fue un imperativo aceptado por el propio gobierno con la Ley 1740 de 2014, de inspección y vigilancia, y que nunca salió. Según el Ministerio porque las IES no estaban dispuestas a pagarla; para otros, por falta de interés del propio Ministerio para no perder poder en el sector.

3) El CONPES para reformar la Ley 30 y agenciar más recursos para la universidad pública. Al estilo de lo que pasó al final de la gestión de Cecilia María Vélez, se tramitó demasiado tarde, y terminó siendo un contentillo para las universidades públicas, en medio del desinterés o miedo de Mineducación de meterle diente de fondo a la Ley 30.

4) El programa de Universidades para la Paz, que aumentaría la cobertura en las universidades públicas con acreditación de alta calidad, con la posibilidad de inlcuir hasta programas nocturnos. El tema nunca despegó.

5) La Institución Universitaria de la Fiscalía: Nació en tiempo récord, y murió -también- en tiempo récord. Aunque era una iniciativa de la Fiscalía General de la Nación, desde Palacio de Nariño hicieron toda la presión para su aprobación. Tenía un presupuesto propio, envidiable para las demás IES públicas. Hoy es un simple recuerdo.

6) La acreditación obligatoria de las licenciaturas, metida a la brava en la Ley 1753, o Plan Nacional de Desarrollo, como un capricho del Ministerio de Educación para tratar de mejorar la calidad de los profesores (aparentes culpables de los bajos resultados en las pruebas PISA), y en contravía del espíritu de la Ley 30. Pasó el tiempo y el Ministerio se enredó con el proyecto, sumado a varios decretos sobre lineamientos en programas de educación, aún confusos y en manos de los jurídicos.

7) Icetex sólo para estudiantes en IES y programas acreditados. Funcionó sólo el primer semestre de 2018, en vigencia de la Ley 1753, impuesto por Mineducación e inconsulto con el sector. Se cayó con la Ley 911, de julio pasado, en la que el Presidente de la República (no se sabe si conscientemente o no) terminó derogando la iniciativa. Una muestra de incoherencia gubernamental.

8) El MIDE o Modelo de Indicadores de Desempeño de la Educación que, en 2015, entró con pie izquierdo por la forma arbitraria como el Ministerio definió criterios y clasificó las IES, hablando imprudentemente de las “peores IES” (así como impertinentemente habló de universidades de garaje). Aunque las versiones posteriores mejoraron, el sector no termina de convencerse, por la falta de diálogo pero, sobre todo, por la ausencia de criterios realmente acordes con la naturaleza de la educación superior, las IES y la normatividad.

9) La imprudencia, negligencia o falta de tacto del Ministerio para actuar en sus funciones de inspección y vigilancia. El apasionamiento desenfrenado de la exministra Parody con IES como la UNAD, le llevaron a exceder la fuerza del Estado y sus recursos para tratar de dañar a esa IES que, con el tiempo, y en todos los escenarios legales, ha demostrado su actuar conforme la ley, a tal punto que el propio Consejo de Estado regañó al Ministerio por actuar de manera imprudente. Curiosamente, mientras el Ministerio se ensañó con algunas IES, fue condescendiente con otras (como la Autónoma del Caribe) y totalmente flexible y ciego ante una dura y difícil realidad como el caso de la Universidad Incca, frente a la que no ha hecho nada.

10) El Ministerio cerró con un preocupante y delicado gesto de grosería, imposición inconsulta y desinterés por las preocupaciones del sistema, con la firma del Decreto 1280, sobre el sistema de aseguramiento de la calidad, que termina siendo una herencia compleja, de difícil administración, más costo financiero y enormes dudas en su interpretación para el nuevo Ministerio de Educación Nacional.