Ser Pilo Paga no es el problema

El investigador educativo Angel Pérez Martínez señala, en Razón Pública, cómo este programa ha recibido muchas críticas por su alto costo y por su sesgo hacia la educación privada, pero el problema no está en el programa, sino en el gran número de estudiantes que se quedan por fuera de la universidad o de la calidad.

El programa es pilo

El problema de la educación superior en Colombia no es el programa Ser Pilo Paga. Por el contrario, los jóvenes pilos están ayudando a que el país conozca que en este nivel educativo existen serios problemas, como decir:

- Falta de recursos,

- Mala calidad,

- Baja cobertura, especialmente para los más pobres,

- Insuficientes universidades de calidad en las regiones con menos desarrollo.

La meta del programa es lograr que 40.000 estudiantes “pilos” provenientes de las familias con los más bajos puntajes del Sisbén (pobres entre los pobres) accedan a la educación superior de más alta calidad en el año 2018. A estas alturas, el Ministerio de Educación puede afirmar que en dos años ya alcanzó el 56 por ciento de dicha meta.

Invertimos tan poco en educación que los 40.000 pilos nos parecen carísimos.

Al comenzar este año el gobierno anunció la ampliación del programa en 12.505 nuevos estudiantes, para un total de 22.505 vinculados a los mejores programas y universidades del país (recordemos que el programa arrancó en 2015 con 10.000 estudiantes). Asimismo se destaca en este año el esfuerzo del Ministerio de Educación para vincular 1.000 estudiantes pilos más en programas de licenciaturas, de manera que los mejores estudiantes en la media lleguen a ser docentes en el futuro.

¿Un programa costoso?

Según el Ministerio, en 2015 el programa tuvo un costo de 155.000 millones de pesos para financiar la matrícula y el sostenimiento de los 10.000 estudiantes pilos. Para 2016 los 12.505 estudiantes (5.318 mujeres y 7.187 hombres) requirieron 227.000 millones.

El costo de matrícula y sostenimiento por estudiante promedio en el año 2015 fue de 15,5 millones de pesos, que expresados en precios de 2016 se acercan a 16.554.000 pesos por estudiante. Los costos de los pilos seleccionados en 2016 ascendieron a 18.152.740 de pesos por estudiante. En pesos de 2016, a partir del año 2018 los 40.000 pilos necesitarán 726.110 millones de pesos anuales.

Esta suma puede sonar elevada, pero entonces el problema radica en que invertimos tan poco en educación que los 40.000 pilos nos parecen carísimos. Por ejemplo, 726.110 millones de pesos equivalen al 28 por ciento del total que este año le asignó la Nación al conjunto de las universidades oficiales y para cubrir tanto sus necesidades de funcionamiento como sus proyectos de inversión.

He dicho en otros artículos que las facultades de Educación en las universidades públicas recibieron del presupuesto nacional menos de 9 millones de pesos por estudiante en el año 2015.

Con los recursos destinados a los 40.000 pilos casi que podría duplicarse la ayuda que otorgará el ICETEX a los estudiantes de todo el país en 2016 (186.138 créditos en amortización y 259.955 créditos nuevos y renovados) y cuyo presupuesto, según el Ministerio de Hacienda, es de 422 mil millones de pesos este año.

Los investigadores Asmar y Gómez también sostienen que “las universidades con más estudiantes matriculados de SPP (Salle, Norte, Bolivariana, Andes, Javeriana), de continuar con la tendencia registrada en 2015, recibirán anualmente ingresos superiores al total de las transferencias anuales que la Nación hace a cada una de las siguientes universidades: Magdalena, Sucre, Amazonía, Surcolombiana, Francisco de Paula Santander, Guajira, Pacífico, Colegio Mayor de Cundinamarca, Tecnológica de Chocó, Córdoba, Cundinamarca, Llanos, Pamplona, Quindío y Distrital”.

A los pilos les gustan las privadas

Colombia tiene 286 instituciones de educación superior, de las cuales 80 son públicas y 206 son privadas. El gobierno solo ofrece a los estudiantes pilos las 39 universidades acreditadas como de alta calidad para que ellos elijan en cuál estudiar. El 85 por ciento de los estudiantes pilos de Colombia en 2015 escogieron universidades privadas.

Lo anterior significa que la mayoría de recursos van a las universidades privadas de calidad. Además quiere decir que cuando los padres de familia y los estudiantes tienen oportunidad de elección, sencillamente no eligen lo público.

Es probable que la mayoría de estudiantes pobres que hoy asisten a instituciones públicas en las regiones vayan porque no hay otra oportunidad (sin incluir universidades como la Nacional, del Valle, de Antioquía, Industrial de Santander y otras cinco o seis instituciones públicas de buena calidad).

¿Ser Pilo Paga jalona la calidad?

Según el gobierno, la calidad, entendida como resultados de los estudiantes en las pruebas SABER 11, mejoró entre el año 2014 y el 2015 en 8 puntos. ICETEX sostiene que en “en 2014, el 7 % de la población estudiantil alcanzó un puntaje superior a 310, en 2015 esa misma proporción alcanzó puntajes superiores a 318”.

El 85 por ciento de los estudiantes pilos de Colombia en 2015 escogieron universidades privadas.

Hay que decir que el programa Ser Pilo Paga ha sido bien vendido por el Ministerio de Educación y que son impresionantes su aceptación social y la de la comunidad educativa en las regiones. Por ejemplo invitado por la Universidad Tecnológica de Bolívar y la Fundación Mamonal, el año pasado participé en un curso de rectores de colegios oficiales de Sucre y Córdoba. Allí comprobé la importancia que le dan las instituciones escolares a clasificar estudiantes en el programa de los pilos: es un motivo de orgullo de los colegios, de los profesores y de los padres de familia.

Sin duda el programa puede contribuir a que las familias y los estudiantes más pobres valoren y den más importancia a la educación, a las pruebas SABER 11 y a la calidad.

El verdadero problema

El problema que tenemos que resolver como sociedad es qué pasa con el resto de los bachilleres, los normales, lo que no alcanzaron a ser pilos, cuyas familias no tienen recursos y en cuyas regiones no hay universidades de buena calidad.

En 2015 se graduaron cerca de 700.000 bachilleres, de los cuales 200.000 no tendrán oportunidad de ingresar a la educación superior. Seguramente una parte accederá a instituciones en programas diurnos o nocturnos de mala calidad. Y el programa Ser Pilo Paga no crea nuevos cupos, no amplia la cobertura en la educación oficial y no tiene por qué mejorar la calidad de las universidades de manera significativa (salvo quizás por el estímulo a que la institución se acredite para poder matricular algunos pilos).

Es cierto que las universidades privadas tienen mayor capacidad que las públicas para aumentar las matrículas ante programas como Ser Pilo Paga porque no dependen de aprobaciones presupuestales del Ministerio de Hacienda y de la regulación para proveer nuevos docentes.

Colombia aún no logra ni siquiera tasas de cobertura del 50 por ciento en educación superior. El Ministerio sabe que aumentar el acceso de los jóvenes a la educación superior exigirá una nueva infraestructura y financiar su funcionamiento (la meta de este gobierno es alcanzar el 60 por ciento de cobertura en educación superior). Pero para esto no hay recursos, ni intención política.

Entre las acciones indispensables para el posconflicto estará, en primer lugar, la de mejorar las oportunidades de los jóvenes y crear estratégicamente universidades o instituciones de educación superior de calidad. Por ejemplo, en el sur de Bolívar y en el Magdalena Medio no hay docentes, y estos tienen que traerse de Cartagena, Bucaramanga y otras ciudades. Pero quienes aceptan se van apenas tienen la oportunidad de otro empleo y los niños permanecen meses sin profesor, o el docente de matemáticas es remplazado por otro sin esta formación específica.

¿Por qué no dar un salto cualitativo y crear 4 o 5 municipios-universidades de acuerdo con necesidades y características regionales, en donde se concentren grandes aportes de recursos, esfuerzos de calidad y excelencia? Para los jóvenes que no tienen oportunidades de ninguna índole, la educación de calidad es el camino.

Los pilos dan ejemplo

Colombia puede realizar programas de calidad para los más pobres con indudables efectos positivos en términos de bienestar, equidad, integración y futuro desarrollo social y personal para los pilos.

Los pilos son el ejemplo perfecto para mostrar al país el escaso gasto que realizamos en las universidades públicas, lo cual afecta su calidad y la percepción que la sociedad y los estudiantes tienen sobre ellas.

Así mismo, se necesita reformar las universidades e instituciones de educación superior regionales, que han sido entregadas a los poderes políticos locales o departamentales, con escasos recursos y sin un norte para mejorar la calidad, la investigación y los aportes al desarrollo.

A los pilos hay que felicitarlos, pues son afortunados que hoy causan admiración y envidia. A ellos, por primera vez, una política pública los trata bien: acceden a créditos condonables con la única condición que se gradúen, y pudieron elegir una universidad privada o pública con total libertad.

*Profesor universitario y consultor en temas educativos.