La calidad de la educación superior: ¿un eslogan?

El profesor de la Universidad del Quindío, Diego Arias Serna, reflexiona, en el Diario La Crónica, cómo las exigencias de la calidad y la acreditación no siempre se orientan por el camino que debe ser, mientras que lo más importante no son los excelentes laboratorios, sino los atributos de los docentes y los estudiantes.

Las universidades colombianas han sido sometidas en los últimos años a la presión por la acreditación de alta calidad, que al lograrse se convierte en una llave que además del supuesto prestigio, les permite abrir puertas para acceder a recursos económicos del gobierno, empresas privadas y fundaciones. También pueden acceder a la ‘piñata’ de las regalías.

Asimismo, con ello se garantiza que su población estudiantil se incremente, pues es obvio que quienes sigan la formación universitaria aspiran ingresar a aquellas que ostentan la “medalla de excelencia”. Además, la que ha sido acreditada de alta calidad, no tiene escrúpulo, si es privada, en incrementar el valor de la matrícula.

Pero ¿qué se entiende por calidad de la educación superior? Hay varias respuestas: Una de ellas refiere a la eficacia en el logro de metas y objetivos, es decir, que el estudiante aprenda lo que se considera que debe asimilar.

Otra concepción de calidad es aquella que sustenta la excelencia en contenidos valiosos y útiles, de acuerdo a las necesidades sociales, y en particular, que forme al alumno según las necesidades de las empresas o como se dice en las últimas décadas, que adquiera la capacidad en desarrollar ideas de negocios.

De igual manera, se afirma que la universidad es de calidad si tiene una buena planta física, laboratorios, escenarios deportivos, sistemas de cómputos, profesores de tiempo completo y si todos o la mayoría con doctorado, mucho mejor. Además, que la relación docente-dicente sea la adecuada.

De nada sirven los laboratorios si no se usan

Puede haber más concepciones de calidad, sin embargo, esta no puede limitarse a una de las tres enunciadas. Y todas ellas juntas tampoco pueden sustentar la calidad si no se volaran. Por ejemplo, de nada sirve que la institución tenga laboratorios si estos no se usan adecuadamente o que sus profesores tengan formación a nivel de doctorado - Ph.D- si el título no es respaldado con lo que académicamente hace el docente.

Hay que acotar que el concepto de calidad, y por supuesto la universidad, no debe confundirse con un producto manufacturado en una fábrica, al que sí se le puede evaluar mucho más fácil. Las instituciones de educación superior deberían prestar un servicio a la sociedad y valorarlo es difícil.

Un aspecto que debe estar implícito en la calidad de la enseñanza es el espíritu crítico, la creatividad, la iniciativa, etc. y que los estudiantes estén en condiciones de seguir aprendiendo y para ello debe amar el título que ha recibido. Otro aspecto muy importante cuando la corrupción está “oxidando la carcasa ética y moral de la sociedad”, es la formación en valores.

Esto último no se logra porque se den asignaturas de ética, sino porque se eduque con el ejemplo, no solo de profesores sino también de administrativos. De nada sirve formar un excelente ingeniero civil, por ejemplo, si no tiene escrúpulos en ingresar a la caravana de contratistas que aceptan ofrecer la ‘mordida’ para que les den un contrato o ahorran en la estructura de un edificio poniendo en peligro la vida de quienes lo ocupen.

Los alumnos deben adquirir habilidades cognitivas

Otro aspecto importante de la calidad, es que se desarrollen habilidades cognoscitivas complejas. Sin embargo, de acuerdo con la información disponible, la mayoría de los estudiantes universitarios no alcanza ese objetivo, como las ya mencionadas de ser reflexivo, crítico y tener iniciativas.

El problema de la apuesta que están haciendo las universidades colombianas por acreditarse en alta calidad, radica en que - en varios casos - aquella está más sustentada por un ‘excelente’ diligenciamiento de formularios y en disfrazar las exigencias, que por unos verdaderos requisitos.

El mismo Consejo Nacional de Acreditación – CNA -, que depende del Consejo Nacional de Educación Superior, no está tan acreditado como para hacer cumplir las exigencias.

Por ejemplo, se pide que la relación profesor-estudiante sea de uno a treinta, cuando la realidad de las mejores universidades del mundo, enseñan que esa relación es muy inferior, siendo de una media de 12 alumnos por docente, y en algunos casos, esa relación es de 3,5 como sucede en la universidad de Oxford.

Qué mejor norte para conseguir una universidad de alta calidad que imitar lo que hacen instituciones como Harvard, Stanford, Oxford, el Instituto Tecnológico de California – Caltech-, Cambridge, el Instituto Tecnológico de Massachusetts - MIT - y las demás, que junto con las nombradas, siempre ocupan los primeros lugares en varios ranking.

El MIT vincula a excelentes profesores internacionales

Parte de la fórmula para lograr la calidad la tiene el MIT, que está comprometida en vincular a los mejores profesores y los estudiantes más sobresalientes que terminan la educación básica, no solo de EE.UU. sino también de todo el mundo, teniendo del orden de 3 mil alumnos de 90 países. Excelentes profesores y estudiantes, es lo que le ha permitido hacer grandes aportes científicos y tecnológicos a la sociedad.

Así que lo más importante no son los excelentes laboratorios, sino los atributos de los docentes y los estudiantes, para lograr la universidad de alta calidad. Y a eso es a lo que le debe apuntar la universidad colombiana, si quiere, al menos, parecerse a las mejores del mundo. Porque otro factor que se tiene en cuenta en los ranking es la presencia de premios Nobel, lo cual será muy difícil que, por ahora, eso se vaya a dar en al menos en una de nuestras instituciones.

Phil Baty, editor de los World University Rankings elaborados por THE, a partir de sus recientes indagaciones, encontró que los primeros 200 establecimientos de educación superior tenían un ingreso anual de 751.139 dólares por académico, mientras que la que estaba en el top 400 era de 606.345 dólares. También halló que esas instituciones tienen un profesor por cada 11,7 estudiantes y la del top 400 el promedio es 12,5.

Además, contratan el 20% de su personal en el extranjero, y el 43 por ciento de sus investigaciones cuentan con coautores extranjeros. Afirma Baty: “Son universidades que para combatir desafíos globales reúnen a personas de distintas culturas”.