¿Qué tanto afectará la internacionalización educativa el nacionalismo de Trump?

Creado en Lunes, 13 Marzo 2017 Publicado el Lunes, 13 Marzo 2017

Philip G. Altbach y Hans de Wit, sugieren que pese a la visión anti-migrante de Donald Trump, la realidad de la educación como un negocio y la industria que ésta genera podrán evitar el marchitamiento de la internacionalización de la educación superior.

Parafraseando a Karl Marx: “un espectro amenaza la internacionalización de la educación superior, se trata del dramático crecimiento de la xenofobia nacionalista que se extiende en varios países”. ¿Cómo afectará este contexto a las universidades, a su internacionalización, a las tendencias mundiales de movilidad de estudiantes y de académicos? En primer lugar, la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos va a traer resultados impredecibles en diferentes áreas. Su victoria electoral fue una suma de discursos nacionalistas y xenofóbicos. Nuestro colega –y ex director de la facultad de Artes y Ciencias de la Universidad de Harvard—Henry Rosovsky (quien vivió el nacimiento del nacismo en la ciudad de Danzing alrededor de los años 1930) dijo durante la campaña de Trump: “uno puede oler el tufillo de Weimar en EE.UU.” (recordemos que la promulgación de Weimar fue un antecedente del ascenso de Adolf Hitler).

Pero el caso de Trump no es aislado. Otros ejemplos vienen de Europa, como el Brexit. La votación a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea fue un reflejo también de la fuerza de tendencias xenófobas y nacionalistas en la sociedad inglesa y cuyos efectos se dejarán sentir en la internacionalización de la educación superior. Polonia y Hungría también son países donde se observan amenazas del posible resurgimiento de partidos nacionalistas y en contra de la Unión Europea y la globalización en general. Igualmente hay signos preocupantes en Francia, Alemania, Grecia y Holanda; así como en Rusia con Putin y en Turquía con Erdogan, donde cobran énfasis los discursos nacionalistas. Casos similares se presentan en Asia con los presidentes Duterte, Modi y Abe en Filipinas, India y Japón respectivamente; inclusive en China también hay algunos signos de resurgimiento nacionalista, o los guiños de Netanyahu en Israel. Con diferentes énfasis, pero las situaciones que se presentan en estos países muestran una fotografía preocupante de un giro en el mundo, ante el cual la educación superior y su internacionalización no se podrán mantener al margen.

No es propósito de este texto explicar estos resurgimientos de nacionalismo popular, pero mencionaremos algunos aspectos. En algunos países el segmento de población que apoya estos movimientos son –generalmente– aquellos que no accedieron a la educación superior y que han sido víctimas de la inequidad económica, estos grupos culpan de sus problemas a la globalización y a sus élites cosmopolitas. Y en efecto, estas élites han sido cómplices del crecimiento de la inequidad como lo revela un reciente estudio de Oxfam que revela que los ocho hombres más ricos poseen casi la mitad de la riqueza del mundo. El aprovechamiento educativo es necesario para el éxito económico y la movilidad social, pero al mismo tiempo, el acceso a la educación superior, especialmente a las universidades de mayor prestigio, se ha vuelto cada vez más competitivo. Además, la globalización también se relaciona con la competencia económica, con la reducción de trabajos que no necesitan una alta calificación, con la automatización de los procesos de producción y otros temas donde los académicos no han puesto suficiente énfasis. Mientras que crece el desempleo para trabajadores menos calificados, los graduados de las universidades de clase mundial, incluidos los migrantes altamente capacitados, toman un lugar más relevante en la llamada economía del conocimiento.

Si bien, las universidades modernas han sido por naturaleza internacionales y deberán seguir siéndolo, los retos que enfrentan en este momento hacen dudar lo que sucederá con ellas. Como se sabe, la globalización ha influido fuertemente a la educación superior, entre otros aspectos a través de la movilidad de estudiantes y académicos, la producción científica y la difusión del conocimiento más allá de las fronteras. Debido a que la comunidad de educación superior tiende a ser casi siempre progresiva en los debates políticos y sociales, consecuentemente se esperaría que esta comunidad se ponga del lado de la globalización y el internacionalismo frente a la ola mundial de nacionalismo y xenofobia. Una tema importante en este debate es la noción de ciudadanía global que es fuertemente asociada con la internacionalización de la educación superior: es decir, la idea de que la ciudadanía moderna no es sólo local sino también global en sus alcances. No sorprende que Donald Trump y Theresa May critiquen duramente la idea de ciudadanía global a pesar de que diversos autores defienden la idea de la relevancia de que la educación superior forme ciudadanos globales.

No es fácil discutir las implicaciones de los cambios hacia el nacionalismo, incluyendo la antiglobalización, los movimientos anti-Europeos o las ideas anti-migración. Los resultados de las encuestas como las que levantan la Asociación Internacional de Universidades, la Asociación Europea de Universidades, el Consejo de Educación Estadounidense y la Asociación Europea para la Educación Internacional en años recientes muestran un fuerte y constante compromiso de las instituciones de educación superior con la internacionalización. De hecho, casi dos terceras partes de universidades alrededor del mundo tiene estrategias de internacionalización y/o han incorporado la internacionalización como un pilar de su misión y visión. Los gobiernos nacionales también han incrementado sus estrategias de internacionalización, en parte buscando que sus universidades se vuelvan más competitivas en el contexto internacional. La promoción de la cooperación y de la mejora de los rankings y de la movilidad estudiantil como un recurso institucional y nacional para generar recursos se ha vuelto una preocupación central y la formación global ciudadana es considerada clave para desarrollar políticas públicas.

¿Será posible que estas tendencias desaparezcan ante las nuevas tendencias de políticas nacionalistas? Es difícil imaginarlo. Lo que se debe diferenciar también es que en la internacionalización de la educación superior convergen el interés por la educación de ciudadanos globales, pero también la comercialización mundial de los servicios educativos que se ha convertido en un importante mercado. Esos aspectos asociados a la internacionalización están mucho más conectados con la visión de Donald Trump: entender a la educación como un negocio, por ejemplo, la industria alrededor de la atracción de estudiantes, de programas propedéuticos, la difusión de franquicias y de otras empresas con fines de lucro que tan bien sintetizan las actividades mercantiles vinculadas a la internacionalización. Será interesante observar cómo el discurso anti-migrante de Theresa May y otros será mantenido cuando se comiencen a ver los impactos negativos en la economía a raíz de los cambios en las universidades –considerando, por ejemplo, el fuerte impacto que tienen los estudiantes internacionales en la economía local de los países.

Por lo pronto no se puede esperar que le vaya muy bien a la comercialización de lo que podría llamarse la “industria de la internacionalización de la educación superior” en estos tiempos políticos. Pero también las otra caras de la internacionalización, las más optimista, como la internacionalización en casa (los esfuerzos locales por promover una educación más inter y multicultural) y la formación global de ciudadanía se verán afectadas.

En el caso de México, para ilustrar estas contradicciones, a aquellos estudiantes de este país que pueden pagar sus estudios en los Estados Unidos se les permitirá seguir yendo a obtener un grado académico pero también contribuirán, si se quiere de manera indirecta, a pagar por el muro que se pretende construir para detener el paso de migrantes con poca educación, muchos de los que también son mexicanos. Y sin duda, pasará lo mismo con los musulmanes de Arabia Saudita y socios similares, a los que se les permitirá la entrada a los Estados Unidos, siempre y cuando tengan con qué pagar los altos costos de las mejores universidades en dicho país.

¿Pero los estudiantes internacionales seguirán queriendo ir al Reino Unido o a Estados Unidos? Al menos un grupo importante de las universidades siguen siendo optimistas. La autonomía de la mayoría de las instituciones de educación superior en Europa o en EE.UU. y su respuesta actual desde una postura abierta la educación global frente a la ola de nacionalismo y xenofobia son elementos que ayudan a sostener ese cierto optimismo. Lo mismo aplica para la mayoría de los jóvenes, una generación que están haciendo activismo en contra del nacionalismo, la xenofobia y la indiscriminada comercialización de la educación. Ante la poca claridad sobre qué va a pasar con la internacionalización de la educación, sobretodo al considerar las restricciones a la migración que se anuncian, el incremento de cuotas a estudiantes internacionales y otros cargos, no es tan claro imaginar qué va a pasar con los estudiantes de las economías emergentes de África, Asia y América Latina, que son las regiones que más estudiantes envían a las instituciones de educación superior de los países desarrollados. Si al final los estudiantes de estos países deciden dejar de ir a estudiar al Reino Unido y a los Estados Unidos, se pueden anticipar irrupciones masivas de los flujos de estudiantes.

¿Qué esperar?

Como se mencionó, es difícil predecir el futuro en estos tiempos complejos e inciertos. Pero algunos de los temas que emergen en nuestra opinión son los siguientes cuatro:

1) El reforzamiento de la parte comercial de la internacionalización en tanto que la educación con fines de lucro, los programas de educación propedéutica y las agencias que promueven esta perspectiva se beneficiarán de alguna manera de esta ola de nacionalismo porque en el caso de EE.UU. existe el riesgo de que se imponga la visión empresarial de Trump en la educación.

2) El crecimiento de la oposición a desarrollar políticas como la “internacionalización en casa” (promoción de estudios con un carácter multicultural, internacional y que busque la formación de ciudadanos globales); en este caso consideramos que las universidades ejerciendo su autonomía pueden tener un papel más importante que el propio apoyo gubernamental.

3) La reducción de financiamiento y de apoyo a la internacionalización de la educación superior en los Estados Unidos y en el Reino Unido, pero también posiblemente en la Unión Europea donde el programa Erasmus cumplirá pronto 30 años pero no se sabe con certeza qué seguirá o bien si el ambicioso programa de investigación (el “Horizon 2020”) logrará tener una extensión más allá de eso o si el propio proceso de Boloña, que ha sido tan distintivo de la educación superior europea, proseguirá.

4) El crecimiento de nuevos actores en la internacionalización de las universidades como Australia, Canadá, Nueva Zelanda y en el largo plazo Asia, África y América Latina, paulatinamente algunos de estos países y regiones se volverán más activas en la internacionalización de su educación superior. No se debe eludir la manera como China busca proactivamente tomar el lugar dominante de los Estados Unidos en el mundo (en la economía y otras áreas).

Sin duda estamos entrando en un periodo muy complejo en los procesos de internacionalización de la educación superior y esto representa un reto para la concepción de la universidad que de manera tan diligente se construyó en América del Norte y en Europa en el último medio siglo. La responsabilidad de mantener esta visión recaerá sobre la comunidad académica y algunos sectores de la sociedad, al igual que ciertos gobiernos que tendrán que plantarle cara a esta ideología ultranacionalista. Y a pesar de que somos pesimistas, esperamos que esta lógica con aires de lo que representó “Weimar” –la emergencia de las sociedades autoritarias– no logrará al final, dominar a las democracias de occidente.

Philip G. Altbach es profesor investigador y director fundador del Centro para la Educación Superior Internacional del Boston College en Estados Unidos.

Hans de Wit es profesor investigador y director actual del Centro para la Educación Superior Internacional del Boston College en Estados Unidos.

*Rector Universidad Pedagógica Nacional.