El falso dilema de ‘ni chicha ni limonada’

Creado en Lunes, 13 Marzo 2017 Última actualización el Lunes, 13 Marzo 2017

El observador Víctor Manuel Gómez rechaza la propuesta del también observador Miguel Angel Sandoval (Formación profesional vs. Formación universitaria. SNET: Ni chicha ni limonada) sobre la organización del sistema de educación terciaria. Para Gómez, tanto el SENA como las instituciones ETDH deben continuar cumpliendo con sus respectivas misiones, que nada tienen que ver con la educación superior, y sin necesidad de nuevos CONPES, ni proyectos de Ley, ni como ‘pilares’ en el SNET.

A propósito del nuevo proyecto del SENA de crear el programa de Formación Profesional Integral y la Maestría Técnica, la Dirección de ASENOF (Gremio de las Instituciones de ‘Educación para el Trabajo y el Desarrollo Humano’ (ETDH), con interés en articularse al sistema de Formación Profesional Integral propuesto por el SENA), en reciente artículo en El Observatorio de la Universidad Colombiana, ha propuesto el falso dilema entre la Formación Universitaria y la Formación Profesional, coloquialmente expresada como Ni chicha ni limonada.

El documento de ASENOF ratifica la propuesta del SENA de crear dos sistemas distintos y separados: la formación universitaria y la formación para el trabajo (o formación profesional). Propuesta criticada por al Rector de la U Pedagógica en su artículo: ‘Mineducación debe impedir avance de reformas educativas impulsadas por Mintrabajo’.

Estos dos sistemas -distintos y separados- coexisten en varias sociedades, siendo Alemania y países que siguen la llamada ‘tradición germánica’ los ejemplos más representativos. En otras sociedades existen mecanismos de articulación y complementación entre ambas modalidades de formación. Conviene entonces revisar brevemente los principales pros y contras, o efectos sociales y económicos, de ambas modalidades.

El principal argumento del SENA, y de su socio ASENOF, para la separación entre ambos sistemas o modalidades de formación es la necesidad de los programas de ‘formación para el trabajo’ de ser autónomos en sus decisiones curriculares y pedagógicas, en sus criterios y estándares de calidad, en sus relaciones con el sector productivo, en su cuerpo docente y en su formas de gobierno. Se formula la necesidad de contar con una normatividad propia, diferente de la educación universitaria. Se postula que la crisis y limitaciones de las IES de la actual educación técnica y tecnológica (REDTTU, ACIET) se debe en gran medida a su relación con el sector académico-universitario, lo que les genera serios problemas de identidad y reconocimiento social y educativo, además de estar sometidas a criterios y estándares de calidad propios de las IES universitarias, muy diferentes de las de formación técnica y tecnológica. Esta deseada autonomía y separación del sistema de educación superior, como se propone en la actual propuesta del SENA, permitiría crear un Sistema Nacional de Formación para el Trabajo, independiente de la educación superior, con normatividad propia y con la intención de definir sus programas de formación mediante el criterio de ‘formación por competencias’, lo que equivale a que los imaginario y expectativas pragmáticas de algunos sectores productivos consultados se conviertan en el diseño curricular de los programas. ¿Solo se formarían competencias laborales específicas según diferentes sectores productivos y tipos de empresas?

En otras sociedades, por el contrario, se presentan diversas modalidades de articulación y complementación entre la educación técnica y la universitaria. Un ejemplo muy importante es el de los ‘community colleges’; vigente en Estados Unidos, Canadá, Japón, Corea, y otros países. En estos ‘colleges’ de dos años de duración, con programas de índole técnica, cada estudiante toma su propia decisión personal de si solo quiere tomar créditos para su programa técnico; lo que lo convierte en ‘terminal’; o si además quiere tomar algunos créditos de índole general, académica (Inglés, Historia, Matemáticas..) que le permiten posteriormente continuar estudios universitarios en los colleges de 4 años. Esta importante experiencia de los community colleges señala el falso dilema de la separación entre la formación técnica y la universitaria. En estos colleges se ofrecen cursos tanto técnicos y aplicados como generales y humanistas, lo que constituye un valioso aporte a la mejor calidad de la formación del futuro técnico-ciudadano. Igualmente importante es su aporte a la movilidad social y educativa pues un alto porcentaje de estudiantes en los colleges universitarios de 4 años proviene de los community colleges de nivel postsecundario. En esta experiencia educativa priman los valores de movilidad social, inclusión y calidad de la educación, en lugar del modelo pragmático y reduccionista de ’formación por competencias’, que olvida que la principal competencia del futuro ciudadano-productor no es el saber hacer sino el saber pensar, el saber discernir, el desarrollo de sus competencias intelectuales generales, como condición para su inserción creativa en la sociedad y no solo como un simple operario sin capacidad de discernir. ¿Puede, por ejemplo ser hoy en día un buen técnico si no se es bilingüe y sin capacidad de comprensión de lectura compleja? ¿Sin capacidad de discernir, de medir, de verificar, de comprender, de continuar aprendiendo?

Esta discusión está plenamente vigente en Alemania y otros países que han optado por la separación institucional entre la formación técnica y la educación general, por la razones ya presentadas de exigencias de mayor nivel de formación general en los técnicos. Otra razón, de índole social, es la gran desigualdad de oportunidades de participación social, cultural y política entre ciudadanos con solo formación técnica y aquellos con formación general. Esta desigualdad social ha sido señalada en las pruebas PISA en las que Alemania muestra una gran dispersión en los puntajes alrededor del promedio. A mayor concentración de puntajes en el promedio, mayor es la igualdad de logros educativos en la población.

La lógica de la ‘formación por competencias’ tiene además importantes limitaciones. La primera es que las ‘competencias’ laborales están cambiando continuamente debido al rápido ritmo de la innovación tecnológica en la producción y los cambios en la estructura de ocupaciones y oficios, todo lo cual genera la gran dificultad metodológica –y conceptual- de cuáles son las competencias laborales que se deben formar, y cómo actualizar continuamente el currículo a los cambios en las competencias laborales. La segunda dificultad es la gran heterogeneidad de sectores productivos y tipos de empresas, lo que implicaría una formación ‘a la medida’ de cada sector y empresa? La tercera dificultad es la más importante, a medida que aumenta la complejidad del trabajo es más difícil identificar cuál es la ‘competencia’ específica requerida pues se mezcla, se integra, lo técnico y lo operativo, con la capacidad de discernir, de analizar , de medir, de verificar, de innovar. Estas son ‘competencias’ generales, no específicamente laborales, que seguramente no son solicitadas por algunos sectores y empresas, pero que son básicas en la formación del ciudadano-trabajador, y además son necesarias en procesos de modernización y productividad de la producción. Estas son las competencias ‘generales’ que debe tener todo futuro técnico-ciudadano, cuya formación refuerza la necesidad de mayor articulación entre la formación general y la técnica profesional, en lugar del falso dilema de ASENOF de separar ambos tipos de formación.

Hay entonces importantes razones políticas para rechazar el pragmatismo reduccionista de la ‘formación por competencias’, y la separación propuesta de la formación para el trabajo, de la matriz intelectual de la educación general o universitaria.

Conviene finalmente señalar que esta discusión sobre la separación o articulación entre la educación general y la formación laboral no se daba antes de la arbitraria decisión de la Min Educación del gobierno de Uribe de incluir las estadísticas de programas del SENA como cobertura en la educación superior, con el fin de inflar artificialmente esa cobertura. Antes de esa desafortunada decisión, el SENA estaba dedicado a su misión de formación profesional, sin aspirar a articularse con la educación superior, y las instituciones de educación no-formal; ahora eufemísticamente llamadas de ‘educación para el trabajo y el desarrollo humano’ (ETDH); ofrecían numerosos programas de capacitación para oficios y ocupaciones de baja calificación; que ni son técnicos ni requieren pertenecer a la educación superior; y cumplían así una importante función social de capacitación laboral. Tanto el SENA como las instituciones ETDH deben continuar cumpliendo con sus respectivas misiones, que nada tienen que ver con la educación superior, y sin necesidad de nuevos CONPES, ni proyectos de Ley, ni como ‘pilares’ en el SNET.

Una vez lograda la efectiva separación del SENA y de las instituciones de ETDH de la educación superior, quedan todavía pendientes los problemas de la mala calidad, la pobre financiación, el bajo estatus social y educativo, y la falta de claridad conceptual y curricular entre la educación técnica y la tecnológica, en el sistema de educación superior. Estas son importantes tareas pendientes en una futura propuesta de educación terciaria para Colombia.