Más esfuerzos para financiar doctorados

Creado en Martes, 28 Marzo 2017 Última actualización el Jueves, 30 Marzo 2017

Para Raúl Avila Forero, en Dinero.com, Colciencias se esfuerza por dirigir correctamente los recursos a doctorados en el país, pero el dinero no es suficiente.

Más allá del escándalo por el uso indebido de recursos para proyectos de ciencia, tecnología e innovación, Colciencias se esfuerza por dirigir correctamente los recursos a doctorados en el país. Sin embargo, el dinero direccionado parece no ser suficiente para estos proyectos y cubrir las necesidades de Colombia en la materia.

Una de las aspiraciones de algunos egresados a nivel nacional es la continuación de su línea de aprendizaje, abordando un postgrado que permita la especialización de los saberes adquiridos durante la carrera universitaria. Aunque son altas las expectativas, los obstáculos para finalizar toda una línea de trabajo, llegando incluso hasta la culminación de un doctorado, es una cuestión de amplio debate y difícil acceso para algunos. Y esto, ¿por qué se da?

Según estimaciones de Colciencias, al año en nuestro país solo se gradúan 6,6 doctores por cada millón de habitantes; cifra que mantiene en apuros al actual Gobierno que aspira a tener el país más educado en América Latina para el 2025. Esta situación es atribuible básicamente al bajo nivel de oferta de becas, los altos costos que se mantienen para llevar un doctorado por financiación propia, y el difícil vínculo de sinergias laborales entre doctorantes y empresas. Actualmente, en Colombia realizar un doctorado a nivel nacional cuesta alrededor de $250 millones y un aproximado de $400 millones si se desea en el exterior.

Así, Colombia se mantiene en un considerable rezago educativo con un presupuesto insuficiente de $360.000 millones anuales, manteniendo al país con un precario aporte del 0,2% del PIB en investigación y desarrollo. Precisamente, una de las consecuencias de esos bajos montos, ha sido una disminución drástica de oferta de becas de Colciencias para estudiar doctorados en un 66% en los últimos años, reflejo de la deficiente gestión financiera de la educación pública superior.

Hace algunos años, obtener un doctorado era una garantía para iniciar una prometedora carrera investigadora; a medio plazo todo doctorante obtenía un buen puesto de trabajo académico en una universidad, o en un instituto de investigación o el departamento de I+D de una gran empresa (generalmente en el exterior). Mientras en el mundo hay excesivos programas de doctorado produciendo demasiados doctores, para un mercado laboral limitado, en Colombia carecemos de profesionales de este perfil y lo sufrimos con serios atrasos en nuestros desarrollos de innovación.

Como resultado, muchos doctores no pueden desarrollar una carrera académica o investigadora en el mundo, y Colombia no es una plaza fácil para llegar, las ofertas son escasas, mal remuneradas, y el involucramiento con las firmas nacionales es sumamente limitado, salvo algunos esfuerzos e iniciativas aisladas, no es una plaza atractiva de trabajo, esa es nuestra cruda realidad.

Es claro que, ante la falta de profesionales con título de doctorado, el desarrollo de nuevo conocimiento y de investigación de alta calidad se ve fuertemente limitada, y no contribuye al desarrollo de ideas de negocio, fortalecimiento de gestión, mejoras de procesos, y desarrollo de productos y servicios para el ámbito empresarial. La triada Schumpeteriana de Estado, Universidad y Empresa se ve desligada, y las sinergias poco aprovechadas en Colombia; mientras otros países basan su crecimiento en I+D precisamente en este potenciamiento, y en el aprovechamiento positivo del conocimiento y habilidades de los doctorantes al servicio de las empresas, el empresariado colombiano no los usa.

La baja inversión en proyectos de impacto repercute en una falta de creatividad en el país, reflejo fiel de bajas solicitudes de patentes de invención por profesionales nacionales correspondientes a un 12% del total. Al parecer, también dependemos de la importación de ideas para sostener, en alguna medida, nuestra propiedad intelectual.

Aunque el país ha mantenido esfuerzos por incrementar la cantidad de doctores graduados durante la última década, la deficiencia en comparación con el mundo se mantiene en una amplia brecha en cuanto a especialización del conocimiento. La inferioridad evidenciada en títulos de doctorado se relaciona con nuestro rezago en áreas del conocimiento, afectando aspectos de innovación tecnológica y búsqueda de soluciones en diversas ciencias, aspectos que condicionan el progreso de varios sectores de la economía.

No hemos sido capaces de evaluar los impactos en el largo plazo, si se invierte lo suficiente en educación para dejar de depender de la exportación de materias primas y bienes de baja tecnología implícita. La riqueza del conocimiento es en realidad el eje transversal del desarrollo económico, no el ecosistema de corrupción y desvío de recursos que han librado la batalla contra la desfinanciación.

Las empresas deberían seguir potenciando aún más parte de sus recursos, no como responsabilidad social, sino como una inversión. Los programas de doctorado, en su mayoría, pareciera que no están diseñados para formar a doctores que abandonen la investigación una vez hayan defendido su tesis. Son programas de doctorado demasiado especializados e irrelevantes para el mundo laboral más allá del académico, y es allí, donde un relacionamiento de las empresas, centros de investigación y universidades podrían potenciar el desarrollo de áreas de estudio que solucionen los problemas que enfrentan las empresas nacionales, ese es el reto.