Medios de comunicación universitarios y sociedad

Creado en Lunes, 03 Abril 2017 Última actualización el Lunes, 03 Abril 2017

Reproducimos la interesante intervención del exrector de la Universidad Nacional, Moisés Wasserman, en el foro "Medios de comunicación universitarios y sociedad", realizado en noviembre pasado, sobre una nueva forma de ver esta relación.

Quiero en esta breve intervención hacerme unas preguntas e intentar responderlas. Son preguntas casi infantiles en su estilo y que muy posiblemente diríamos que están superadas y son innecesarias. Sinembargo, creo que como con las preguntas ingenuas que hacen los niños, esos por qué y para qué pueden ayudar a definir lo importante, lo central en muchas de las cosas que hacemos ya por inercia, porque siempre se hacen o porque todo el mundo las hace.

¿Para qué un sistema de información universitario?

No es obvio que se necesite. De hecho durante siglos la Universidad ha publicado sus resultados de diversas formas sin la necesidad de tener un sistema de comunicación o de información dirigido al público amplio no especializado. Pero la Universidad ha cambiado y hay que reconocer que tiene nuevas tareas que antes no se le asignaban. La sociedad también ha cambiado y hoy exige respuesta a sus inversiones en recursos, en esfuerzos y en esperanzas. El concepto de “exigibilidad” o “accountability” es la norma y no hay prácticamente organización social que no deba presentarle cuentas a la sociedad amplia.

Así, las antiguas exigencias de la Universidad a la sociedad para que la apoyara y la financiara se ha cambiado por un pacto de apoyo mutuo. La Universidad le pide recursos a la sociedad, esta le exige respuesta a sus problemas, exige que la Universidad no solo forme profesionales sino que se convierta en un actor directo en la búsqueda de soluciones a sus problemas.

La sociedad exige información y conocimiento. La Universidad de investigación es un fenómeno relativamente nuevo, pero hoy es sin duda la universidad esperada y sobre la cual recaen esperanzas y expectativas.

Todo eso genera un deber nuevo y muy importante de las universidades que es la comunicación con la gente, no solo con sus estudiantes y profesores. Una comunicación que actualice y que enriquezca, que difunda nuevas tendencias en el país y en el mundo, que popularice los nuevos desarrollos y prepare, o al menos estimule a la gente para que se prepare en la adopción de tecnologías y procesos que están cambiando su vida.

Ese deber, puede ser llenado por medio de un sistema de comunicación directo con prensa escrita, radio, televisión y web. Por eso no es extraño que la mayoría de las universidades que pretenden tener influencia desarrollan sus propias emisoras, programadoras, agencias de noticias, periódicos y revistas. Cada vez más se ven como función natural y no como un injerto extraño o de dudosa necesidad.

Hoy se acepta ya como función misional de la Universidad la comunicación con la sociedad, y a esa función misional que a veces se reduce solo a la extensión debe añadirse la difusión cultural y científica y la formación y actualización continua de la gente.

Basta una mirada a nuestro medio más cercano para comprobar que esto es cierto. Prácticamente todas las universidades públicas, pero sin duda las más grandes, a pesar de sus carencias financieras, tienen por lo menos periódico, una o varias emisoras de radio y programadora de televisión. Las privadas más destacadas también. Todas se han unido para mantener el canal de televisión zoom con programación 24 horas y vemos también varios canales regionales que son el resultado de esfuerzo conjunto por parte de alianzas de instituciones de educación.

Algunas universidades tienen robustos programas de difusión artística con museos, orquestas, teatros y auditorios y de difusión científica por medio de informes, programas de televisión, videos, programas de educación no formal, programas de educación empresarial y otros.

¿Por qué no contentarnos con las redes sociales?

Las redes sociales se han convertido en un medio de comunicación muy eficiente y muy barato. Es un medio que predomina en las poblaciones jóvenes (como son en gran parte las universitarias), que ha sido desarrollado por esas mismas poblaciones, que muestran una confianza, a veces excesiva en él. En una encuesta que hicimos hace algunos años entre los estudiantes de esta universidad preguntábamos qué tan informados y que tan confiable era la información de profesores y de estudiantes sobre los asuntos de la universidad. La respuesta fue muy concluyente en el sentido de que los profesores estaban bien informados y los estudiantes muy mal informados. La siguiente pregunta era a quién le solicitaban información cuando querían enterarse, y la respuesta mayoritariamente fue a los colegas estudiantes. Eso a pesar de que antes habían reconocido que estaban mal informados.

Vimos también la eficiencia de las citaciones a actividades lúdicas, positivas y menos positivas en la Universidad. Cómo se reunía en un par de horas multitudes para un aquelarre, mientras que el sistema para informar las fechas del calendario académico era bastante menos efectivo.

Esas anécdotas muestran la fortaleza de las redes, pero también su debilidad. La pregunta sobre por qué no basta con esas redes para tener un buen sistema de información es pues muy relevante. Veamos algunos otros hechos:

Por ejemplo las 3 universidades top mundiales según el ranking de Shangai:

Harvard tiene 5 millones de seguidores en Facebook, 650.000 en Twitter, 298.000 Instagram.

Stanford tiene 1.000.000 en Facebook, 440.000 en Twitter y 165.000 en Instagram

MIT tiene 870.000 en Facebook y 485.000 en Twitter

Las universidades españolas más importantes tienen apenas 1/20 de ese número de seguidores pero están creciendo geométricamente. La mayor es la de Barcelona que tiene 117.000 seguidores en Facebook.

En las colombianas la campeona en Twitter es UNAL con 61.000, en Facebook la de Antioquia con 90.000 y en Linkedin la U de los Andes con 4887.

Eso muestra que el potencial es enorme. Si además se miden visitas a la página de web, parecería que el esfuerzo en los medios formales es desperdiciador ya que se llega a muchísima más gente y con mucho menor esfuerzo.

¿Entonces por qué, a pesar de todos esos datos, no podemos contentarnos con las redes y hay que desarrollar un sistema de comunicación más formal?

Igual que en el caso anterior por la exigencia de “accountability”. Por la confianza de la gente (que no debe ser traicionada jamás) en el rigor y la veracidad de su información. En la red se puede decir cualquier cosa, se puede usar cualquier idioma, se puede insultar en cualquier tono. La Universidad tiene un deber de informar con objetividad, de usar en cierta forma el método científico para acercarse a la verdad.

Otro factor importante que debe ser considerado es la vigencia de la información. Los medios tradicionales tienen una permanencia mucho mayor. Los tuits duran un instante. Quien no está en ese momento revisando o no se pone después a buscarlos jamás va a encontrar los mensajes. Son mensajes parecidos a las señales de humo que veíamos en las películas de indios y vaqueros. El que no las veía en su momento quedaba fuera de los asuntos.

Los medios universitarios usan textos, relativamente elaborados y detallados. El lema de que una imagen es mejor que mil palabras no es cierto. La imagen, o los textos muy breves no explicados, se prestan a interpretaciones diversas, son ambiguos, a veces son equívocos. Los textos universitarios deben entregar un mensaje con claridad, con sustento y con completud (en la medida de lo posible).

No debe ser por supuesto el dilema binario de lo uno o lo otro. La Universidad debe hacer presencia en las redes sociales con altura universitaria, pero eso no resuelve los problemas mencionados, ni la libera de la obligación de informar y comunicarse con su público en forma más profunda.

Seguramente hay un reto muy grande en esa comunicación. La tendencia, o al menos la tendencia que algunos creen ver es a la mayor utilización de redes y lectura muy limitada en extensión y profundidad. Habrá que ser imaginativo y convencer contundentemente con un producto de excelencia para competir exitosamente con las redes.

¿Qué responsabilidades tiene la prensa de la U que no tiene la prensa general?

La prensa general, en especial la muy buena prensa general, hace análisis de la situación actual, y tiene también secciones importantes de ciencia, de literatura y de arte. Pero la Universidad tiene ahí la inmensa ventaja de que es el lugar donde están los expertos, donde se genera el conocimiento y en gran medida también las nuevas creaciones artísticas. Sin duda es el lugar en el que primero se enteran de lo nuevo que pasa en el mundo, en todos esos campos.

La capacidad de la prensa es limitada y cada vez más limitada (por los desarrollos financieros que en todo el mundo la constriñen) para conseguir las opiniones más ilustradas en todos esos campos. La Universidad tiene a esos expertos a su disposición, en forma gratuita, puesto que son parte de su propia comunidad.

Esa ventaja se convierte en una responsabilidad muy grande con la sociedad, la responsabilidad de llevarle análisis profundos y con conocimiento, la de difundir nuevas tendencias culturales y artísticas y la de hacer conocer progresos científicos y tecnológicos.

Acá el reto de los comunicadores es muy grande, y me referiré a él más adelante.

¿Hay áreas vedadas o áreas preferentes?

La mayoría de los medios en el país y en el mundo responden a un dueño que, incluso con la mejor de las voluntades, tiene intereses y posiciones políticas que finalmente se verán reflejadas en la información y análisis que presentan en mayor o menor medida. Los medios estatales sin duda presentan una posición políticamente sesgada, los medios privados, aunque hagan grandes esfuerzos de neutralidad (a los que su mismo público los ha obligado), de todas formas no pueden desprenderse del hecho de que dependen financieramente, para su existencia, de grupos económicos de interés.

Los medios universitarios tienen la ventaja de depender de una institución que en principio es autónoma del gobierno y de las presiones políticas. No podemos tampoco pasar de excesivamente ingenuos y decir que por eso son totalmente imparciales. Hay grupos al interior de la universidad con posiciones claras y combativas y que por supuesto analizarán la actualidad desde su óptica particular. Eso más que legítimo es inevitable.

Lo que sí puede hacer la Universidad por su propia condición es mantener un gran pluralismo, una amplia diversidad de opiniones, y un estilo y tono deliberativo (se llama académico) que no descalifica opiniones contrarias aunque trata de refutarlos. Una prensa que analiza, que critica, pero no una prensa partidista. Si eso se hace así, la prensa universitaria tendrá un valor educativo adicional para la sociedad, el de educar a la tolerancia y a la civilidad. En caso contrario se desvirtúa y desvirtúa al principio mismo de la autonomía universitaria que no reza solo para los gobiernos sino para los partidos y para presiones políticas o económicas de cualquier índole.

¿Si hay prensa científica, frecuentemente producida desde la Universidad, para qué una que estrictamente no lo es?

Esta pregunta se acerca mas directamente a la que me han hecho en la convocatoria. La relación entre la ciencia y la comunicación no especializada, o no científica, de la Universidad.

La verdad es que (al menos en Colombia, pero no somos excepcionales en eso) la mayor parte de la investigación científica se produce en las universidades, y se publica en revistas que son editadas y mantenidas por las mismas universidades.

La difusión de los resultados de la ciencia es una labor que solo para revistas “top” de muy alto reconocimiento y solicitadas en todas las bibliotecas y bases de datos es económicamente sostenible. Sostenible además bien sea por un costo de suscripción muy alto, o recientemente con cobros a los autores de tal magnitud, que para nosotros mal financiados, son prácticamente impagables. Para la mayoría de las revistas locales, aun con buena presencia internacional, la ausencia de una institución que las apoye organizativa y financieramente significa la imposibilidad de subsistir en término largo y de mantener una aparición periódica que es fundamental para su presencia y para su impacto.

El índice colombiano Publindex, en su inventario de 2014 (hay unos cambios recientes que están en gran discusión por eso me referiré al anterior) clasificó 526 revistas científicas en Colombia, en todas las áreas del conocimiento, ciencias naturales, humanas y sociales y artes. El 90% son editadas por una universidad. En la categoría más alta A1 hay 29 revistas de las cuales 25 son universitarias. En todas las categoría, la presencia de la universidad como editor (lo que implica el soporte académico y el financiero) no baja del 85% (eso tal vez quiera decir que la Universidad no necesariamente define calidad, sino simplemente define su posibilidad de existir). En la clasificación de Sapiens Research, entre las 16 mejores revistas científicas del país una sola no es universitaria. El número pequeño no es suficiente para cambiar las conclusiones anteriores sobre todo el universo de revistas.

La característica básica de todas esas revistas (más rigurosa en cuanto mejor calificadas están) es la evaluación de los artículos por pares, expertos en el campo, pero no colegas en la misma institución. Es decir, con el clásico sistema que se aplica en todo el mundo, la publicación debe ser reconocida por unos editores que conocen el tema en profundidad y que juzgan su originalidad y su aporte al conocimiento. No voy a entrar en las discusiones que hay aquí y en todo el mundo sobre si funciona bien el sistema y si es tan libre de sesgos como se pretende, eso es problema para otro foro.

Lo que uno diría con los datos anteriores es que la tarea de la Universidad, en la difusión de los resultados de sus investigadores, está bien cumplida. Eso sería totalmente cierto si no fueran ciertas las conclusiones de las primeras preguntas que nos hicimos. Me refiero a la ampliación del público potencial. Es que hoy, no basta con escribir para los colegas, el público general, la sociedad, exige y tiene el derecho de enterarse de lo que se hace en la Universidad. Es ese pacto de apoyo mutuo en el que los científicos piden el apoyo de la sociedad y ésta les exige que responda a sus inquietudes, incluyendo las muy básicas y filosóficas sobre el universo, la naturaleza y la posición de nuestra especie en ella.

Acá surge una gran dificultad. El idioma de las ciencias, se desarrolló para ser muy preciso en sus afirmaciones, para evitar ambigüedades. De tal forma que lo que diga el científico colombiano sea entendido exactamente, por sus colegas acá y en todo el mundo, en la misma forma que él lo entiende. Esa necesidad de precisión ha llevado al desarrollo de lenguajes altamente formalizados y muy especializados. Puedo decir que en mi propia área del conocimiento un bioquímico puede no entender los términos que usa un químico teórico y a éste le pueden resultar totalmente incomprensibles los que usa un químico orgánico. Ni que decir respecto a un biólogo escuchando una charla de topología de un matemático, o a un físico tratando de entender a un genetista molecular. En las ciencias sociales es algo menos extrema esa exclusividad del idioma, pero también existe.

Es decir, en el idioma de la ciencia se han venido construyendo dialectos, slangs, que uno necesariamente usa para que lo entiendan bien sus colegas más cercanos, pero que generan la incomprensión de cualquier no iniciado.

Acá, el papel de los comunicadores puede y debe ser fundamental. Será positivo si lo hacen bien, catastrófico si no. Los comunicadores tienen la tarea titánica de actuar como traductores, y la responsabilidad inmensa de no ser lo que describe el famoso proverbio italiano “Traduttore, traditore”: traductor, traidor. Esto infortunadamente se da con frecuencia por la dificultad de la tarea, y porque se necesitaría un traductor políglota en extremo para ejercer su labor en campos disímiles del conocimiento científico.

Mencionaba con anterioridad la dificultad que tiene la prensa general porque carece de expertos para cada campo en el que surge una novedad, y la gran ventaja de la Universidad que si los tiene. Pero los expertos rara vez saben decir las cosas en un idioma tan suficientemente neutro como para que todos lo entiendan. El comunicador por el contrario si domina ese idioma universal, ese esperanto del periodismo. Pero con frecuencia en la traducción pierde el rigor y termina informando en forma aparentemente comprensible y simplificada, hechos que en realidad son incomprensibles para él y que incluso pueden resultar abiertamente falsos en la forma en la que se presentan.

La solución de ese problema es por supuesto la respuesta a la pregunta del millón. Mi propuesta no es ni original, ni fácil. La mejor forma para resolver este problema debe ser la asociación de los dos actores. Hay algunos científicos que tienen la extraordinaria capacidad de ser inteligibles para todos y además interesantes: Carl Sagan, Richard Dawkins, Stephen Hawking, Michio Kaku o Brian Greene. Pero, son realmente excepcionales y aunque tienen una visión amplia comparada con la de la mayoría de sus colegas y hacen buenos intentos para expandirla, inevitablemente deben restringirse a un área relativamente estrecha de conocimiento especializado.

Hay algunos periodistas que traducen muy bien, pero resultaría excesivo, realmente imposible, que entendieran, solo con leerlo, el slang especializado en áreas diversas. Resulta además iluso pensar, que con la presión que se da en la prensa que está informando permanentemente y saliendo con informes rápido antes de ser “chiviados”, tengan el tiempo para estudiar un tema con cuidado y entenderlo en profundidad.

Posiblemente si lo hacen juntos el científico y el periodista podrán lograr la misión casi imposible. El comunicador, el periodista cuidará que la presentación sea clara y amena y que “agarre” al lector. El científico revisará con cuidado que no se estén diciendo cosas inexactas. Porque la forma más fácil de ser ignorante es saber una falsedad. Debe tener además un criterio lo suficientemente amplio para no considerar que solo se es exacto cuando se usa ese idioma que solo entienden él y sus colegas cercanos.

Creo que esa es la tarea más importante de los medios universitarios en relación con la ciencia. No es una tarea fácil. Pero es que las tareas fáciles ya las hicieron los otros.

¿Para qué un sistema de información universitario?

No es obvio que se necesite. De hecho durante siglos la Universidad ha publicado sus resultados de diversas formas sin la necesidad de tener un sistema de comunicación o de información dirigido al público amplio no especializado. Pero la Universidad ha cambiado y hay que reconocer que tiene nuevas tareas que antes no se le asignaban. La sociedad también ha cambiado y hoy exige respuesta a sus inversiones en recursos, en esfuerzos y en esperanzas. El concepto de “exigibilidad” o “accountability” es la norma y no hay prácticamente organización social que no deba presentarle cuentas a la sociedad amplia.

Así, las antiguas exigencias de la Universidad a la sociedad para que la apoyara y la financiara se ha cambiado por un pacto de apoyo mutuo. La Universidad le pide recursos a la sociedad, esta le exige respuesta a sus problemas, exige que la Universidad no solo forme profesionales sino que se convierta en un actor directo en la búsqueda de soluciones a sus problemas.

La sociedad exige información y conocimiento. La Universidad de investigación es un fenómeno relativamente nuevo, pero hoy es sin duda la universidad esperada y sobre la cual recaen esperanzas y expectativas.

Todo eso genera un deber nuevo y muy importante de las universidades que es la comunicación con la gente, no solo con sus estudiantes y profesores. Una comunicación que actualice y que enriquezca, que difunda nuevas tendencias en el país y en el mundo, que popularice los nuevos desarrollos y prepare, o al menos estimule a la gente para que se prepare en la adopción de tecnologías y procesos que están cambiando su vida.

Ese deber, puede ser llenado por medio de un sistema de comunicación directo con prensa escrita, radio, televisión y web. Por eso no es extraño que la mayoría de las universidades que pretenden tener influencia desarrollan sus propias emisoras, programadoras, agencias de noticias, periódicos y revistas. Cada vez más se ven como función natural y no como un injerto extraño o de dudosa necesidad.

Hoy se acepta ya como función misional de la Universidad la comunicación con la sociedad, y a esa función misional que a veces se reduce solo a la extensión debe añadirse la difusión cultural y científica y la formación y actualización continua de la gente.

Basta una mirada a nuestro medio más cercano para comprobar que esto es cierto. Prácticamente todas las universidades públicas, pero sin duda las más grandes, a pesar de sus carencias financieras, tienen por lo menos periódico, una o varias emisoras de radio y programadora de televisión. Las privadas más destacadas también. Todas se han unido para mantener el canal de televisión zoom con programación 24 horas y vemos también varios canales regionales que son el resultado de esfuerzo conjunto por parte de alianzas de instituciones de educación.

Algunas universidades tienen robustos programas de difusión artística con museos, orquestas, teatros y auditorios y de difusión científica por medio de informes, programas de televisión, videos, programas de educación no formal, programas de educación empresarial y otros.

¿Por qué no contentarnos con las redes sociales?

Las redes sociales se han convertido en un medio de comunicación muy eficiente y muy barato. Es un medio que predomina en las poblaciones jóvenes (como son en gran parte las universitarias), que ha sido desarrollado por esas mismas poblaciones, que muestran una confianza, a veces excesiva en él. En una encuesta que hicimos hace algunos años entre los estudiantes de esta universidad preguntábamos qué tan informados y que tan confiable era la información de profesores y de estudiantes sobre los asuntos de la universidad. La respuesta fue muy concluyente en el sentido de que los profesores estaban bien informados y los estudiantes muy mal informados. La siguiente pregunta era a quién le solicitaban información cuando querían enterarse, y la respuesta mayoritariamente fue a los colegas estudiantes. Eso a pesar de que antes habían reconocido que estaban mal informados.

Vimos también la eficiencia de las citaciones a actividades lúdicas, positivas y menos positivas en la Universidad. Cómo se reunía en un par de horas multitudes para un aquelarre, mientras que el sistema para informar las fechas del calendario académico era bastante menos efectivo.

Esas anécdotas muestran la fortaleza de las redes, pero también su debilidad. La pregunta sobre por qué no basta con esas redes para tener un buen sistema de información es pues muy relevante. Veamos algunos otros hechos:

Por ejemplo las 3 universidades top mundiales según el ranking de Shangai:

Harvard tiene 5 millones de seguidores en Facebook, 650.000 en Twitter, 298.000 Instagram.

Stanford tiene 1.000.000 en Facebook, 440.000 en Twitter y 165.000 en Instagram

MIT tiene 870.000 en Facebook y 485.000 en Twitter

Las universidades españolas más importantes tienen apenas 1/20 de ese número de seguidores pero están creciendo geométricamente. La mayor es la de Barcelona que tiene 117.000 seguidores en Facebook.

En las colombianas la campeona en Twitter es UNAL con 61.000, en Facebook la de Antioquia con 90.000 y en Linkedin la U de los Andes con 4887.

Eso muestra que el potencial es enorme. Si además se miden visitas a la página de web, parecería que el esfuerzo en los medios formales es desperdiciador ya que se llega a muchísima más gente y con mucho menor esfuerzo.

¿Entonces por qué, a pesar de todos esos datos, no podemos contentarnos con las redes y hay que desarrollar un sistema de comunicación más formal?

Igual que en el caso anterior por la exigencia de “accountability”. Por la confianza de la gente (que no debe ser traicionada jamás) en el rigor y la veracidad de su información. En la red se puede decir cualquier cosa, se puede usar cualquier idioma, se puede insultar en cualquier tono. La Universidad tiene un deber de informar con objetividad, de usar en cierta forma el método científico para acercarse a la verdad.

Otro factor importante que debe ser considerado es la vigencia de la información. Los medios tradicionales tienen una permanencia mucho mayor. Los tuits duran un instante. Quien no está en ese momento revisando o no se pone después a buscarlos jamás va a encontrar los mensajes. Son mensajes parecidos a las señales de humo que veíamos en las películas de indios y vaqueros. El que no las veía en su momento quedaba fuera de los asuntos.

Los medios universitarios usan textos, relativamente elaborados y detallados. El lema de que una imagen es mejor que mil palabras no es cierto. La imagen, o los textos muy breves no explicados, se prestan a interpretaciones diversas, son ambiguos, a veces son equívocos. Los textos universitarios deben entregar un mensaje con claridad, con sustento y con completud (en la medida de lo posible).

No debe ser por supuesto el dilema binario de lo uno o lo otro. La Universidad debe hacer presencia en las redes sociales con altura universitaria, pero eso no resuelve los problemas mencionados, ni la libera de la obligación de informar y comunicarse con su público en forma más profunda.

Seguramente hay un reto muy grande en esa comunicación. La tendencia, o al menos la tendencia que algunos creen ver es a la mayor utilización de redes y lectura muy limitada en extensión y profundidad. Habrá que ser imaginativo y convencer contundentemente con un producto de excelencia para competir exitosamente con las redes.

¿Qué responsabilidades tiene la prensa de la U que no tiene la prensa general?

La prensa general, en especial la muy buena prensa general, hace análisis de la situación actual, y tiene también secciones importantes de ciencia, de literatura y de arte. Pero la Universidad tiene ahí la inmensa ventaja de que es el lugar donde están los expertos, donde se genera el conocimiento y en gran medida también las nuevas creaciones artísticas. Sin duda es el lugar en el que primero se enteran de lo nuevo que pasa en el mundo, en todos esos campos.

La capacidad de la prensa es limitada y cada vez más limitada (por los desarrollos financieros que en todo el mundo la constriñen) para conseguir las opiniones más ilustradas en todos esos campos. La Universidad tiene a esos expertos a su disposición, en forma gratuita, puesto que son parte de su propia comunidad.

Esa ventaja se convierte en una responsabilidad muy grande con la sociedad, la responsabilidad de llevarle análisis profundos y con conocimiento, la de difundir nuevas tendencias culturales y artísticas y la de hacer conocer progresos científicos y tecnológicos.

Acá el reto de los comunicadores es muy grande, y me referiré a él más adelante.

¿Hay áreas vedadas o áreas preferentes?

La mayoría de los medios en el país y en el mundo responden a un dueño que, incluso con la mejor de las voluntades, tiene intereses y posiciones políticas que finalmente se verán reflejadas en la información y análisis que presentan en mayor o menor medida. Los medios estatales sin duda presentan una posición políticamente sesgada, los medios privados, aunque hagan grandes esfuerzos de neutralidad (a los que su mismo público los ha obligado), de todas formas no pueden desprenderse del hecho de que dependen financieramente, para su existencia, de grupos económicos de interés.

Los medios universitarios tienen la ventaja de depender de una institución que en principio es autónoma del gobierno y de las presiones políticas. No podemos tampoco pasar de excesivamente ingenuos y decir que por eso son totalmente imparciales. Hay grupos al interior de la universidad con posiciones claras y combativas y que por supuesto analizarán la actualidad desde su óptica particular. Eso más que legítimo es inevitable.

Lo que sí puede hacer la Universidad por su propia condición es mantener un gran pluralismo, una amplia diversidad de opiniones, y un estilo y tono deliberativo (se llama académico) que no descalifica opiniones contrarias aunque trata de refutarlos. Una prensa que analiza, que critica, pero no una prensa partidista. Si eso se hace así, la prensa universitaria tendrá un valor educativo adicional para la sociedad, el de educar a la tolerancia y a la civilidad. En caso contrario se desvirtúa y desvirtúa al principio mismo de la autonomía universitaria que no reza solo para los gobiernos sino para los partidos y para presiones políticas o económicas de cualquier índole.


¿Si hay prensa científica, frecuentemente producida desde la Universidad, para qué una que estrictamente no lo es?

Esta pregunta se acerca mas directamente a la que me han hecho en la convocatoria. La relación entre la ciencia y la comunicación no especializada, o no científica, de la Universidad.

La verdad es que (al menos en Colombia, pero no somos excepcionales en eso) la mayor parte de la investigación científica se produce en las universidades, y se publica en revistas que son editadas y mantenidas por las mismas universidades.

La difusión de los resultados de la ciencia es una labor que solo para revistas “top” de muy alto reconocimiento y solicitadas en todas las bibliotecas y bases de datos es económicamente sostenible. Sostenible además bien sea por un costo de suscripción muy alto, o recientemente con cobros a los autores de tal magnitud, que para nosotros mal financiados, son prácticamente impagables. Para la mayoría de las revistas locales, aun con buena  presencia internacional, la ausencia de una institución que las apoye organizativa y financieramente significa la imposibilidad de subsistir en término largo y de mantener una aparición periódica que es fundamental para su presencia y para su impacto.

El índice colombiano Publindex, en su inventario de 2014 (hay unos cambios recientes que están en gran discusión por eso me referiré al anterior) clasificó 526 revistas científicas en Colombia, en todas las áreas del conocimiento, ciencias naturales, humanas y sociales y artes. El 90% son editadas por una universidad. En la categoría más alta A1 hay 29 revistas de las cuales 25 son universitarias. En todas las categoría, la presencia de la universidad como editor (lo que implica el soporte académico y el financiero) no baja del 85% (eso tal vez quiera decir que la Universidad no necesariamente define calidad, sino simplemente define su posibilidad de existir). En la clasificación de Sapiens Research, entre las 16 mejores revistas científicas del país una sola no es universitaria. El número pequeño no es suficiente para cambiar las conclusiones anteriores sobre todo el universo de revistas.

La característica básica de todas esas revistas (más rigurosa en cuanto mejor calificadas están) es la evaluación de los artículos por pares, expertos en el campo, pero no colegas en la misma institución. Es decir, con el clásico sistema que se aplica en todo el mundo, la publicación debe ser reconocida por unos editores que conocen el tema en profundidad y que juzgan su originalidad y su aporte al conocimiento. No voy a entrar en las discusiones que hay aquí y en todo el mundo sobre si funciona bien el sistema y si es tan libre de sesgos como se pretende, eso es problema para otro foro.

Lo que uno diría con los datos anteriores es que la tarea de la Universidad, en la difusión de los resultados de sus investigadores, está bien cumplida. Eso sería totalmente cierto si no fueran ciertas las conclusiones de las primeras preguntas que nos hicimos. Me refiero a la ampliación del público potencial. Es que hoy, no basta con escribir para los colegas, el público general, la sociedad, exige y tiene el derecho de enterarse de lo que se hace en la Universidad. Es ese pacto de apoyo mutuo en el que los científicos piden el apoyo de la sociedad y ésta les exige que responda a sus inquietudes, incluyendo las muy básicas y filosóficas sobre el universo, la naturaleza y la posición de nuestra especie en ella.

Acá surge una gran dificultad. El idioma de las ciencias, se desarrolló para ser muy preciso en sus afirmaciones, para evitar ambigüedades. De tal forma que lo que diga el científico colombiano sea entendido exactamente, por sus colegas acá y en todo el mundo, en la misma forma que él lo entiende. Esa necesidad de precisión ha llevado al desarrollo de lenguajes altamente formalizados y muy especializados. Puedo decir que en mi propia área del conocimiento un bioquímico puede no entender los términos que usa un químico teórico y a éste le pueden resultar totalmente incomprensibles los que usa un químico orgánico. Ni que decir respecto a un biólogo escuchando una charla de topología de un matemático, o a un físico tratando de entender a un genetista molecular. En las ciencias sociales es algo menos extrema esa exclusividad del idioma, pero también existe.

Es decir, en el idioma de la ciencia se han venido construyendo dialectos, slangs, que uno necesariamente usa para que lo entiendan bien sus colegas más cercanos, pero que generan la incomprensión de cualquier no iniciado.

Acá, el papel de los comunicadores puede y debe ser fundamental. Será positivo si lo hacen bien, catastrófico si no. Los comunicadores tienen la tarea titánica de actuar como traductores, y la responsabilidad inmensa de no ser lo que describe el famoso proverbio italiano “Traduttore, traditore”: traductor, traidor. Esto infortunadamente se da con frecuencia por la dificultad de la tarea, y porque se necesitaría un traductor políglota en extremo para ejercer su labor en campos disímiles del conocimiento científico.

Mencionaba con anterioridad la dificultad que tiene la prensa general porque carece de expertos para cada campo en el que surge una novedad, y la gran ventaja de la Universidad que si los tiene. Pero los expertos rara vez saben decir las cosas en un idioma tan suficientemente neutro como para que todos lo entiendan. El comunicador por el contrario si domina ese idioma universal, ese esperanto del periodismo. Pero con frecuencia en la traducción pierde el rigor y termina informando en forma aparentemente comprensible y simplificada, hechos que en realidad son incomprensibles para él y que incluso pueden resultar abiertamente falsos en la forma en la que se presentan.

La solución de ese problema es por supuesto la respuesta a la pregunta del millón. Mi propuesta no es ni original, ni fácil. La mejor forma para resolver este problema debe ser la asociación de los dos actores. Hay algunos científicos que tienen la extraordinaria capacidad de ser inteligibles para todos y además interesantes: Carl Sagan, Richard Dawkins, Stephen Hawking, Michio Kaku o Brian Greene. Pero, son realmente excepcionales y aunque tienen una visión amplia comparada con la de la mayoría de sus colegas y hacen buenos intentos para expandirla, inevitablemente deben restringirse a un área relativamente estrecha de conocimiento especializado.

Hay algunos periodistas que traducen muy bien, pero resultaría excesivo, realmente imposible, que entendieran, solo con leerlo, el slang especializado en áreas diversas. Resulta además iluso pensar, que con la presión que se da en la prensa que está informando permanentemente y saliendo con informes rápido antes de ser “chiviados”, tengan el tiempo para estudiar un tema con cuidado y entenderlo en profundidad.

Posiblemente si lo hacen juntos el científico y el periodista podrán lograr la misión casi imposible. El comunicador, el periodista cuidará que la presentación sea clara y amena y que “agarre” al lector. El científico revisará con cuidado que no se estén diciendo cosas inexactas. Porque la forma más fácil de ser ignorante es saber una falsedad. Debe tener además un criterio lo suficientemente amplio para no considerar que solo se es exacto cuando se usa ese idioma que solo entienden él y sus colegas cercanos.

Creo que esa es la tarea más importante de los medios universitarios en relación con la ciencia. No es una tarea fácil. Pero es que las tareas fáciles ya las hicieron los otros.