A propósito del maestro universitario en el siglo XXI

A propósito del Día del Maestro, el académico e intelectual Hernando Roa Suárez dice -en El Espectador- que “para ser valorados como maestros, tenemos que alcanzar el mérito de haber aprendido el arte de enseñar, habiendo ejercido la vocación con estudio, cuidado, constancia y conciencia crítica”

El maestro construye… fertiliza la realidad compleja e inagotable de lo humano.

Útiles y legítimas se me presentan las luchas emprendidas por los maestros universitarios en defensa de sus derechos. Más también: qué significante sería que nos preocupáramos por la recuperación de la imagen de su ejemplar papel como líderes de la comunidad. Y específicamente: ser claves en la labor que podemos desempeñar en el proceso que, en los próximos decenios, vamos a adelantar los colombianos en torno a la construcción de la paz.

Como occidentales, como iberoamericanos, como colombianos, como seres humanos, al pensar en el maestro tenemos un punto de referencia problematizador: la Grecia de hace 2500 años; pensamos en Sócrates y en su discípulo Platón. Ahora, sabemos bien que instruir puede cualquiera, pero enseñar, sólo podrá hacerlo históricamente quien sea reconocido como maestro. El maestro no es instructor; no es un funcionario que se lucra de las falencias del sistema educativo; el maestro forma y se forma formando, y así impulsa el proceso de recreación de la realidad que, como sabemos, es dialógico, profundo e histórico…

El maestro no es un negociante del bello proceso de aprender a aprender con los educandos; ni tampoco es un descrestador; es un ser en búsqueda inagotable de conocimiento, de sabiduría; es un ser que facilita los caminos para que los educandos desarrollen sus capacidades y puedan superarlo con el tiempo. El maestro construye… fertiliza la realidad compleja e inagotable de lo humano. Su ejemplo es el mejor de los discursos.

Ser reconocido como maestro se me presenta como el resultado de un bello proceso en que hemos aprendido con los educandos a realizarnos como seres humanos integrales. Para ser valorados como maestros, tenemos que alcanzar el mérito de haber aprendido el arte de enseñar, habiendo ejercido la vocación con estudio, cuidado, constancia y consciencia crítica.

Complementemos lo planteado con las reflexiones del maestro Alfonso Borrero: “Ser maestro no es grado académico que se otorgue tras discusión ni se someta a exámenes y concurso. Es consenso espontáneo. No es función burocrática que se asigna. No es honor que se compre. Cualquiera sea el dominio intelectual del maestro, hay algo que lo señala como modelo. La maestría muestra, sin necesidad de demostrarla, la conquista del hombre sobre sí mismo. Ser maestro es algo que define una existencia en viaje reversible hacia el saber y la verdad. La obra del maestro persiste más allá de los linderos del tiempo y del espacio. Distante o ausente, su obra perdura. Muerto, influye aun en quienes nunca lo conocieron.

Con el hombre, cuando muere, se enmudece su cultura personal. La del maestro desaparecido persevera, maestra, como recuerdo eficaz. Al contacto con el maestro, el discípulo se reconcilia con la vida, y al contacto con el discípulo, el maestro se reconcilia con su muerte”.

Pensando en nuestros días, creo que el maestro es un mediador que dinamiza la consciencia creativa del educando, invitándolo al ejercicio profundo y responsable de su libertad. Algunos ejemplos occidentales de maestros pueden ser: Sócrates…, Leonardo Da Vinci, Juan Sebastián Bach, Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven…, Wolfgang von Goethe, Jean Piaget, Gastón Bachelard, Emmanuel Mounier, Max Weber, Albert Einstein, Jhon Maynard Keynes, Ricardo Hinestrosa, Gerardo Molina, Manuel Murillo Toro, Darío Echandía, Alberto Lleras Camargo, Agustín Nieto, Hélder Câmara, Orlando Fals Borda, Paulo Freire, Edgar Morin, José Félix Patiño, Guillermo Páramo, Jesús María Yepes, Guillermo Nannetti Concha, Leopoldo Uprimny, José María Esguerra, Álvaro Copete L., Rodrigo Noguera L., Carlos Federici, Ernesto Guhl Nimtz, Alfonso Borrero, Guillermo Hoyos, Jaime Vidal P., Mario Bunge, Gabriel García Márquez, Guillermo Cano, Norberto Bobbio, Gregorio Peces-Barba, Alejandro Obregón, Julio Carrizosa Umaña, Moisés Wasserman, Fernando Chaparro, Gerardo Remolina, Fernando Hinestrosa, Alfredo Sarmiento Gómez, Cesáreo Rocha, Francisco de Roux, Francisco Leal Buitrago...

En la relectura cuidadosa de la vida y obra de los maestros enunciados —y no son los únicos posibles— encontraremos ejemplos magníficos para el desarrollo contemporáneo de una existencia plena al servicio de la democracia colombiana contemporánea y la consolidación del proceso de paz en curso.

* Miembro de La Paz Querida. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.