Un Estado que desconoce la importancia de la ciencia

Creado en Lunes, 15 Mayo 2017 Última actualización el Lunes, 22 Mayo 2017

“Es increíble, pero aún muchos se preguntan por el verdadero valor de la ciencia y la tecnología … necesitamos unos tomadores de decisiones informados y comprometidos”, dice el rector de El Rosario, José Manuel Restrepo, tras decisión de cambiar el destino de los recursos de regalías de ciencia. Tomado de El Espectador

Hace unos días participé en la apertura de un Foro sobre financiación de la ciencia e innovación en Colombia como condición fundamental para construir una economía basada en el conocimiento. El evento representaba no tanto la discusión del problema puntual fiscal reciente para financiar la ciencia, sino cómo vamos a hacer para construir una fuente sostenible en el país que nos permita generar y aplicar nuevo conocimiento y ponernos a la vanguardia, por lo menos de la región.

Me preguntaba sobre la tensión entre coherencia e incoherencia que ha caracterizado a la política pública en este sector, así sobre cómo un avance en este tema es una condición esencial para que Colombia deje de ser uno de los países con mayores desigualdades sociales y con una riqueza en capital humano y material aún subutilizada. También sobre si el tema es genuinamente prioridad del gobierno central y locales. Escuchando a los panelistas, resultaba claro que instituciones políticas inclusivas, donde se estimule la innovación emprendedora, con un sector empresarial dinámico con incentivos y fondos de inversión de riesgo, donde exista sinergia entre Universidad, Empresa y Estado, trazaría el camino hacia una verdadera economía basada en el conocimiento.

Es increíble, pero aún muchos se siguen preguntando sobre el verdadero valor de la ciencia y la tecnología, y ven que esfuerzos en esta dirección son inútiles. La marcha mundial por la ciencia que tuvo lugar el pasado 22 de abril y que en Colombia fue convocada en Bogotá, Medellín y Bucaramanga, es uno más de los incansables esfuerzos de aquellos convencidos de que sin conocimiento no podremos dar respuesta a problemas locales y globales. Y es que de esto se trata, de resolver problemas actuales y futuros, además de preparar el camino para proveer mejores condiciones de vida a toda la sociedad en términos de distribución de riqueza. El conocimiento es un bien inagotable e inalienable, que lejos de ser un lujo prohibitivo para economías débiles y dependientes de recursos naturales, representa el camino hacia el desarrollo sostenido. Para el caso Colombiano además, pensar en ciencia e innovación, significa labrar un país en paz y con prosperidad.

Es por esto que necesitamos unos tomadores de decisiones informados, comprometidos, que incluyan coherentemente en las agendas políticas la prioridad que merece la educación y la construcción de conocimiento de frontera que nos lleve a dar saltos significativos en el desarrollo económico y social del país. Por eso sorprende que por ejemplo a alguien siquiera se le haya ocurrido convertir los recursos de la ciencia y la innovación en pavimento de redes de vías terciarias.

Se necesitan entonces, estrategias de inversión diferenciadas, con participación regional y nacional, que puedan ayudarnos a dar el salto tan anhelado a una inversión superior al 1% del PIB en ciencia, tecnología e innovación, pero con voluntad política y entendimiento de la prioridad estratégica que tienen estos rubros. Para este fin existen diversas opciones operativas tales como el fortalecimiento de fondos sectoriales de destinación específica, impuestos dedicados a la financiación de la ciencia, fortalecimiento del presupuesto para Colciencias, mejores instrumentos de financiación para el sector productivo con contrapartidas que igualen el beneficio otorgado, entre otros. El diseño de este tipo de estrategias debería adelantarse con el consejo de expertos del sector académico, privado y público que puedan llegar a la constitución de un plan de acción concreto, con unas metas de inversión anual y seguimiento a resultados. Volver a documentos tales como “Colombia al filo de la oportunidad” o “Colombia construye y siembra futuro” que siguen siendo vigentes hoy dado que los cambios propuestos no fueron acogidos, ayudarían a trazar el camino hacia una economía basada en el conocimiento y el certero paso a hacer parte de organizaciones como la OCDE.

Pero este tema no puede ser sólo el compromiso y preocupación de unos pocos confinados en universidades y centros de investigación. Tampoco es una responsabilidad única de Colciencias o del Ministerio de Educación Nacional. Anticipándonos al 2018 podría ser buen momento para que todos los candidatos presidenciales acojan un gran pacto nacional por la ciencia, tecnología e innovación y pongamos el tema en la agenda prioritaria del Estado.

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