Más de 30 años esperando una política pública en educación superior

Creado en Martes, 23 Mayo 2017

Francisco Núñez, observador de este portal, reflexiona sobre la falta de coherencia y consistencia del Estado para poder diseñar efectivamente políticas públicas que respondan a lo que requiere la educación superior colombiana.

Cada momento surge la pregunta de si existe una política pública en la educación superior colombiana.

En relación con este punto leí hace poco lo siguiente: “El programa Ser Pilo Paga, aunque bienvenido porque ayuda a unos muy pocos, muy pilos y muy pobres, es por definición lo contrario a una política general para igualar oportunidades” – Moisés Wasserman, El Tiempo, debes leer, 5 de mayo, pág. 13 –

Y oí también que se quiere llevar el programa Ser Pilo Paga a política pública.

Lo hicimos al revés. Antes de consolidar una política para el financiamiento de las IES, sobre todo de las públicas, se lanzó el susodicho programa que más bien favorece a la universidad privada.

No se ve la política para garantizar la equidad, la eficiencia y la calidad.

Los organismos de la educación superior que tienen que ver con el tema, se enredan en el control antes que impulsar la calidad. Registro y acreditación parecen sustentar más la inspección que la calidad. Esta se torna fachada y de hecho se le aprovecha para beneficiar a IES que han recibido el respectivo aval mientras se sigue hablando de universidades de garaje aprobadas por el MEN, en medio de mediciones que poco miden.

La cobertura se diluye en la deserción y la equidad en programas del momento, para mostrar.

¿Cuál es, por otra parte, la política pública en educación superior para la investigación?   

El último esfuerzo que recuerdo de una política pública para la educación superior fue el libro Acuerdo por lo Superior 2.034, resultado de un trabajo liderado por el Cesu y que naufragó entre las manifestaciones estudiantiles apoyadas por maestros de la educación media.

De pronto una solución sería depurar lo que se ha escrito y encontrar la forma de consolidarlo.

Lo que si no parece viable es volver a reunir a sabios y académicos, así como a quienes sufrimos la educación superior, porque está demostrado que son tales las diferencias entre bases estudiantiles y profesorales que no parece haber reconciliación ni tolerancia entre posturas antagónicas, en donde el ruido reemplaza al argumento. No hay que desconocer la necesidad de la consulta, pero no se ha encontrado el camino para dialogar sin insultos y pedreas.

Cada que se intenta llegar a alguna parte para consolidar un sistema de educación superior, cae el funcionario que lidera el proceso.

Mientras tanto la Pública se ahoga y la privada se anquilosa.

Recuerdo a mi compañero en la Junta Directiva del Icfes, Padre Gerardo Arango (q.e.p.d.) quien decía: Si la universidad oficial progresa, la privada también.

Y recuerdo que llevamos más de 30 años esperando una política pública en educación superior.