Universidades estigmatizadas

Creado en Miércoles, 05 Julio 2017

Para Oscar Sánchez, Coordinador Nacional Educapaz, en El Tiempo, el terrorismo no es una asignatura en las universidades de Colombia, y se debe tener cuidado de hacer peligrosas afirmaciones estigmatizantes.

Un efecto no previsto de la captura de un grupo de sospechosos de la bomba del centro Andino ha sido la información sesgada en contra de la Universidad Nacional con la que se han presentado los hechos, que ha llevado a que su rector tenga que explicar que el terrorismo no es una asignatura en la mejor universidad de Colombia. 

Alguna vez le oí a Ana Mercedes Gómez, exsenadora uribista y exdirectora de ‘El Colombiano’, quejarse de que en muchos medios la política editorial frente a las universidades públicas fuera publicar sus noticias solamente cuando se asociaban a hechos violentos. Como muchos jefes guerrilleros han egresado de las universidades públicas (aunque con frecuencia en realidad las han abandonado para irse a la guerra) y en su diversidad se dan formas violentas de protesta y toda clase de expresiones políticas, fácilmente algún periodista concluye que la educación del Estado es para politizar extremistas. Un prejuicio que tenemos que superar.

¿Sabe usted dónde estudió Luis Carlos Sarmiento, el rico más rico y el mayor capitalista financiero del país? Pues en la Nacional. ¿Y a que no adivina adónde estudió Gustavo Petro, seguramente nuestro izquierdista más caracterizado? Pues en el Externado, una universidad privada. 

Y si esos prejuicios son comunes en la derecha, también los hay de izquierda. Si un contratista o un funcionario corrupto son egresados de los Andes, la Javeriana o el Rosario, seguramente aparece un meme insinuando que por estudiar en universidades caras uno se vuelve ladrón. Todo eso pasa de anecdótico a preocupante, porque tales generalizaciones burdas informan decisiones ciudadanas, como adónde enviar a estudiar a los hijos, y porque son compartidas por personas que toman decisiones como desfinanciar a la educación pública.

Claro que las universidades tienen que formar en el respeto a la dignidad humana y a las leyes. Y me consta que la Nacional, los Andes y la Javeriana, para citar tres ejemplos que conozco, luchan por que sus profesores y estudiantes tengan valores ciudadanos. A las tres les ha tocado vivir recientemente el dolor de que egresados suyos terminen en líos serios con la justicia. Pero no por eso dejan de ser las mejores universidades de Colombia. Más bien han redoblado sus esfuerzos, y han entendido que su trabajo no termina con moldear cerebros, y que deben atender también el espíritu y la conciencia de su gente. No en vano la revista de filosofía más tradicional de Colombia se llama ‘Ideas y Valores’ y se publica en la Universidad Nacional. Y esa misma universidad promueve la suscripción de un documento llamado ‘Compromiso Ético’ entre los miembros de su comunidad. Y el Centro de Ética Aplicada de la Universidad de los Andes viene haciendo un trabajo enorme para transversalizar la responsabilidad reflexiva en la vida universitaria. Mientras la Universidad Javeriana tiene una propuesta educativa en la que la formación integral desde siempre ha sido central, al punto que hay una vicerrectoria para ello, llamada del medio universitario. Les toca formar líderes en las realidades de Colombia, y en esas realidades aportan sobre todo orgullo al país, así el país les entregue de todo.

Es un hecho: en Colombia hay violadores, terroristas y ladrones. Algunos incluso han estudiado. Y lo han hecho en universidades de todo tipo. Pero las universidades se deben fomentar o marchitar por su nivel académico y su proyección social, y no por la mala reputación que algunos egresados les generen. O peor aún, por las orientaciones políticas de su gente.

Además, en el caso del Andino ni siquiera están claras las responsabilidades de los detenidos frente a los hechos. Si son del Mrp y colocaron la bomba, hay que hacer que paguen por semejante monstruosidad, cada uno según su grado de responsabilidad. Sin embargo, no son pocas las personas que los conocen y dan fe de su buena conducta, y sí muchas las coincidencias con detenciones parecidas que a la postre terminaron en ‘falsos positivos’ de unos organismos de seguridad con más prejuicios contra los estudiantes de izquierda que pruebas de algo, y que al distraer la atención impidieron una investigación eficaz.