¿Para qué la Universidad?

Creado en Miércoles, 05 Julio 2017

Para María T. Martínez, profesora universitaria de Puerto Rico, en el diario El Nuevo Día, de ese país, la universidad es para aprender, para la movilidad social y para un empleo seguro. Pero eso ya no es viable para esta generación.

La coyuntura histórica que vive Puerto Rico es parte de los reajustes de los sistemas económicos, el agotamiento de los estamentos políticos y de cómo vivimos con y convivimos en el planeta. Se ve en distintas regiones del mundo: la crisis económica en Grecia y en España, en Argentina y en México; la beligerancia en Siria, en Sudán y Libia, las tensiones con Rusia, Corea e Irán, entre China y Japón y las luchas de los pueblos originarios en defensa de la tierra. Si añadimos a eso las sorpresas, que no debieron ser, del año 2016 (Brexit, el rechazo popular al acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y la victoria de Trump en los colegios electorales de Estados Unidos) podemos entender cómo la Junta de Supervisión Fiscal en Puerto Rico no es un hecho aislado.

En este contexto, como dice Torres Gotay: “La burbuja finalmente reventó y la explosión ha desatado un tsunami que amenaza con ahogarnos a todos”. El efecto tsunami post-burbuja nos afecta en todos los renglones incluso en el de la esperanza que equiparó con el de la educación. La educación superior no sólo está menoscabada económicamente, la crisis es también una de identidad. No sólo me refiero a la Universidad de Puerto Rico sino a toda universidad cuya misión sea la educación como bien público, aunque opere como organismo privado. En un país donde el trabajo es precario (desempleo, pluri o sub empleo y chiripeo), donde nuestras capacidades de gestión están atravesadas por toda suerte de burocracia, ¿para qué existe la universidad? ¿Qué tipo de universidad existe?.

A la primera pregunta, "¿para qué la universidad?", la respuesta es tan sencilla como complicada: para aprender, para la movilidad social, para un empleo seguro. Pero esas contestaciones, que fueron ciertas para otras generaciones, ya no son viables para la gente joven. Queremos aprender, hay sed de conocimiento, pero el reto que presenta esta contestación es si lo que me ofrece la universidad es lo que quiero/necesito saber. ¿Movilidad social en un país donde la clase media se achica y sus recursos desaparecen? ¿Empleo en tiempos del post-empleo y en espacios de producción y acción minados de incertidumbre? Así, para qué la universidad, se queda corta.

Más interesante es la segunda pregunta: ¿Qué tipo de universidad? Si reconocemos que la universidad tiene que existir porque es un bien común, porque en última instancia en la sociedad del conocimiento es este el lugar donde se forman personas íntegramente, entonces, atender los imperativos del mercado laboral y las exigencias técnicas no puede ser el único rol de la universidad. El primer interés de la universidad y de los universitarios tiene que ser construir unos saberes que sean simultáneamente pertinentes en lo local y lo global, que nos permitan enfrentar la incertidumbre con las herramientas para tomar decisiones individual y colectivamente, que nos permitan vernos en nuestra condición humana planetaria, con nuestra pluralidad y nuestras diferencias.

En fin, una universidad que le sirva al país como lugar de referencia obligado para establecer rumbos, informando esas decisiones a través de ciudadanos con una formación integral que combine una cultura identitaria pero diversa y la comprensión del momento que se vive con sus complejidades, riesgos y oportunidades. Una universidad que se organice en torno a la innovación y el pleno desarrollo de los seres que le habitan desde una perspectiva anclada una ética, como señala Edar Morin, que reconoce la relación indisoluble entre el individuo, la sociedad y la especie para convivir en una comunidad donde se precia la participación y se fortalece la democracia.