En defensa de Ser Pilo Paga

Creado en Lunes, 17 Julio 2017

Eduardo Behrentz es vicerrrector de la Universidad de Los Andes, y en El Tiempo, señala que considera "lamentable y egoísta el debate contra el programa Ser Pilo Paga". También dice que si seguimos imputándole a SPP todos los problemas de la educación, no hay debate serio que podamos adelantar.

Ofrecer acceso a educación superior de calidad a quienes tienen habilidades intelectuales sobresalientes es una estrategia utilizada en todas las sociedades desarrolladas. 

Otorgar becas a los mejores como instrumento de movilidad social resulta obvio en el mundo académico internacional, que cuenta con la respectiva documentación para demostrar sus beneficios, incluyendo el reciente reporte del Banco Mundial ‘At a Crossroads: Higher Education in Latin America and the Caribbean’.

Todos ganamos si las mentes privilegiadas logran alcanzar su potencial.

En tal contexto, encuentro lamentable y egoísta el debate alrededor del programa Ser Pilo Paga (SPP), en el cual la miopía de sus detractores ha puesto sobre la mesa una serie de argumentos ampliamente cuestionables.

Son ciertas las grandes brechas en cobertura y calidad, así como urgente de resolver el problema de financiación de la oferta pública, pero no me imagino a ningún experto internacional argumentando que sea injusto que una persona de alta capacidad intelectual y bajos recursos, que provenga de una zona alejada de los polos de desarrollo, tenga la oportunidad de recibir el mismo entrenamiento que los egresados de los colegios de élite del país.

Una cosa es el desafío de encontrar fuentes sostenibles para financiar la política nacional del sector educativo y otra, muy distinta, lo que tiene que ver con una iniciativa específica y de alcance concreto.

Si seguimos imputándole a SPP todos los problemas de la educación en Colombia, no hay debate serio que podamos adelantar. En particular, la solución de las brechas actuales no se encuentra en la eliminación de la inédita oferta de oportunidades para miles de jóvenes que en otra situación ni siquiera hubiesen aspirado a un mejor futuro. Según diversos estudios, incluyendo el desarrollado por la Fundación Corona, cerca del 90 por ciento de los beneficiaros de SPP no habrían ingresado a universidades acreditadas en ausencia del programa.

A lo mejor sirve conocer la historia de Jaime*, egresado de una pequeña escuela de sacerdotes dominicos como el más destacado de su promoción y quien logró ingresar becado a la Universidad de los Andes (Uniandes). Allí se graduó con honores en dos carreras, para luego hacerse merecedor de otra beca para adelantar estudios doctorales en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Hoy avanza con éxito en la que es una de las principales universidades del mundo mientras dedica parte de su tiempo a fortalecer nuestra red de egresados, con el fin de recaudar fondos que permitan otorgar a otros oportunidades similares a las que él tuvo.

También la historia de Ángela*, quien, como estudiante de bachillerato de la jornada de la mañana en un colegio ubicado en un barrio de bajos ingresos de Bogotá, después de enterarse del programa de becas de Uniandes se dedicó a estudiar todas las tardes por varios años en la Biblioteca Luis Ángel Arango. Este esfuerzo dio frutos en un excelente resultado en las pruebas Saber 11 que la hizo merecedora de una ayuda para convertirse en estudiante de la universidad de sus sueños. O el caso de José*, actual beneficiario de SPP, proveniente de una zona rural de Antioquia, a quien un día su profesor de matemáticas en Uniandes le preguntó cómo hacía para alcanzar su sofisticado nivel de conocimiento en dicha materia. Lo anterior para ser testigo de su maravilloso testimonio: en mi escuela no había profesor de matemáticas, así que me tocó aprender solo con la ayuda del centro de internet del pueblo.

A los que se han propuesto impedir que el país expanda las posibilidades de becar a los mejores cerebros les digo: ojalá se den a la tarea de entender los sueños que están truncando y se hagan responsables del inmenso costo que harán pagar a incontables generaciones de colombianos que se perderán de los beneficios de su talento.

* Nombres ficticios para respetar la privacidad de los estudiantes