El fin de la ciencia

Creado en Miércoles, 23 Agosto 2017

Si el fin del conflicto que tanto luchó este gobierno no viene acompañado de una real apuesta por la educación y la innovación, nos arriesgamos a caminar en círculos sobre las raíces que produjeron la guerra, denuncia Eduardo Behrentz, en El Tiempo

Dejó de ser noticia que el Gobierno Nacional no tiene entre sus prioridades el avance de la ciencia y la tecnología en el país. En los últimos siete años, controlando por inflación, el presupuesto destinado a Colciencias ha sido reducido en dos terceras partes. Somos una de las naciones que menos invierte en innovación en todo el hemisferio occidental. Es por ello que, por ejemplo, la sola Facultad de Ingeniería de la Universidad de California en Los Ángeles (Ucla) tiene recursos para investigación que triplican lo que Colciencias puede aportar a todas las universidades colombianas. No debe ser sorpresa entonces que, mientras California es un motor mundial de emprendimiento que produce más de 35.000 patentes al año, nuestra industria siga estancada y, produciendo 20 patentes anuales, tengamos que limitarnos a poner veladoras para que algún día vuelvan a subir los precios internacionales de las materias primas.

La alta inversión en innovación en el estado más rico de la unión americana no es el resultado de que sea una sociedad de alto ingreso. Al revés, se encuentra plenamente documentado que logró su éxito económico como consecuencia de la apuesta por una educación de calidad y unos elevados niveles de gasto público para incentivar la ciencia y la tecnología. El propósito de Colciencias era precisamente constituirse como la instancia que promovería estos temas en Colombia. Pero, en cambio, celebrará su aniversario número 50 convertida en una entidad irrelevante, sin recursos ni voz, con rumbo inminente hacia su desaparición.

Y nada más triste que semejante realidad para quienes hemos dedicado nuestras vidas y profesiones a la formación de talento humano y la producción de nuevo conocimiento. En mi caso personal, he sido integrante y director de grupos de investigación que forman parte del sistema de Colciencias, a través de los cuales he podido desarrollar diferentes estudios científicos relacionados con la movilidad y la contaminación del aire en Bogotá, así como con la generación de sustancias perturbadoras del clima en el territorio nacional. Los dineros provenientes de este tipo de proyectos o del lánguido programa de becas doctorales también me han brindado la oportunidad de ofrecer entrenamiento académico a mentes jóvenes repletas de competencias y deseos de servir.

Acabar con la financiación de la ciencia y la innovación en el país significa que la capacidad de investigación y desarrollo de las universidades se quedará atrapada en la mente de los profesores, haciendo que la sociedad entera pierda la oportunidad de encontrar posibles soluciones a problemas que enfrenta en temas tan variados como medioambiente, servicios públicos, infraestructura, medicina, economía y derecho, entre muchos otros. De esta manera desperdiciaremos las habilidades de creación de artistas, filósofos y humanistas, así como la posibilidad de desarrollar habilidades de resolución de problemas entre los jóvenes investigadores que se entrenan en su paso por los proyectos. Ese talento y capacidad de invención son necesarios para el presente y futuro de millones de colombianos, y se puede quedar a medio camino si quienes deciden el presupuesto oficial no logran ampliar su visión más allá de balancear la caja durante su periodo de administración.

Ya que, a diferencia de nuestro admirado Nairo Quintana, el Presidente no recibirá a ningún científico preocupado por cuestiones presupuestales, no me queda otra que vaticinarle que serán las futuras generaciones quienes lo juzguen por esta irresponsabilidad histórica. Si el fin del conflicto que tanto luchó este gobierno no viene acompañado de una real apuesta por la educación y la innovación, nos arriesgamos a caminar en círculos sobre las raíces que produjeron la guerra.