Polarizar Ser Pilo Paga es promover un apartheid educativo

Creado en Viernes, 27 Octubre 2017

A propósito de Ser Pilo Paga, eL rector de la U. Nacional, Moisés Wasserman, afirma en El Tiempo, que no tiene sentido radicalizar la discusión entre públicas y privadas y que, por el contrario, deben complementarse.

Empezaré diciendo que estudié solo en universidades públicas y solamente he trabajado en instituciones públicas de educación y de investigación. Soy un convencido del deber fundamental del Estado en asegurar igualdad de oportunidades educativas para todos sus jóvenes. Cuando se lanzó el programa Ser Pilo Paga (SPP), muy tempranamente manifesté en una columna que eran necesarios esfuerzos complementarios. Por ejemplo, programas dirigidos a los pilos menos pobres y a los pobres menos pilos, pero sobre todo un gran fortalecimiento del sector público. Toda esta introducción porque temo que mis siguientes observaciones van a ser impopulares entre algunos de mis amigos.

Dije también entonces sobre SPP (y lo sigo pensando), que me alegra inmensamente esa oportunidad que se les da a jóvenes que tienen muy pocas oportunidades. Creo que es legítimo que un Estado le ofrezca un programa de becas a una población especialmente desfavorecida, aunque ese programa, por sí solo, no constituya una política pública de educación superior.

La controversia que se ha desatado por la preferencia de esos pilos por la universidad privada está mal enfocada. Estoy convencido de que la universidad pública es la mejor herramienta con que cuenta el Estado para generar equidad. Sin embargo, me parece que sería insensato no aprovechar el gran potencial de educación privada que ha desarrollado el país. No es realista pensar que todo el esfuerzo educativo lo podría asumir hoy uno solo de los sectores, y es suicida generar antagonismo entre ellos. Si queremos llegar a los niveles de los países desarrollados, es indispensable contar con todas nuestras capacidades.

He oído voces desde mi sector, el público, que creo lo perjudican más de lo que lo defienden. Quienes proponen (incluso en campañas políticas) que la educación superior sea exclusivamente pública y gratuita deben mostrar sus cuentas. No solo en dinero, sino en el tiempo que tomaría construir un sistema único que esté en condiciones de atender a todos y crecer hasta los niveles de cobertura deseados.

Quienes creen que los pilos de SPP deben ir solo a las públicas están promoviendo un apartheid educativo en el que los jóvenes pobres y los ricos jamás se encuentren. Además de que esos recursos no resuelven los problemas del sector público, con su argumentación les están haciendo concesiones a propuestas que rechazamos en el pasado, mostrando, calculadora en mano, que adicionar un cupo no tiene el mismo costo que mantener uno existente. Como nosotros no tenemos ‘pupitres vacíos’, un número sustancial de nuevos estudiantes requerirá más profesores, salones, equipos y laboratorios. Así, esa propuesta, aún bien intencionada, generaría un costo mayor que su aporte.

He oído a un rector decir que con el costo de 40.000 SPP, el sector público educaría a 600.000. Si eso fuera así, un estudiante público estaría costando algo menos de 2 millones de pesos al año, y no hay manera de que con eso pueda recibir una educación decente. Me parece que es más vergonzoso el costo tan bajo en algunas públicas que la matrícula alta de un pilo en las privadas.

Definitivamente, la pelea de quienes defendemos lo público no puede ser esta. SPP no tendría por qué quitarle recursos a la universidad pública ni esta debería estar compitiendo por estudiantes con la privada. No hay razón para que justifiquemos con nuestros reclamos esas contabilidades de suma cero. Hay que crecer en los dos campamentos, y crecer bien. Las exigencias de calidad deben ser fuertes, los programas de fomento del Estado deben ser inteligentes, amplios y generosos. Trasladar esa pseudolucha de clases a las aulas universitarias es la receta más segura para el fracaso.