Ver la educación como un negocio, y una responsabilidad

Creado en Miércoles, 14 Febrero 2018

Adriana Molano se presenta como docente y defensora de la educación; pero también como gerente y, justamente por eso -dice en Revista Dinero- que entiende que "ese valor" puede ser defendido desde distintas perspectivas.

La historia confirma que el mercado ha determinado la evolución de nuestras sociedades; con todas sus fallas y brechas, es innegable que la visión de negocios ha impulsado nuestro avance y ha permitido que millones de personas hagan realidad sus objetivos. Y si el modelo ha funcionado, por qué no aplicarlo abiertamente a campos como la educación.

Hace unos años, durante la sesión introductoria a un posgrado, se nos preguntaba cuál era el ‘negocio’ de la universidad. La gran mayoría de los asistentes tomamos el camino de la educación, pero se nos aclaró que, aunque la educación es una parte del portafolio, no lo es todo. La universidad contrata a más de 500 vigilantes directamente, otro tanto de operarios de aseo y servicios generales, opera cifras millonarias de dinero provenientes de las matrículas, e incluso tiene una tienda que vende pocillos y sacos con el logo del alma máter.

Las instituciones educativas hoy son mucho más que un santuario del aprendizaje, aún así, sigue siendo mal visto que se hable de la educación como negocio – y téngase en cuenta que no estoy adentrándome en los detalles críticos de la pedagogía y los modelos educativos que ya están en riesgo frente a los e-learnings, los cursos masivos abiertos en línea (MOOCs) y otras propuestas de la educación mediada por tecnologías –.

Ya sabemos que el número de matrículas puede determinar la viabilidad de un programa; y quienes hacemos parte de la estructura académica también tenemos claro que los procesos internos de las instituciones educativas, más allá de las aulas, responden a lógicas de operación que se acercan a las de una planta de producción, con mediciones de tiempos y procesos incluidas.

Entonces ¿por qué no afrontar abiertamente la realidad y tomar decisiones de negocio en el sector educativo? Para hacernos una idea, según estimaciones del Observatorio TI, en Colombia para 2018 tenemos una brecha de más de 50.000 profesionales en la industria de Tecnologías de la Información, debido, mayoritariamente a que las competencias desarrolladas por la academia no corresponden a las que necesita el mercado – y esto sucede en un país donde el flagelo del desempleo sigue acechándonos –.

Si la decisión fuese de negocio la respuesta sería obvia: hay clientes, entonces supla la demanda. La academia más tradicional y formalizada ha respondido con pequeños pasos de actualización curricular para encaminarse hacia dar respuesta al mercado. La más informal, ha abierto cientos de programas de actualización orientados, precisamente, a capacitar para el trabajo, ofertando aquello que más posibles contratantes atraiga.

Siguiendo por esta línea, el contexto de la economía digital demanda mayores inversiones en temas de investigación, desarrollo e innovación, campo conocido como I+D+i; la industria es líder en estas áreas, así que el desafío está en seguir brindándole profesionales enfocados en estos procesos, cercanos a las metodologías globales y dialogantes con el conocimiento más allá de las fronteras.

En el caso colombiano, aunque sabemos que el gasto público está deprimido en estos campos, es importante destacar renovaciones como las de la Red Nacional Académica de Tecnologías Avanzadas – RENATA, que no sólo son de imagen, sino que también reenfocan las visiones de conectividad y colaboración académica bajo una mirada más gerencial, entendiendo a la Red como una aliada estratégica entre sector educativo, empresas y gobierno.

Un buen líder en el mundo corporativo tomará decisiones pensando en cómo hacer más sencillos sus procesos y productivos a sus equipos. En el mundo de la educación debemos considerar que existen dos tipos de liderazgo: los administrativos y los académicos. Sobre el panorama de la docencia y el futuro de la educación hablaremos en otro momento, pero por ahora nos concentraremos en la gerencia académica, ejercida por aquellos que sí piensan en el negocio, aun cuando sean visto como las ovejas negras del sector.

No está mal pensar en la inversión en educación más allá de los deberes del Estado y el compromiso social, mucho menos si éstas aumentan la efectividad en los procesos que acompañan el aprendizaje. “Estudios a nivel mundial confirman que las inversiones en educación tienen un impacto económico en el mediano y largo plazo. Una persona que cuenta con acceso a la educación puede tener ingresos superiores a un 40% en promedio, respecto de quien no tuvo acceso, cifra que también se revierte en un aumento de la productividad de las organizaciones y, en consecuencia, de los países. Por esta razón creemos que es una necesidad que el sector educativo siga tomando decisiones de inversión que permitan seguir fortaleciendo su alcance, entre ellas las relacionadas con tecnología para hacer más eficientes sus gestiones”, aseguró Susy García, líder del área de negocios en el sector educativo para América Latina de HP, en el pasado Innovation Day.

Al final, gerenciar la academia también implica abrir la puerta a nuevas visiones del mundo, que permitan desarrollar criterio de una forma más eficiente y así ayudar a cumplir el propósito mismo de la educación en nuestros días: formar para la toma de decisiones en un mundo cada vez más volátil.