Perspectivas en torno de tres temas claves en ciencia y tecnología

Julio 11/19 Los resultados de la Misión Internacional de Sabios, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y su relación con Colciencias, y las regalías para CyT, guían el destino de ese sector. ¿En qué van?

El Observatorio reproduce el interesante diagnóstico que realiza la periodista científica Lisbeth Fog Corradine, en la Revista Pesquisa, de la Universidad Javeriana, y que titula “Es el momento de actuar en política científica”:

El 2019 se ha convertido en un año de diversas discusiones en Colombia alrededor de la ciencia, su financiación, su ejecución y su futuro. Pero el actual es el momento para pasar de las múltiples propuestas a acciones de fondo que por fin impulsen la investigación y el desarrollo científico en el país.

Tres son los temas sobre política científica que se están moviendo activamente en Colombia durante 2019, lo que ha permitido una mayor visibilidad de la ciencia para el ciudadano común y corriente.

El primero —y quizá el que más se conoce— es la conformación de la Misión Internacional de Sabios, lanzada en febrero pasado con 42 miembros, cuyo número aumentó a los pocos días a 47. Está dividida en ocho temas que el gobierno consideró claves y cada grupo o foco está integrado por colombianos residentes en el país y en el exterior, así como por extranjeros.

Durante el primer semestre entiendo que han abierto el diálogo para consultar a sus sectores a través de diferentes mecanismos y se reunieron en pleno a comienzos de junio para integrar los resultados y alinearse entre todos los grupos.

Tanto en esta nota como en las demás que se han publicado al respecto en los diferentes medios y portales resalta el tema de la educación, algo que no es nuevo porque es una verdad de a puño que un país educado tiene más posibilidades de ser consciente de su desarrollo, de generar nuevo conocimiento y de lograr la equidad para sus ciudadanos. Por un lado emociona, para ver si al fin logramos un cambio de 180 grados en la manera como estamos educando a nuestros niños y jóvenes, pero también sorprende porque desde hace décadas —o por lo menos desde la anterior misión de 1994— esa fue una de las conclusiones y recomendaciones más sobresalientes.

Los sabios tienen el reto de identificar barreras y oportunidades en cada uno de sus campos y de entregar el 5 de diciembre recomendaciones oportunas y factibles. Muy probablemente las harán para el mediano y largo plazos porque así se debe pensar un país, y el reto para el gobierno será empezar a ponerlas en marcha cuanto antes, sin necesidad de hacer un nuevo análisis porque, para eso, estuvo deliberando la Misión.

El segundo tema es el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, creado mediante la ley 1951 de 2019 y que debe empezar a funcionar el 24 de enero de 2020. Colciencias está liderando la implementación del nuevo órgano del ejecutivo, ha participado en reuniones por todo el país hablando al respecto, y también hace lo propio Iván Darío Agudelo, el senador que impulsó la iniciativa. El pasado 13 de junio en el Salón Boyacá organizó un evento titulado ‘Avances en el Ministerio de Ciencia’, en el que nuevamente, como en ocasiones anteriores, se escucharon diversas voces de apoyo con propuestas —cada uno desde su orilla— para la nueva institucionalidad. Agudelo ha sido enfático, sobre la relación entre Colciencias y el Ministerio: “Colciencias ya fue fondo, instituto y departamento; no vamos a permitir que sea el cuarto nombre”.  Pero cómo, esa la pregunta, si el parágrafo 2 de la ley dice: “El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación para iniciar su labor no debe generar gastos adicionales de personal ni generales a los que al momento de su creación tenga presupuestado el Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación (Colciencias)”.

Si es a costo cero, ¿cómo se lo imaginan entonces? Aún no hay una respuesta y todos los involucrados elucubran —elucubramos— al respecto. ¿Se podría pensar en un esquema, por ejemplo, en el cual el personal del Ministerio estuviera conformado por gente de la academia y de la industria que trabajaran ‘prestados’ por sus actuales lugares de trabajo y cumplieran el objetivo de dictar los lineamientos de la política pública en ciencia, tecnología e innovación? ¿Unos cerebros que durante el primer año, con las recomendaciones de la Misión y con su conocimiento experto piensen el país, fortalezcan y consoliden el Sistema Nacional de CTI, y establezcan una hoja de ruta que active Colciencias con unos recursos cada vez más sólidos?

Y así llegamos al tema del dinero, el tercero. Ya por lo menos pasó el susto de que le iban a quitar el 10% de regalías a la ciencia. La tarea ahora es continuar enderezando el proceso de adjudicación de los dineros que provienen de este rubro a proyectos que cubran y beneficien a las diferentes regiones para que sea posible consolidar en sus territorios la ciencia, la tecnología y la innovación.

Pero también resulta muy conveniente aclarar que cuando el gobierno promete subir la inversión en ciencia a mínimo el 1% del PIB, se refiera a Investigación y Desarrollo (I&D) más que a actividades de CTI (ACTI), concepto que incluye a I&D pero también la promoción, difusión y aplicación de los conocimientos científicos y técnicos, entre los cuales se destacan la formación y capacitación, las actividades de innovación y los servicios de apoyo a la actividad investigativa.

El presupuesto siempre será un dolor de cabeza hasta que nuestros gobernantes no se convenzan del todo de la importancia de invertir en educación y ciencia.

Es el momento de actuar y de apoyar todos estos espacios para que 2020 sea el año de iniciar con pie derecho esta nueva etapa de la investigación científica y la innovación en nuestro país. Y también es el momento de velar para que sea una investigación de calidad que allane con inteligencia el camino del desarrollo y se convierta en modelo a nivel internacional.