Pese a la resistencia del sistema, educación virtual aumenta oferta y aceptación

Junio 10/19 Los programas a distancia y virtual captan casi el 20% de la matrícula y crecen en áreas hasta ahora sólo desarrolladas presencialmente, superando los prejuicios de Conaces e IES tradicionales.

Y esto, pese a la inestabilidad que causa la ausencia de referentes – lineamientos precisos de política pública para el diseño, aprobación, evaluación y seguimiento de estos programas, pues el Ministerio de Educación (desde hace ya varias administraciones) ha hecho caso omiso al reiterado llamado de las propias IES (agrupadas en ACESAD), para que la educación virtual y a distancia no sea medida con el mismo metro que se usa para la educación presencial.

Se supone que el Decreto que está preparando el Ministerio de Educación para reemplazar el frustrado 1280, de 2018, va a tener en cuenta este aspecto, pero todavía no hay plena certidumbre al respecto. También se espera que la ministra de Educación sea coherente con las promesas de su jefe, el presidente de la República, quien como candidato defendió públicamente esta modalidad, por su calidad e impacto, y se comprometió a impulsarla. Otra expectativa, más cantada pero poco operacionalizada, ha sido la del CNA de tratar de definir referentes para la acreditación de estos programas.

Algo de optimismo causa que en uno de los anuncios que el Ministerio de Educación hizo la semana pasada, para promocionar a nivel gubernamental sus logros, habla de la Educación Virtual (punto 6) y refiere “lineamientos para la oferta de programas” (¿sólo oferta?) y Fomento de la Oferta virtual – MinTIC.

El punto concreto es que la mayoría de IES tradicionales privadas, de prestigio y alto costo, muy poco le apuestan al tema, aunque están viendo cómo la educación a distancia – virtual les está comenzando a arrebatar matrícula y se está convirtiendo para ellas en la “bestia negra”, que crece gracias a las nuevas tendencias del conocimiento, la tecnología y la cada vez menor aceptación de las nuevas generaciones de estudiantes por programas de cinco años presenciales.

 

Por lo mismo, como estas IES “grandes” tienen más influencia política y técnica, pues muchos de los miembros de las Salas de Conaces las representan (en un evidente conflicto de intereses, pues en sus manos está el futuro y apertura de programas virtuales que entrarían a competir y socavar aquellos en los que ellos mismos trabajan), los programas a distancia se encuentran una barrera frente a conceptos de pares y del Ministerio que piden docentes con máximos niveles de cualificación en lugares en donde la virtualidad no los requiere, y dudan (por la falta de lineamientos) sobre el rol efectivo del docente, cuántos estudiantes por grupo debe haber y los escenarios de práctica, entre otros.

De un escenario de casi 300 IES en el país, tan solo cuatro de éstas superan los 300 mil estudiantes matriculados en estas modalidades (UNAD, Minuto, el Poli y Areandina), y si se suma en total, son más de 70 las que están ofertando cerca de 500 programas, para superar los 600 mil estudiantes según la proyección de cifras de 2018 (pues estas no han sido reveladas aún por el Ministerio de Educación Nacional).

Programas virtuales en áreas hasta ahora sólo presenciales

Inicialmente los programas cercanos a las humanidades, las ciencias sociales y la administración fueron los predilectos para desarrollar a través de la virtualidad. Casi todos, porque, por ejemplo, hay una gran resistencia en Conaces a permitir que programas como Derecho se realicen a través de esta metodología, con argumentos no claros para todas las IES a las que les han rechazado esta solicitud.

Posteriormente, se volvió normal que gracias a la tecnología (que en muchas ocasiones permite más información, control, conocimiento en tiempo real y participación, que la propia metodología presencial), se crearan progamas virtuales de ingenierías (industrial, sistemas, telecomunicaciones, ambiental, alimentos, multimedia…).

Ahora, para sorpresa de muchos “clásicos”, ya se ve en el mercado oferta de programas virtuales como, por ejemplo: gastronomía y culinaria, de la U. Manuela Beltrán; Operación de servicios de guianza, de la Universidad Santiago de Cali; Música, Gestión Deportiva y Ciencia Política, de la UNAD; licenciaturas, de IES como CECAR e Iberoamericana; Relaciones internacionales y estudios políticos, de la Universidad Militar Nueva Granada, o Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de UNINCOL.

El otro gran problema que enfrenta la educación virtual, promovido indirectamente por la falta de lineamientos, es su aparente baja calidad (lo que no está comprobado), pues hay plataformas, metodologías, y estructuras curriculares que han demostrado excelentes resultados en sus egresados, así como una mínima deserción, por lo que no se puede caer en el error de estigmatizar a la educación virtual.

Ante la falta de confiables políticas de fomento y control de parte del Estado, es obvio que algunas ofertas de virtualidad se desarrollen en plataformas sin seguridad, material sin control y profesores sin preparación, pero esto es algo a lo que se enfrenta un sistema sin control, y que las propias IES -reunidas en ACESAD- han alertado a un sordo sistema. Peor aún son las ofertas de calidad dudosa en la presencialidad, porque esa formación sí tiene referentes, pero el control del Ministerio no siempre funciona.