Señores candidatos, ¿y la educación media para cuándo?


Para Héctor Andrés Pérez Enciso (sociólogo U. Nacional), si la educación media se continúa percibiendo como una aparente extensión de la educación básica o como el preludio de la universidad, difícilmente se logrará avanzar en el mejoramiento de oportunidades para los jóvenes colombianos.

A propósito de las propuestas de los candidatos presidenciales, es imperante preguntarse por el papel de la educación y las apuestas que invocan para cada tramo del sistema educativo. Si lo observamos con detenimiento, el común denominador de las propuestas se concentra en la educación preescolar y básica, y en la educación superior. La mayoría de candidatos coincide en ampliar la cobertura en ambos niveles educativos como pilares del desarrollo social del país, y tienen razón. No obstante, tan importante como la educación inicial en la generación de oportunidades de aprendizaje para los más pequeños, y tan estructural como la educación superior en la ruptura de las trampas de la pobreza, la educación media cumple un papel estratégico para ligar las funciones de ambos niveles y alcanzar los propósitos de equidad e inclusión del aparato escolar.

La política educativa para la educación media sigue siendo una deuda pendiente de las agendas del gobierno y si revisamos las propuestas de los candidatos, nos vamos a encontrar de facto con diferencias importantes con las acciones previstas en esta materia. Algunas de estas aluden al fortalecimiento de la titulación técnica en los últimos grados para favorecer mayores oportunidades de inserción al mercado de empleo, otras se refieren a modernizar la oferta educativa de cara a mejorar la calidad, aumentar el acceso y mejorar la pertinencia. Otros acuñan propuestas transversales asociadas al fomento de enfoques por competencias o capacidades sin detenerse en las funciones específicas de este último peldaño de la educación obligatoria del país.

Entonces, la pregunta obligada en este sentido tiene que ver con las concepciones del sistema escolar que subyacen a cada propuesta de gobierno y principalmente cómo están concibiendo la función formativa de grados 10° y 11°. Según cifras del Ministerio de Educación Nacional (MEN), al año 2016 mientras la tasa neta de cobertura en educación básica llegaba al 85.6%, en educación media apenas alcanzó el 42.8%. La tasa de tránsito inmediato de la educación media a la educación superior se ubicó ese mismo año en el 38%; dicho de otro modo, solo cuatro estudiantes entre 15 y 16 años se encontraba matriculado en grados 10° y 11°, y de estos, solo tres (3) o cuatro (4) de cada diez matriculados en undécimo grado transitan efectivamente a la educación superior.

Estas cifras indican que existe un problema en ambos sentidos del puente: en su conexión con la educación básica y en su función para preparar a los jóvenes al mundo post-colegio, y principalmente a la educación superior que, dicho sea de paso, es un objetivo específico de este nivel educativo que contempla la Ley General de Educación.

Si nos remitimos a los resultados de las Pruebas Saber 11° y la manera en que estos condicionan el acceso a la educación superior, los hallazgos son altamente preocupantes. Solo el 1.5% de los estudiantes de hogares de estrato 1 que presentaron el Examen Saber 11° en el segundo semestre del 2016 lograron el puntaje que se requería para ser beneficiario del Programa Ser Pilo Paga (342 puntos). Incluso si revisamos el porcentaje de estudiantes que reunieron el puntaje suficiente para solicitar un crédito de largo plazo con el ICETEX (270 puntos), el porcentaje es significativamente bajo en los estratos más vulnerables; tan solo dos (2) de cada diez estudiantes de estrato 1 lo alcanzaron.

Es decir que, basados en los resultados de las pruebas estandarizadas, los estudiantes más pobres no están alcanzando los estándares para optar a los programas del gobierno que buscan ampliar el acceso a la educación superior, ni mucho menos para competir por los escasos cupos de las universidades públicas. De la misma manera es importante acuñar la reflexión en torno a que para más de la mitad de estos jóvenes, el grado 11° será el último cursado.

Cuanto menos se ahonde en el papel de la escuela en la formación de los jóvenes, menos conciencia se tendrá de los riesgos latentes que éstos enfrentan al abandonar tempranamente la escuela, o egresar de ella sin las herramientas necesarias para atender las demandas del mundo actual. Una consecuencia de las bajas tasas de cobertura y calidad, en este como en los demás niveles educativos, es el aumento de probabilidades de un estudiante de ser socialmente excluido y marginado, de insertarse en condiciones precarias de empleo, e incluso, con mayor frecuencia, de ingresar a un trabajo informal. Esta situación impacta negativamente las posibilidades de una persona de mejorar sus condiciones de vida y entra en una contradicción directa con los propósitos mismos de la educación como un factor clave para disminuir la desigualdad social.

Entonces la cuestión, señores candidatos, es: ¿qué herramientas esperan promover en este nivel educativo de cara a preparar a los jóvenes para enfrentar las demandas del mundo post-colegio, sea la educación superior o el mercado de trabajo? ¿A través de qué acciones esperan favorecer la consolidación de competencias tan importantes como el pensamiento analítico, crítico y reflexivo en grados 10° y 11°, fundamentales para el ejercicio activo de la ciudadanía? Y frente a esto último, ¿qué papel juegan las competencias socioemocionales en el entendido de un país que tiene en deuda la reconciliación y la paz?.

Si la educación media se continúa percibiendo como una aparente extensión de la educación básica o como el preludio de la universidad, aun cuando muchos estudiantes no logran ingresar a este nivel educativo, difícilmente se logrará avanzar en el mejoramiento de oportunidades para los jóvenes colombianos.

——

Sociólogo egresado de la Universidad Nacional de Colombia. Estudios de Maestría en Evaluación y Aseguramiento de la Calidad de la Educación en la Universidad Externado de Colombia. Especialista vinculado a la Escuela de Pedagogía y Servicios Docentes de la Universidad Central. Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad completa del autor y no representa a las instituciones a las que se encuentra vinculado. Correo electrónico: hapereze@gmail.com