octubre 23, 2018 2:33 pm


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Una reflexión sobre la naturaleza de la Universidad

Por: José Joaquín Cuervo Polanía. Columnista de La Nación.

La Universidad nació cuando hubo necesidad de  acometer el  saber y  la  enseñanza como  un patrimonio  universal, Cuando  se quedaron rezagados los conventos,  las catedrales y los monasterios como únicas fuentes de enseñanza, por  eso la  Universidad nació  con intención tolerante y con capacidad dialogante. La universidad viene de universalidad, de tolerancia e   independencia, la  autonomía nació como elemento esencial de  su ser.  La   universidad nació para desarrollar principios sociales sagrados. La Universidad es la  ventana para  ver  el  mundo de  manera  más amplia, es un tesoro  social  que nos ha sido  encomendado por una  sociedad que busca ser  más tolerante y dialogante. La universidad como madre nutricia  y maestra exigente   es a la  vez el    soporte moral y la guía amorosa de la  sociedad, nos ratifica  la  identidad y nos  guía el  camino del progreso y  la  superación .  Esa sacralidad del  alma mater ha  sido profanada, la  desacralización ha sido constante; en ella hay tantos intereses personales y egoístas que  olvidan que lo más  intrascendente de la  universidad, lo  más pasajero y contingente son sus autoridades y sus grupos interiores de poder. La Universidad debe sopreponerse e imponerse  a  quienes durante tantos años  la han tenido como un caudo electoral, como simple bolsa de empleo o de contratos.    La Universidad no puede aprovecharse de su autonomía ni para violar   el  derecho de  la  comunidad  que  espera un buen gobierno interior ni para  violentar  los derechos fundamentales y colectivos que se vulneran por la  corrupción.

La Universidad merece  una  intervención moral estamentaria, merece transparencia y un trato acorde como el  que se debe dar a quien por ser más  sabio se  supone que debe ser   más ético.  Estudiantes, docentes, administrativos de   la  Universidad Surcolombiana deberían en estas épocas de  crisis proponer una especie de constituyente en que todos nos comprometamos a  superar el  complejo de  Orestes reinante: muchos de los que succionan las tetas  de la madre, se aprovechan de ella y contrario  al  complejo de Edipo,  solo la  quieren matar.

Mejor dicho, lo que hace falta es presión externa, de todos  los Neivanos y Huilenses, que la  ciudadanía  reaccione para que estos personajes entiendan que no pueden seguir haciendo lo que les da la gana con la educación, con los sueños y el futuro de nuestros hijos, que también son los sueños y el futuro de esta ciudad y departamento.

Si la sal se vuelve  sosa, ¿con qué se salará? Si  el   alma mater deja de ser   el   soporte moral de nuestro pueblo, se habrá perdido la   esperanza de  construir una  sociedad más  proba  y sabia.

Tomado de La Nación. Septiembre de 2018