agosto 18, 2018 5:47 pm


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… y Mineducación hace lo que se le da la gana con decreto que modifica el SAC

Ministra entrante, María Victoria Angulo, con viceministra de Ed. Sup. actual, Natalia Ruiz

Julio 25/18 Capricho, soberbia, intransigencia, negligencia… No hay palabra para definir la conducta del Ministerio de Educación que se niega a hacer pública la nueva versión del decreto que reformula el Sistema de Aseguramiento de la Calidad, con la esperanza de que el Departamento de Función Pública le dé el visto bueno para que el presidente Santos lo deje firmado.

Nadie, excepto el grupo de cercanos al Ministerio y algunas de las universidades “grandes” que lo defienden, conoce el texto que se busca aprobar, pese a las más de 700 observaciones que recibió de parte de la comunidad académica.

Este hecho, por sí solo, independientemente de lo benéfico o no que sea el articulado propuesto, debe generar una alarma. Va en contra del natural proceso de ajustes y mejoras en las políticas públicas del sector y, al ver todos los detalles que han pasado (alerta de los propios funcionarios del Ministerio sobre la inconveniencia del mismo, el no estudio de impacto financiero, la no socialización final, la falta de claridad en la oportunidad y conveniencia que justifican su expedición, y el análisis del impacto económico, entre otros aspectos), es posible que si el Departamento Administrativo de la Función Pública (que no sabe de educación superior, pero sí de leyes), encuentre que el trámite viola lo dispuesto en el Decreto 1609 de 2015,  que modificó las directrices generales de técnica normativa.

Preocupa también que la comisión de empalme del nuevo gobierno, en temas de educación, propuso aprobar el decreto; es decir, si no sale antes del 7 de agosto, la nueva ministra sí lo haría. Si sale antes, María Victoria Angulo recibirá un sector molesto con el tema y, sobre todo, enfrentará las anunciadas demandas al mismo por vicios en el trámite, con una costosa carga legal y de tiempos. Si no sale en este gobierno, ojalá que la nueva ministra (que, para bien o para mal, está rodeada del mismo séquito de universidades privadas “grandes” y funcionarios de la época de Cecilia María Vélez), tenga muy presente que no vale la pena gastar su hasta ahora intacto capital político por defender una iniciativa que viene de un Ministerio desgastado y que, por buena que pueda ser, la forma como se pretende aprobar recuerda las épocas impositivas del Ministerio de Gina Parody. 

Los intereses dentro del CESU le impiden actuar

Ni siquiera los propios miembros del Consejo Nacional de Educación Superior, a donde se ventiló el tema, conocen el texto final del decreto. Y eso que, se supone, es el máximo cuerpo colegiado para la orientación de políticas públicas en el sector.

Desde que trabajó el Acuerdo por lo Superior, en 2012-2014, el CESU ha perdido su brillo, y más que un cuerpo colegiado es una aglomeración de intereses diversos. Salvo algunos aportes de ciertos consejeros, la mayoría brilla por su silencio (algunos escasamente hablan en las sesiones), por su incapacidad de defender a sus representados y al sistema, en muchos casos porque prefieren estar bien con la Viceministra -que generalmente preside el CESU por inasistencia de la ministra- para favorecer sus propios procesos de registro y acreditación.

… Y el CNA se clava su propio cuchillo

El Consejo Nacional de Acreditación está fragmentado por dentro, tanto entre sus consejeros como entre los funcionarios. El organismo llamado a ser faro intelectual en los procesos de calidad se caracteriza por tener un grupo de consejeros con doctorado que, pueden tener buena intención, pero son más académicos que directivos y líderes del sector. Su fidelidad está más dada a las IES de las que provienen que al propio Consejo. Al fin y al cabo, ellos estarán ahí pocos años y tampoco les interesa abrir querellas con el Ministerio.

Es decir, de independencia, autonomía o criterio, que son aspectos evaluados por ellos en las acreditaciones, el propio CNA no tiene nada. Pareciera que les importa más que el Ministerio les mantenga sus oficinas a que se reflexione públicamente sobre la política de calidad.

Es sorprendente que el viceministerio quiera ir trabajando con el CNA la reglamentación del desconocido decreto sin que el propio CNA conozca su texto, lo cual ocasionó que -como pocas veces- todos los consejeros mandaran una carta al respecto, en la que le piden al Ministerio:

– Ampliar la participación de la comunidad académica en el proceso de construcción de lineamientos para acreditación de programas e instituciones.

– Mayor tiempo de discusión para una mejor aceptación por parte de la comunidad académica de los resultados del proceso

– Conocer o no la aprobación del decreto: “Requerimos conocer el texto final y completo del mismo”, dicen los consejeros.

– Contar con un plan detallado para implementar los cambios

– Antes de implementar los cambios, socialización adecuada a toda la comunidad académica.

No obstante la importancia y el sentido común de esta comunicación, no pasa nada, y el coordinador del CNA, Luis Guillermo Murillo, se enreda en sus propias explicaciones tratando de tener contentos a todos, y dejando como resultado la insatisfacción de todos.

La carta fue firmada, además de Murillo, quien no se atreve a contradecir al Ministerio, por Cecilia Correa de Molina, Jhoniers Guerrero Erazo, Alvaro Acevedo Tarazona, Alvaro Andrés Motta Navas, Fernando Cantor Rincón, Helmuth Trefftz Gómez y José William Cornejo Ochoa.

La ministra Giha tampoco cumple

La ministra Yaneth Giha prometió públicamente, en el auditorio de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, ante centenares de asistentes que NO habría decreto sin el consenso del sector, y la directora de Calidad, Magda Méndez, que se respondería una a una las inquietudes y que éstas se recogerían en la nueva y desconocida versión.

Sorprende la manera como la viceministra Natalia Ruiz está terminando su gestión, pues este estilo autoritario es radicalmente opuesto a aquel con el que llegó: académico y conciliador.

Para algunos es bueno que se esté acabando esta administración; y para otros, que se refresquen los nombres, pero en el fondo, los personajes influyentes y asesores que han estado con el saliente gobierno, han sabido adaptarse muy bien -parece- para continuar con el siguiente.