diciembre 12, 2018 7:11 am

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“Yo nunca pensé que iba a ser rector de La Pedagogica”: Leonardo Martínez

Agosto 7/18 Leonardo Fabio Martínez tiene 38 años y es uno de los rectores más jóvenes de universidad pública y, casi que por defecto, debe asumir una posición política, aunque considera no ético adoctrinar profesores en una ideología. Inicia cuatro años de gestión y el reto de evitar los desmanes en las protestas estudiantiles.

La siguiente es la descripción del nuevo rector presentada por el diario El Tiempo:

Leonardo Fabio Martínez estaba y sigue estando en todo. Cuando joven era representante estudiantil mientras cursaba su licenciatura en Química, a la vez trabajaba en las noches y los fines de semana, y mantenía excelentes calificaciones. Uno de sus primeros trabajos fue el de vigilante en comercios, pero en el que más duró, casi toda la carrera, fue como juez de bolos. Ahora, aún joven, pero ya menos, su labor es ser rector de la institución a la que ha estado vinculado desde que hace décadas entró a estudiar en ella, la Universidad Pedagógica Nacional (UPN).

Martínez es el rector más joven en ocupar este cargo: tiene 38 años. Con orgullo asegura que obtuvo a los 30 su doctorado en Educación para la Ciencia de la Universidad Estatal Paulista Julio de Mesquita Filho (Unesp), de Brasil, y que su último trabajo fue ser decano de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UPN. Es un convencido de la defensa de la educación superior pública porque él fue uno de esos jóvenes desfavorecidos socialmente que vieron en la universidad una posibilidad de crecimiento. “Soy una muestra de que es posible”, asegura. 

Creció en Usme, límite con San Cristóbal, en el suroriente de Bogotá. Salía temprano en bicicleta de su casa para llegar a tiempo a clase después de despedirse de su padre, retirado de la Policía Nacional, y de su madre, dedicada al hogar. “En las familias, los papás a veces no están muy atentos de lo que uno hace. Él no sabía que yo era líder estudiantil”, se ríe mientras lo cuenta. 

“Ser estudiante es una etapa fantástica”, asegura el rector mientras recuerda las necesidades económicas que tuvo que sobrellevar durante esa época y que lo llevaron a trabajar para poder financiarse el estudio. “En el que más duré fue como juez de bolos de la liga de Bogotá, en torneos nacionales y de empresas. Trabajé cuatro años en las noches y los fines de semana. Con eso logré los recursos básicos para mantenerme”, relata. 

Martínez no solo ha estado vinculado a la UPN desde su etapa como estudiante y luego, durante 14 años, como profesor de planta, sino también por una historia de amor. Fue allí, cuando estaba en quinto semestre, donde conoció a su esposa, Diana, con quien lleva 18 años y tiene un hijo de 3, Pablo. Es por todo lo anterior –y por todo lo que él quiere que venga– que decidió postularse para ser rector. Y lo logró. 

Camina con propiedad por las instalaciones de la institución en la calle 72 con carrera 11. La gente lo saluda y felicita mientras pasa veloz y con afán. Pero él se detiene, da las gracias y continúa. Sus gafas fotocromáticas para resguardarse de la luz de los pasillos de la Pedagógica dejan ver sus pequeños ojos. 

Mientras camina, los crespos negros le brincan. Deja constancia de su gusto por algunos –pocos– de los grafitis que engalanan las paredes de la universidad, muchos con mensajes reivindicativos. No porque esté de acuerdo con lo que dicen, sino porque son diferentes a lo que puede haber en un solo rayón de espray apurado, indica. 

Tampoco esconde el disgusto que siente por la mayoría de estas piezas artísticas, sobre todo aquellas con mensajes como ‘¡Viva el ELN!’ o ‘Qué viva la revolución’. Pero dice que no las borrará. “Respetamos la libertad de cada quien, pero también respetando los derechos de los demás a tener una universidad limpia, organizada y estética”, explica el rector mientras muestra que del piso 3 hacia arriba el programa que el ayudó a implementar para que los grafitis tuvieran una estética respetuosa con toda la comunidad académica ha servido. Más abajo, parece que la ley aún no llega. 

Uno de estos murales elaborados a partir del programa contiene la frase ‘La educación es la revolución que transforma el mundo’. Explica que se ve distinta cuando es un solo rayón negro y difuso a cuando tiene varios colores definidos, como es el caso, e incluso se le añaden espejos rotos a su alrededor, como si se tratara de una vitrina o de un lienzo.

Otro ejemplo de un grafiti por el que el rector siente especial orgullo es aquel que ocupa una pared entera de la plaza de la Memoria, localizado en el Edificio Administrativo de la UPN. Memorial a nueve víctimas de la Universidad Pedagógica Nacional, obra del artista Daniel Esquivia Zapata, es un homenaje a nueve víctimas de la violencia que dejó más de 50 años de conflicto armado en el país, todas ellas vinculadas de alguna forma con la institución: estudiantes, egresados, trabajadores… Amigos y familiares de los 9 desaparecidos también participaron en la creación del imponente mural. 

“Es lamentable que aún se violen los derechos de expresión, de participación. Este mural es una clara muestra de ello. Líderes o defensores de los derechos humanos o profesores críticos que por su pensamiento son desaparecidos y asesinados. El último caso que vivimos fue en el 2016, a un egresado que trabajaba con organizaciones sociales, comunitarias, lo desaparecieron por su labor”, explica el rector.

Los grafitis, el mural, los desaparecidos, las movilizaciones estudiantiles, los profesores, todos son ejemplos de que la política rodea, impregna, incluso estigmatiza a la UPN. Y sí, incluso el rector habla de política como habla de educación porque, asegura, no son conceptos desasociados. Para él, la educación es un acto político. 

“No significa que los profesores adoctrinen en una ideología, eso no es ético”, aclara, y añade: “La política tiene que ver con entender que las decisiones del ser humano impactan en las de los demás en todos los ámbitos”. De ahí que haya expresiones de diferentes ideologías en la UPN y, en general, en las universidades públicas de todo el país: hacen parte de su sentido.

De hecho, la historia de la humanidad demuestra que las movilizaciones estudiantiles que constantemente se toman –y se tomaron– las calles de las ciudades del mundo para exigir, reclamar y gritar la disconformidad han marcado importantes hitos a lo largo de los siglos. Es en las universidades donde surge el cambio, el progreso y se construye un futuro diferente. Más aún en una institución como la UPN, dedicada a formar a los maestros en cuyas manos recae la responsabilidad de educar a las futuras generaciones de colombianos. 

De hecho, la elección de Martínez para reemplazar a Adolfo León Atehortúa, quien ocupaba el cargo desde julio del 2014, también puede tomarse como una decisión impregnada de política. Coincidencia o no, el nombramiento del nuevo rector se realizó dos días antes (15 de mayo de este año) de que el país eligiera a Iván Duque como primer mandatario de Colombia. 

Martínez es consciente de que los profesores son actores políticos y fundamentales para el desarrollo de un país. Es por eso que no evade las preguntas sobre el nuevo presidente ni duda en ser crítico. Asegura que hay incertidumbre en las universidades públicas sobre lo que pasará con este gobierno, pero añade que el gobierno que se va, el de Juan Manuel Santos, tampoco les ha favorecido mucho en estos años. Por ejemplo, con el programa Ser Pilo Paga, que Martínez no duda en juzgar duramente. 

Considera que si bien en el discurso del antiguo gobierno ha existido un gran énfasis en impulsar la educación como motor fundamental para la paz y con el objetivo de lograr que Colombia fuera el país más educado de la región, esos objetivos nunca estuvieron en sintonía con los recursos que se requerían para fortalecer esa propuesta. “La política de los últimos años fue continuar desviando los recursos de las oficiales a las privadas”. 

Precisamente, las políticas de educación superior pública levantaron ampollas en los estudiantes universitarios y en general en el sector. Precisamente, desde la UPN salieron marchas como muestra del descontento  ante tales medidas, sobre todo con Ser Pilo Paga. 

En el semestre que pasó hubo dos disturbios fuertes. El 6 de marzo fue el principal. Se escucharon explosiones en los alrededores de la UPN y hubo heridos y daños materiales. Entre los cinco capturados, asegura el rector, cuatro eran personas de afuera, no eran estudiantes. “Se han disminuido estas protestas violentas en la universidad”, señala orgulloso, y lo repite una y otra vez. Antes se vivían entre 14 y 16 disturbios por semestre.

Retomando el tema del nuevo gobierno, Martínez comienza prudente: “Sí, ganó Duque, es el nuevo presidente… pero el proyecto de la Colombia Humana sacó una votación muy significativa que no se puede desconocer”.

Luego añade: “Espero que lo que dijo Duque de unir a Colombia, de trabajar con todos los sectores, de hacer la reconciliación, que así sea. Que sea, efectivamente, una prioridad. Y en cuanto a la educación, hago una invitación a que trabajemos mancomunadamente con los rectores del Sistema Universitario Estatal. Él dijo en su programa que va a trabajar por la educación superior gratuita para los sectores más desfavorecidos. Espero que sea una realidad y no solo un discurso. Toda nuestra voluntad para trabajar por ello”.

“¿Por qué voluntad para trabajar por ello?”, se pregunta en voz alta. Mira el mural, piensa y responde: “Porque lo que me llevó a ser maestro es esa utopía de una mejor sociedad en la medida en que desde la educación podemos aportar a construir una mejor sociedad, más justa, más equitativa, donde todos podamos tener la posibilidad de que nuestras potencialidades se realicen”.

¿No le parece que, como usted dice, es solo una utopía?

Paulo Freire decía que la utopía no es lo irrealizable, sino, al contrario, son los sueños que pueden ser posibles. Entonces la utopía es el motor que nos mueve para que nuestros sueños se puedan ir consolidando poco a poco, es lo posible… Por ejemplo, yo nunca pensé que iba a ser rector de esta universidad, hoy en día es una realidad. No pensamos que nuestra universidad fuera hoy reconocida como una de las mejores formadoras de maestros, y hoy lo es. Son sueños que se van tejiendo; si uno mira para atrás, al principio, de pronto pensaba que era muy difícil de alcanzar, pero hoy en día así son. Así que hay que seguir trabajando por esos sueños posibles.