Las últimas semanas de este MEN… afortunadamente

Por Carlos Lopera. Director de El Observatorio 

Es un hecho. La administración de Cecilia María Vélez al frente del MEN tiene los días contados. Ella misma reconoció que no seguiría, así el presidente Uribe hubiera ido en una posible re-elección.

Tal vez será una pérdida para la educación básica y media en donde el trabajo en competencias, evaluación y cobertura, muestran resultados interesantes, pero la verdad es que para la educación superior es un descanso que la administración Vélez White y Burgos Mantilla den un paso al costado.

Bajo el sofisma del aumento de cobertura (hábilmente disfrazado con los datos del SENA y algunos ajustes, no aclarados, al SNIES), durante ocho años se ha pretendido mostrar a Colombia como un modelo de gestión estatal en educación superior. Lo que no se ha planteado es que tenemos más jóvenes con formación técnica, subsidiada y meramente laboralista, a bajos salarios. Es decir, sin el patrocinio del Estado, sin la inversión extranjera y sin las plazas de bajo nivel ocupacional, nuestra educación superior no variaría mucho de lo que era a comienzos de década: clasista, poco relacionada con la ciencia y ajena de las necesidades reales del mercado laboral.

El dinamismo que traía la educación superior en los gobiernos anteriores (parece increíble leerlo, pero es cierto: Samper y Pastrana), por lo menos en el tema de registros calificados y acreditación de alta calidad, enfrentó un receso en esta administración. Se dirá que han aumentado los pregrados acreditados, pero era obvio que eso iba a pasar. Ahí no hubo una mejora real. Al contrario, han crecido menos de lo esperado. Lo que sí ha habido, además de palos de ciego e inexperiencia de parte de algunos funcionarios de alto rango del MEN, son millonarios y voluminosos contratos para satisfacer muchos interesados en irradiar el discurso de calidad y cobertura del MEN, pero ajeno a un real programa nacional de fomento de la educación superior.

Por lo demás, terminamos dos cuatrenios de silencio ministerial en el debate académico sobre cuál es la realidad del país y cómo debe abordarla la educación superior. Es hora de cambiar el modelo de gestión: No es satisfaciendo unos cuantos rectores poderosos, y evitando que se pongan bravos al mismo tiempo, como se logra el silencio cómplice de la educación superior con el Gobierno (un gobierno que, a propósito, se regodeó visitando cuanta IES podía, entregando y recibiendo condecoraciones, y participando en un invento que aún presenta dudas sobre su eficacia: los CERES).

El nuevo modelo de gestión debe partir de un proyecto de país que todos los colombianos debemos conocer, y a partir de allí fijar las condiciones de operación del sistema. Es curioso, pero tal vez uno de los sistemas en los que no metió la mano el presidente Uribe, con su claro estilo intervencionista, fue el de la educación superior. Con él, el statu quo universitario terminó más afianzado que antes.

De todas las encuestas que El Observatorio ha hecho entre sus lectores las dos únicas en las que se supera el 80% de opinión en un solo aspecto, son las que hablaron sobre la continuidad o no de la ministra en dicha Cartera. En ambas la ministra pierde de forma apabullada. Esto es, pese a que el sistema aparentemente se siente cómodo con este Ministerio (porque no le exige), los mismos académicos son conscientes que otro cuatrenio con este esquema no será para nada productivo para nuestra universidad.

Una mención especial merecen dos personajes de este Gobierno, con resultados antagónicos. La Dra. Martha Lucía Villegas, de muy destacada labor en el Icetex, y, de otro lado, el de una sonada gestión, aunque sin una rendición efectiva de cuentas, como la de Darío Montoya en el SENA.

Dicen por ahí –en una versión por confirmar- que se fragua una alianza entre Montoya, con la ministra y el presidente y dueño de la Universidad Católica de Colombia, Edgar Gómez Betancourt, para firmar una alianza y crear una institución educativa cuando finalice este gobierno, con la que se aprovecharía el terreno de la fracasada Escuela de Tecnologías de la Universidad Católica, en Chía, Cundinamarca, y crear la Escuela Nacional de Ingenieros (ECI). Seguramente es una consecuencia, entre otras cosas, de la condecoración que hace pocos días recibió Montoya de parte del Gobierno de Francia, por las alianzas del SENA con la Escuela Nacional de Ingenieros de Metz.

De otro lado, no sólo porque lo necesita urgentemente el país, sino también lo requiere el proyecto del presidente Uribe de crear una universidad virtual cuando sea expresidente, seguramente en este periodo regresivo, la ministra Vélez expedirá el decreto que reglamente las condiciones de operación de la educación virtual, que a la fecha es otra deuda de su gestión.

Algún escéptico dirá que lo malo podrá empeorar. Debemos confiar que, por lo menos en el tema de educación superior, el próximo presidente –seguramente Uribista- sepa distanciarse de la política de educación superior de los ocho años que terminan.

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