De la audiencia pública sobre reforma a la Ley 30

Luis Fernando Páramo Jiménez, analista de El Observatorio, cuenta los detalles de la audiencia de los estudiantes con la ministra de Educación en el recinto del Congreso de La República.

Evento agotador, pero muy importante. En el salón Boyacá se realizó la continuidad de la audiencia pública sobre la Reforma a la ley 30 que adquirió gran trascendencia; Ángela Robledo, Carlos Andrés Amaya y Wilson Arias protagonistas indiscutibles, enfrentaron tesis del Ministerio de Educación Nacional. Ministra y Viceministro bastante acorralados, no por abucheos, que evidentemente los hubo, sino por las contundentes posiciones de sus contradictores parlamentarios.

Superando la posición de rectores, ASCUN, sindicalistas, profesores, etc., por fin se puso de presente de manera pública, las deficiencias del sistema de aseguramiento y acreditación de la calidad que tanto venimos analizando, porque si algo debe incluirse en la reforma, es la corrección de un sistema que nos tiene sumidos en una posición internacional vergonzosa y que no se puede defender con dos ejemplos tan claramente conocidos que son la Universidad Nacional y la Universidad de Los Andes, entre otras cosas por que sus logros no se deben al sistema imperante, pues su tradición y prestigio viene desde mucho antes de la Ley 30.

El representante Arias y el profesor Múnera brillantemente advirtieron a dos ingenieros, la Sra. Ministra y el Sr. Viceministro, que no es exacto afirmar que la Educación Superior Colombiana cuenta con un sistema robusto y eficiente de aseguramiento y acreditación de calidad de programas e instituciones, que descansa en la responsabilidad de pares académicos; porque emitir conceptos subjetivos sobre las denominadas condiciones de calidad y reitero aquí “subjetivos”, por no decir de opinión, es un acto incongruente con reconocidos sistemas de calidad, que definen estándares, basados en variables agrupadas por factores determinantes, a los que se les asigna escala de medición, para poder emitir conceptos objetivos sobre la calidad.

Imagínense un estándar de una norma ISO, sometido a la opinión subjetiva de los evaluadores, pues abría tantas calidades como evaluadores, es decir el mundo nunca podría tener acuerdos concretos.

De los estudiantes, valerosos, analíticos, políticos, propositivos y verticales, aunque proponiendo mesura y respeto, si pueden dialogar y están en condiciones de debatir sin odios, de lo contrario pierden credibilidad.

 

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