Universidades de calidad vs universidades de garaje

Paloma Valencia Laserna analiza, en El Espectador, el reto de un nuevo proyecto de reforma a la educación superior que considere las diferencias de calidad entre universidades públicas y privadas de primersa y segunda categoría.

La reforma a la educación superior tiene que empezar por reconocer las realidades poco halagüeñas que vivimos.

Hay dos tipos de profesionales universitarios colombianos, con status radicalmente diferentes: aquellos graduados de universidades públicas y privadas de buen nivel que son comparables con otros profesionales universitarios del mundo, y aquellos de universidades -también públicas y privadas- de bajo nivel académico, cuyos profesores tienen poca o nula formación y cuyo nivel de exigencia académica es deficiente. Estos últimos reciben empleos y salarios bien diferenciados de los primeros: aunque también se llaman profesionales universitarios, en verdad están supliendo los espacios de la formación técnica.

Frente a esas universidades que funcionan bien es poco lo que debe hacerse. Los estudiantes y sus profesionales tienen buen nivel y aquello que requiere mejorarse depende, en gran medida, del manejo interno de cada una de ellas y de la vocación de estudio y disciplina de los estudiantes. En general están financiadas; por supuesto que se requieren más recursos, pero la gestión de sus directivas e integrantes puede gestionarlos con investigación, filantropía y alianzas con el sector privado. Este grupo no constituye el mayor problema de la educación superior.

Sobre el segundo grupo; “universidades de garaje” que gradúan profesionales mediocres, el gobierno tiene que actuar. Las “universidades de garaje” públicas no tienen casi recursos, en tanto las privadas son minas de oro que se nutren de ofrecer educación de mala calidad. Frente al fenómeno existen dos opciones; mejorarlas o acabarlas.

Para subir la calidad educativa sería necesario cambiar el cuerpo profesoral. Colombia tiene más de 100 mil profesores de los cuales sólo 4 mil tienen doctorado. Este cambio supondría una inversión mucho mayor, y un control poderoso para que la formación tenga exigencias más altas que las actuales. Ello requiere, paralelamente, una mejor calidad de estudiantes. No podrían hacerse profesionales quienes van pocas horas luego de trabajar a recibir una pobre instrucción y que no tienen tiempo adicional para profundizar en sus conocimientos, pues no es comparable un profesional que estudia con vocación y disciplina con quien en pocas horas -cansado- pretenden suplirlo todo.

Más aún, habría que evaluar cuántos profesionales de buen nivel puede usar el país; es decir cuántos puede emplear y pagar. Pareciera que no muchos más de los que tiene, pues hay desempleo y subempleo incluso entre los profesionales más preparados. El mercado laboral tiene clara la división entre los dos tipos de profesionales y divide los salarios de acuerdo a ello; así que los profesionales terminan recibiendo sueldos muy diferenciados según la universidad de la que salen. Los profesionales de menor nivel sólo acceden a puestos acordes a su formación y reciben salario de técnicos; o peor aún se hacen profesionales universitarios para seguir teniendo el trabajo que tenían antes de serlo.

La otra alternativa es aceptar lo que parece claro; esas universidades del segundo grupo están supliendo una formación técnica que necesita el país. Habría pues que acabar con esas universidades y crear instituciones de formación técnica. En esto ha sido parco y descuidado el Estado; sólo está el Sena, cuando se requiere mucho más. Estas deberían ofrecer una educación poderosa, de no tan larga duración y con perspectivas laborales claras. Ser técnico no es inferior a ser profesional; la diferencia radica en la vocación de estudio teórico, frente a la práctica y técnica de una disciplina.

Tampoco se puede decir que por ser técnicos van a disminuir sus ingresos; pues lo cierto es que hoy en día ya devengan menos que los otros profesionales. Más aún, el mundo moderno está cambiando. La universidad no determina el acceso a la riqueza. Cabe recordar que los millonarios más jóvenes del mundo, las grandes empresas han surgido de personas que no fueron a la universidad: Bill Gates fundador de Microsoft, Steve Jobs fundador de Apple, Larry Ellison fundador de Oracle, Richard Branson fundador de Virgin Records,Warren Buffett entre muchos, muchos otros.

El gobierno tiene claro este panorama. Ahora planea negociar con un pequeño grupo de estudiantes universitarios. Es claro que la agenda de los estudiantes de las buenas universidades debería diferir con la de los de universidades de garaje. Más aún, las reformas sustantivas a la educación superior que el país requiere de manera urgente se refieren a la formación técnica, y no habrá representantes de estas áreas.

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