A propósito, del paro agrario y el sentido de la educación superior

El Grupo de investigación Innovaciones Pedagógicas y Educativas, identificado como una reunión de campesinos, Profesores, Estudiantes, Investigadores, Amigos de los campesinos, de la ciudad de Tunja, del departamento de Boyacá y del País, de varias universidades del departamento de Boyacá, hacen un análsis sobre la responsabilidad de la educación superior frente a los hechos sociales presentados por estos días en el país.

 

Cavad la tierra donde sea y encontrareis un tesoro…
Sólo que debéis hacerlo con la fe del campesino.

 

Khalil Gibran

Jeffer Harvey Cabezas

Fabio Alejandro Casas

Galo Christian Numpaque

Grupo de investigación Innovaciones Pedagógicas y Educativas[1]

El presente texto es una mirada panorámica sensible sobre la crisis que se presenta por estos días en el país y, de modo particular, en el departamento de Boyacá, Nariño, Cauca, Cundinamarca y los otros 28 departamentos con respecto al sector agrario –a los campesinos- y sus relaciones más inmediatas con organizaciones que se supone, nacen para dar respuesta a sus necesidades.

Es así, como para este caso se desarrollará el papel de la Educación Superior y su cuáles han sido sus dinámicas de cara a las necesidades de las regiones para generar alternativas que posibiliten una sociedad, justa, académica, científica, democrática y participativa.

APROPÓSITO, DEL PARO AGRARIO Y EL SENTIDO DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR

Hoy por hoy a través de los medios de comunicación y redes sociales, hemos visto con profunda admiración, pero a su vez con profunda tristeza; la situación del campesino, que se vuelca a las carreteras y accesos de nuestras ciudades con el fin de manifestar lo que sucede con el agro colombiano. Así, se puede evidenciar que el sentimiento de inconformismo y resistencia, pero también de irrestricta solidaridad por parte de la ciudadanía con una sola identidad: “Todos somos el campo y Todos somos campesinos”.

Sin embargo, los lamentables hechos que se han presentado estos últimos y actuales días generan un sentimiento irónico, primero por ser una mezcla de alegría, ya que el campesino en la ciudad siempre se ha visto como el “pobrecito” el iletrado, pero de un momento a otro todos sienten identidad y ofrecen total respaldo a su manifestación y segundo, de indignación porque han sido muchos los representantes y las instituciones que han tenido en sus manos la posibilidad del cambio y no lo han realizado.

De ahí la importancia del momento para que todos los que dicen sentirse con la identidad del campesino, deben generar apropiar su imagen La imagen simboliza al campesinado boyacense, no solo desde su atuendo sino desde la importancia que este tiene para la tierra; de la cual hace su hogar, a partir de la sabiduría y paciencia que solo el amor y el trabajo por el campo otorga-[2].

Ahora bien, pero cuál es la relación con las Instituciones de Educación Superior, ya que no sólo se requiere políticas académicas y económicas: es necesario que las instituciones educativas –especialmente las universidades, vuelque sus ojos sobre el campo, sobre sus gentes, sobre sus posibilidades y necesidades. El concepto de vulnerabilidad y de pobreza que hoy por hoy sacude nuestros campos como sinónimo de miseria, no ha tenido la repercusión necesaria en nuestras universidades. Sanabria (2010) piensa que “si la universidad es incapaz de llegarle al campesino… de qué le sirven tantos títulos”. Estas palabras del sociólogo reflejan una separación abrupta entre la universidad y el campo. Esto conlleva algunas situaciones sociales de la Educación Superior, tales como la hegemonía, la legitimidad y la crisis institucional, se vean distorsionadas.

Hoy por hoy, la Universidad y el Campo, ven amenazadas su autonomía y libertad para ejercer su papel. Diferentes tratados y acuerdos jurídicos, por ejemplo lo sucedido hace algún tiempo con el tan sonado escándalo de Agroingreso seguro (seguro para unos pocos), el desplazamiento forzoso, importación de alimentos, precios elevados de insumos, la expropiación de las tierras, la apropiación ilegal de la tierra de los campesinos, menosprecio e indiferencia al campesinado, se convierten en uno de los principales peligros para nuestra vida como país y son el reflejo de la separación de la que hemos venido hablando. De la misma manera, la Universidad vive estados de crisis paralelos: los recortes presupuestales, la indiferencia gubernamental, la dependencia de Colciencias, el afán por titulitis, inconexa relación con la sociedad civil y la ausencia de verdaderos investigadores.

Cuando esto sucede, se privilegia la desigualdad, la pérdida de identidad cultural, la pluralidad y el respeto por el otro,  como viene sucediendo y lo anuncian diversos medios de comunicación. Por ende las universidades como centros académicos y de pensamiento se deben fundamentar conceptualmente sobre lo que actualmente sucede, pero no desde adentro, sino en contacto con las realidades, en donde sus planes de desarrollo sean respuesta a una sociedad real.

Se hace urgente el hecho de repensar y re-crear una Universidad, enmarcada en el contexto de la Glocalización, como ya lo expondría el maestro Orlando Fals Borda, desde el ejercicio de múltiples propuestas, que apunten hacia la generación del conocimiento como bien público. En otras palabras, si la universidad piensa en el campo, no perderá su identidad, encontrará un vínculo con su contexto inmediato, producirá un eco profundo desde sus diversas connotaciones, para responder a las necesidades de un país donde la incertidumbre es cada día más implacable.

Sin embargo, no son sólo los lazos entre Universidad y Campo, entre Universidad y Campesino, son los que deben estrecharse. Es necesario, establecer un diálogo, una articulación entre universidad, campo, empresa, estado, cuyos resultados propicien una reforma agraria que esté en beneficio de nuestros forjadores: los campesinos. Por consiguiente, se puede pensar que si se desarticula el vínculo necesario entre, universidad y campo, no habría razones para sitiar y contextualizar al campo y la universidad en un tiempo y en un lugar determinados; de hecho, esto nos exhorta a dudar de que la crisis actual de la Universidad y el Campo  pueda tener su origen en la noción de búsqueda de la verdad, impuesta por terceros; esto nos convida a pensar en el papel que pueden tener las universidades en el desarrollo de la comunidad campesina, en la tecnificación agraria y en la destrucción de la miseria.

De acuerdo con lo anterior, es labor imprescindible que la Universidad, dentro del marco de responsabilidad social que ostenta, sea pensada desde las potencialidades que su entorno goza, generando políticas pertinentes en cuanto el desarrollo de sus comunidades. Es en este sentido que la Universidad se convierte en generadora de procesos sociales, cuyo camino es el del progreso de sus regiones, en dondela emancipación del sujeto pueda lograrse reconociendo los ámbitos de igualdad y diferencia. De esta manera, serían posibles la interacción con el otro, el uso de un pensamiento reflexivo, la promoción de la cultura social y la formación de sujetos libres, capaces de generar su propio conocimiento.

Como corolario de esta reflexión  y con la pretensión de ir más allá de las quejas y del lamento, aparece sin una finalidad dogmática y totalitaria, un esbozo propositivo.  La propuesta, en síntesis, da cuenta de una reflexión sobre lo que puede ser la Universidad y el Campo; asimismo ofrece pautas, que se preocupan por los aspectos presupuestales, políticos y sociales, pero primordialmente, pautas que se preocupan por el campesino, por el profesor, por el estudiante de hoy –que son lo mismo-, por los métodos, por los modelos pedagógicos y, en fin, por el interior mismo de esa relación inextricable que constituyen la universidad y el Campo, como facilitadores directos de una universidad humana, contemporánea y posible.

Lo anterior implica realizar una mirada crítica de lo que realmente se está haciendo en las universidades, con respecto al campo y al campesino, con el fin de connotar las debilidades, fortalezas y oportunidades, que desde el contexto se dan, a partir de la toma de conciencia y sensibilización, en favor de una sociedad consciente de sus problemáticas, de sus posibles soluciones y, sobre todo, de su existencia misma.

La Universidad, contemplada, como un bien público y con un alto grado de responsabilidad social, donde la sociedad vea en ella un ente generador de conocimiento, y reconozca en su entorno otros conocimientos ancestrales por ejemplo: no se olvide que la primera tecnología del campesino fue su saber, su azadón como extensión de la  mente al brazo del hombre.  Entonces y solo así establecer puntos de solución a los diferentes problemas del contexto.

Hacia una oportunidad de cambio

De acuerdo con lo anterior, la Educación Superior propuesta para  el campo de hoy, está encaminada a la formación de sujetos que desarrollen un pensamiento crítico. De igual manera, en esta perspectiva, el sujeto se convierte en guía de viejos y nuevos saberes, con el objeto de descubrirlos y trascenderlos.

En consecuencia, se piensa en un sujeto que pese a ser comprendido frente a sus intereses particulares, es un ser inmerso en la sociedad, en donde el trabajo en colectivo brinda la posibilidad de relacionarse con los demás y con su entorno, en este caso (el campo), es por esto que la Universidad debe propender por crear un ambiente de reciprocidad con sus comunidades, donde el punto clave de tal interacción sea el respeto por las diferencias y la emancipación de las mismas.

Elementos generales que se pueden considerar en la crisis del Campo desde la Universidad

A manera de clausura temporal, se proponen algunos puntos que consideramos estratégicos, puesto que  dan cuenta de un proceso, que permitirá hallar un derrotero común en procura  del crecimiento de las universidades y el Campo, sin perder de vista las directrices fundamentales que ostentan.

Inyección de un mayor presupuesto por parte del estado a la Universidad y al Campo, dejando de lado, por parte del gobierno, los discursos con tono de menosprecio –es un paro de pobres, decía el presidente-, y militarización de  nuestras instituciones.

La Educación Superior de las regiones debe propender investigaciones que partan de los análisis de interés, desde lo local y lo regional,  impactando  su   contexto.

La Educación Superior debe concatenar los diferentes niveles sociales, culturales, humanos, políticos, económicos e históricos, para crear profesiones acorde con las necesidades sociales, con un alto nivel crítico, analítico e interpretativo, de hecho, imprimiendo un carácter más profesional y no profesionalizante en los diferentes campos del saber.

La investigación, la tecnificación, la biodiversidad, pero primordialmente, la educación, entendida como una posibilidad que le brinde al campesino la oportunidad de comprender su mundo, como una oportunidad de democratizar la tierra, desde diversas aristas, constituyen una invitación para que sea la Universidad la que encuentre caminos, para resolver esta brecha.

Los mecanismos de protesta deben volver al discurso que reivindique nuestro derecho fundamental a la educación; hablar con la voz del corazón estudiantil, salir a las redes sociales y plantear propuestas de discusión y negociación; incluir a estudiantes profesores campesinos, políticos… En fin a la sociedad en general, en todo caso, una protesta que incluya a todos, como una voz totalizante de un deseo nacional.

Reflexionar sobre los cambios contemporáneos de la economía agraria y su relación con la calidad de vida del campesinado, así como la capacidad de volver su mirada al campo, como gran centro de investigación, en lo social, lo económico, lo psicológico, lo arquitectónico, lo ingenieril, en fin, en todos los campos del conocimiento.

Clarificar el lenguaje de las manifestaciones es una vía dialógica, pues no solo hace parte de los campesinos, sino que también está consagrado en la Constitución Política; desde esta perspectiva, no se le puede seguir dando la razón al gobierno, en el discurso sin sentido de que el Campo y la universidad son espacios para resguardar formas de violencia y terrorismo. Es necesario identificar nuestras carencias y movernos a su superación, mediante un nuevo gesto comunicativo.

El hecho de que le demos prioridad a un lenguaje dialógico, participativo y democrático, significa que las vías de hecho enfrentan solamente a damnificados, mientras las personas que detentan el poder se limitan a ordenar y mover sus fichas de ajedrez. En otras palabras, la figura que se encuentra al frente del oprimido (Campesinos, estudiantes) de los que se ve como un adversario, (El policía, el político) también es un ser humano que asimismo sufre esta derrota.

De todos modos, esto también nos remite a que la universidad tiene un problema en sus bases, en sus fines, en la manera de tratar al ser colectivo que le da razón a su existencia: la comunidad educativa universitaria. De otra parte, el estado y su presencia en las manifestaciones, solo se mide con la cantidad de policía que llegan a controlar el orden público: también seres humanos que están cumpliendo la lógica de su trabajo, para sostener posiblemente a una familia. La otra situación tiene que ver con el manejo de los medios de comunicación de cara a este tipo de sucesos, puesto que colorea amarillentamente el dolor de unos sujetos, de unas familias, de una comunidad que reclama desde su policromía una mejor nación, un diferente tratamiento a la verdad, a la vida humana.

En todo caso, este suceso de nuestra Educación Superior y su mirada al agro Colombiano vuelve a sacudirnos y plantea la necesidad de comprender que ya no estamos en la edad de piedra, que podemos superar la edad de la papa y su estallido, que los campesinos y estudiantes no pueden seguir arriesgando la vida de sí mismos y de los otros que son parte de su misma esencia -humanidad-, que solamente, debemos penetrar en la profundidad de un diálogo que sea capaz de dignificarnos como seres humanos en la igualdad y la diferencia. Sí Una Universidad al servicio de la comunidad, como un ente académico, capaz de generar conocimiento y como una tierra perdurable en el tiempo y susceptible de nuevos sembradíos y cosechas.

 


[1]Campesinos, Profesores, Estudiantes, Investigadores, Amigos de los campesinos, de la ciudad de Tunja, del departamento de Boyacá y del País.

[2]Cabezas Jeffer Harvey. El Hombre de Boyacá Fotografía. 2012

Loading

Compartir en redes