Salomón Kalmanovitz, decano de Ciencias Económico-Administrativa de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, critica, en El Espectador, las exigencias de la MANE al gobierno nacional. Dice que pareciera que a los de la MANE se les estuviera educando en arrogancia.
Llama la atención que, como todo gremio en el sistema semicorporativo colombiano, las demandas giran alrededor de sus estrechos intereses, sin consultar los de otros sectores.
Con base en criterios de equidad, se debería garantizar la cobertura universal de la educación media, la jornada única en primaria y secundaria y, en general, la mejora de su calidad, antes de destinar ingentes recursos a la gratuidad de la educación superior; no es menos urgente generalizar la educación preescolar para garantizar una mejor educación de toda la población colombiana.
Tal como está organizado el sistema universitario público, se accede a él por mérito: entran los estudiantes que obtengan los mejores puntajes en las pruebas Saber 11 que organiza el Icfes o por pruebas propias de la Universidad Nacional, con un costo oneroso para sus aspirantes. No debe sorprender que el acceso esté sesgado en favor de estudiantes que han asistido a buenos colegios, la mayor parte privados, y cuentan en sus hogares con bibliotecas y otros bienes culturales, o sea, provienen de los estratos 3, 4 y 5. Quito el estrato 6 porque este atiende universidades privadas, aunque se ven algunos de sus jóvenes en las facultades de medicina y arte de universidades públicas.
Suponiendo que la educación superior sea la necesidad más urgente que tiene la sociedad colombiana, el acceso a ella debería entonces hacerse por medio de una lotería para que fuera democrático. En tal caso, cada institución pública debería atender por medio de programas remediales las evidentes falencias con que llegan los bachilleres a la educación superior y repartir entre todos los estratos los beneficios en movilidad social que genera la buena educación. Alternativamente, deberían entrar todos a un costo enorme para el erario.
El único medio con que cuenta el Estado para que los estudiantes retornen aunque sea parcialmente las inversiones en su educación es el Icetex, que los apoya para atender instituciones privadas o públicas. Pero en el punto 4 de la MANE se lee: “Condonar la deuda de las personas que hayan contraído préstamos con el Icetex”. Si de verdad se quisiera extender el sistema universitario de manera más amplia, se les cobrarían a todos los estudiantes los costos incurridos en su educación, una vez hayan entrado al mercado de trabajo y devenguen ingresos altos. Los egresados así privilegiados le devolverían a la sociedad lo que ella generosamente les dio y se contaría con más recursos para atender a muchos más aspirantes. Hay que recordar los tiempos en que Icetex cobraba intereses bajos y había alta inflación, lo que llevó a su plena descapitalización; ahora sería liquidado de un plumazo, según esta demanda del MANE.
Me parece que falta mejorar la calidad de las universidades públicas mediante una selección de buenos profesores, salir de los malos y combatir el clientelismo que se ha apoderado de muchas de ellas, algo que no preocupa a los estudiantes activistas. Un último punto que me parece cuestionable es que la reforma universitaria deba ser concertada con la MANE, como si no fuera un problema de la sociedad y de la manera como asigna los recursos que recauda, mediante impuestos que pagamos todos con mucho esfuerzo. Pareciera que a los de la MANE se les estuviera educando en arrogancia.
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