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En el editorial del principal periódico de Barranquilla , se hace un llamado a la prudencia en los acontecimientos que se están conociendo tras la muerte del fundador de la Universidad Metropolitana, Ganriel Acosta Bendek |
La agria disputa entre dos hijos del difunto exsenador Gabriel Acosta Bendeck y su viuda se ha convertido en un escándalo judicial que ha superado las fronteras de Barranquilla. Este caso roza, de alguna manera, la Universidad Metropolitana, fundada por la familia Acosta Bendeck. Se trata de la tercera universidad con asiento local mezclada en pleitos judiciales, junto a la Autónoma del Caribe y, más recientemente, la San Martín, aunque cada lío ha tenido sus propias peculiaridades.
Lo que guardan en común las historias de la Metropolitana y la Autónoma es que giran en torno a la vida conyugal de los fundadores de dichas universidades, lo cuales murieron en circunstancias que han derivado en exhumaciones de sus restos. En el caso del exrector Mario Ceballos Araújo, ya se ha dictaminado que ingirió mercurio y que este producto, al parecer, fue el causante de su deceso. En el de Gabriel Acosta Bendeck hay que esperar el informe de Medicina Legal.
Así como hemos abogado para que las comunidades estudiantiles y docentes de la Autónoma y la San Martín no resulten lesionadas de las dificultades de imagen que han vivido sus instituciones, lo mismo queremos para la Metropolitana.
Gracias a la actuación de sus actuales gestores, Uniautónoma ha logrado sacudirse del lastre de su tenebroso pasado reciente, aunque los protagonistas de aquella etapa sigan asomándose a las páginas judiciales de los periódicos. En cuanto a Unimetro, es la primera vez que su nombre aparece registrado en los contenidos de una explosiva noticia. Y deseamos que los acontecimientos que está investigando la Fiscalía no quebranten la marcha de la institución ni afecten el trabajo de directivos, funcionarios administrativos y cuerpo de profesores.
Esta es una universidad arraigada en el escenario educativo de la ciudad, que viene cumpliendo una tarea formativa de profesionales en el área de la salud. Gabriel Acosta Bendeck, uno de los fundadores, era médico de profesión, aunque durante un tramo considerable de su vida se dedicó a la política y tuvo un espacio en el Congreso de la República en representación del Partido Conservador.
En los ámbitos de este claustro académico barranquillero transcurrió parte de la existencia de uno de nuestros más notables colaboradores, el español Jesús Sáez de Ibarra, que se destacó como uno de los grandes agitadores de la vida cultural e intelectual de la ciudad.
Lo que importa en este momento es que los virulentos enfrentamientos que se han desatado en el entorno familiar del exsenador Bendeck no acaben por afectar la universidad y, por extensión, al cuerpo docente y a los miles de estudiantes que han encontrado en su claustro el lugar para adquirir la formación académica que les permita ganarse la vida en el futuro.
En otras palabras, que lo que es, de momento, una rebatiña familiar, al parecer por la herencia, no adquiera tales dimensiones que termine por convertirse en un problema social.
Información de referencia:
“Este es un país hipócrita frente al negocio de las universidades familiares”
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La agria disputa entre dos hijos del difunto exsenador Gabriel Acosta Bendeck y su viuda se ha convertido en un escándalo judicial que ha superado las fronteras de Barranquilla. Este caso roza, de alguna manera, la Universidad Metropolitana, fundada por la familia Acosta Bendeck. Se trata de la tercera universidad con asiento local mezclada en pleitos judiciales, junto a la Autónoma del Caribe y, más recientemente, la San Martín, aunque cada lío ha tenido sus propias peculiaridades.
Lo que guardan en común las historias de la Metropolitana y la Autónoma es que giran en torno a la vida conyugal de los fundadores de dichas universidades, lo cuales murieron en circunstancias que han derivado en exhumaciones de sus restos. En el caso del exrector Mario Ceballos Araújo, ya se ha dictaminado que ingirió mercurio y que este producto, al parecer, fue el causante de su deceso. En el de Gabriel Acosta Bendeck hay que esperar el informe de Medicina Legal.
Así como hemos abogado para que las comunidades estudiantiles y docentes de la Autónoma y la San Martín no resulten lesionadas de las dificultades de imagen que han vivido sus instituciones, lo mismo queremos para la Metropolitana.
Gracias a la actuación de sus actuales gestores, Uniautónoma ha logrado sacudirse del lastre de su tenebroso pasado reciente, aunque los protagonistas de aquella etapa sigan asomándose a las páginas judiciales de los periódicos. En cuanto a Unimetro, es la primera vez que su nombre aparece registrado en los contenidos de una explosiva noticia. Y deseamos que los acontecimientos que está investigando la Fiscalía no quebranten la marcha de la institución ni afecten el trabajo de directivos, funcionarios administrativos y cuerpo de profesores.
Esta es una universidad arraigada en el escenario educativo de la ciudad, que viene cumpliendo una tarea formativa de profesionales en el área de la salud. Gabriel Acosta Bendeck, uno de los fundadores, era médico de profesión, aunque durante un tramo considerable de su vida se dedicó a la política y tuvo un espacio en el Congreso de la República en representación del Partido Conservador.
En los ámbitos de este claustro académico barranquillero transcurrió parte de la existencia de uno de nuestros más notables colaboradores, el español Jesús Sáez de Ibarra, que se destacó como uno de los grandes agitadores de la vida cultural e intelectual de la ciudad.
Lo que importa en este momento es que los virulentos enfrentamientos que se han desatado en el entorno familiar del exsenador Bendeck no acaben por afectar la universidad y, por extensión, al cuerpo docente y a los miles de estudiantes que han encontrado en su claustro el lugar para adquirir la formación académica que les permita ganarse la vida en el futuro.
En otras palabras, que lo que es, de momento, una rebatiña familiar, al parecer por la herencia, no adquiera tales dimensiones que termine por convertirse en un problema social.
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