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Rafael Serrano Prada, excongresistas y director del diario El Frente, de Santander, defiende las actuaciones del rector de la Universidad Industrial de Santander, Alvaro Galvis Ramírez. |
No son claras las intenciones de la Asociación de Profesores de la Universidad Industrial de Santander al adelantar un juicio público contra el rector, ingeniero químico Álvaro Ramírez García, que lleva tres años en el ejercicio del cargo y ahora lo acusan de malgastar los dineros públicos en la compra de un automóvil de alta gama para el servicio de las altas personalidades que visitan con frecuencia la institución superior y por los gastos extraordinarios de una invitación a la Unión Soviética, de donde son egresados algunos de los eminentes catedráticos de la institución.
El pleito contra el rector de la UIS encierra más bien el espíritu de vindicta que acompaña a muchos de sus viejos amigos, que quisieron utilizarlo como títere para mantener intereses personales, que se hicieron visibles en una etapa de anarquía institucional, donde la tercerización de contratos adjudicados a la institución superior cayeron en manos poco confiables, como ocurrió con los diseños del sistema de transporte masivo Metrolínea, que ha sido un fiasco para la capital de Santander.
Quieren tapar el sol con las manos, haciéndole un juicio moral al rector Ramírez García, que ha hecho uso de su autoridad para tomar decisiones que afectan a algunos de los integrantes de la comunidad universitaria. La junta directiva de la Asociación de Profesores de Planta no puede abrogarse las funciones del rector, ni colocar condiciones sobre la clase de vehículos que debe comprar la administración del establecimiento, ni interferir las determinaciones relacionadas con el proyecto de crear una sede alterna en la sabana de Bogotá para los cursos de posgrado.
La paciencia del ingeniero rector no puede confundirse con debilidad, para permitir el irrespeto que se infiere en comunicados dados a conocer a la opinión pública, donde se insinúa perversamente que el funcionario ha abusado del patrimonio público, porque dadas sus recientes limitaciones físicas, derivadas de un accidente de tránsito, viaja en compañía de una funcionaria que le sirve de lazarillo en los distintos eventos nacionales e internacionales.
El ingeniero Álvaro Ramírez García es dueño de una hoja de vida limpia y brillante, que merece respeto y aunque en la Asociación de Profesores de Planta se han lanzado juicios temerarios, su trayectoria profesional y académica está por encima de los tinglados de infamia que se mueven en el ambiente universitario, para provocar su retiro del cargo.
Recordemos que en la Universidad Industrial de Santander, además de preparar muy brillantes profesionales, ha prevalecido siempre la tendencia a descalificar a los rectores por cualquier pretexto, porque “el río revuelto, ganancia de pescadores”, como se dice en el argot popular. Los promotores de la conspiración contra la primera autoridad del claustro universitario saben que la caída del rector genera un ambiente de anarquía, que muchos aprovechan para hacerse a privilegios inaceptables por la opinión pública y por la comunidad universitaria.
Acusar a Ramírez García de hechos deshonrosas, lastima su prestigio profesional y su calidad científica. Una campaña parecida a la que adelantaron contra el ex rector Jaime Camacho, al que acusaron de “paramilitarismo” para impedirle su postulación a la presidencia de una de las más importantes entidades públicas del país. La historia se repite ahora, con otro hombre limpio, al que acusan de despilfarro de los bienes públicos y de otros cargos que lesionan su dignidad como primera autoridad del claustro. Es una falta de respeto ensañarse con un científico formado en las aulas de la UIS, que lo ha dado todo por la Universidad Industrial de Santander.
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