Réplica al profesor Moisés Wasserman Lerner sobre la democracia universitaria

El ex-consejero del CESU por los profesores universitarios, Juan Carlos Yepes (U. de Caldas) entre el exrector de la U. Nacional (Moisés Wasserman) y el profesor Paul Bromberg, con los también profesores Mario Hernández y Leopoldo Múnera. Puntualmente critica los argumentos de Moisés Wasserman.

El jueves 30 de abril de 2015 el profesor Moisés Wasserman Lerner, bioquímico Ex Rector de la Universidad Nacional de Colombia entre 2006 y 2012 (dos periodos consecutivos de tres años cada uno), publicó en el diario El Tiempo una columna titulada “La democracia universitaria”con un encabezado que resalta la Universidad como una institución basada en el mérito; allí expresa de entrada que resulta paradójica la pretensión de que, para escoger a sus líderes, se abandone ese criterio meritocrático en dichas instituciones.

Son tantas las contradicciones (inviabilidades racionales para ser más preciso) que saltan a la vista en el escrito del Dr. Wasserman, que fácilmente su reflexión daría para producir dos o tres textos más sobre el mismo asunto. Pero en aras de señalar con rigor las aporías más evidentes paso a destacar las fundamentales:

1. Afirma el profesor Wasserman que existe una pretensión de escoger líderes en la Universidad abandonando el criterio del mérito. Indispensable resulta preguntarle al ilustre Ex Rector qué entiende por el término LÍDER en un contexto universitario. En diccionarios especializados el líder es quien piensa y actúa como guía o jefe de un grupo. El líder igualmente se asume como alguien capaz de inspirar y asociar a otros en procura de un propósito que, en lo primordial, es compartido. Pero en la misma frase el profesor Wasserman utiliza el término MÉRITO. Le pregunto igualmente si comprende el alcance del vocablo, pues dicha palabra implica un conjunto de cualidades que hacen de una persona alguien digna de valor y aprecio. Como resultado, el reconocimiento que se le otorga a un individuo por sus acciones y condiciones humanas (ligadas a habilidades de orden académico, administrativo, etc.) es lo que finalmente le hace ser reconocido como un líder que puede encarnar las más elevadas aspiraciones de una comunidad, en este caso, universitaria. ¿Supone acaso el Dr. Moisés que alguien que sea aclamado por las mayorías universitarias (integradas por profesores, estudiantes y egresados) está desposeído de entrada de las cualidades que otorgan el mérito y el liderazgo? Quienes conocemos más de cerca la cotidianidad de la Universidad Nacional de Colombia, estamos seguros que este hecho no se ha dado. Tanto Leopoldo Múnera como Mario Hernández eran dignos aspirantes (en las dos últimas y sendas convocatorias) que reunían cualidades académicas, mérito y liderazgo suficientes para llegar al máximo cargo administrativo de la emblemática universidad. Lo que sucedió fue que ninguno contó con el beneplácito del gobierno nacional y sus aliados en el Consejo Superior. De paso cabe preguntarle al profesor Wasserman: ¿Quienes eligen a los rectores en las universidades estatales llenan los requisitos de mérito y liderazgo suficientes para escoger a quien sí debe poseerlos?

2. En varias ocasiones he compartido escenario con el Dr. Wasserman y se ha vuelto recurrente en él hacer referencia a que “las declaraciones grandilocuentes no son suficientes”. Además, en su columna afirma que “algunos desprevenidos caen en la trampa” al leer República Democrática Alemana, República Democrática del Congo o República Democrática de Corea. El alto grado de elementariedad con la cual el profesor Wasserman simplifica el asunto da cuenta por lo menos de su profundo desconocimiento sobre los orígenes y desarrollos de tales denominaciones en dichos países.  A nadie medianamente inteligente se le ocurriría creer en que las Repúblicas que incluyen en su nombre el término Democrática, gozan de las garantías y derechos propios de regímenes y sistemas que velan por la igualdad, la libertad y la dignidad humana, entre otras. Pero tampoco aquellas que han dejado de incorporar adjetivaciones han brindado garantías a sus ciudadanos en relación con los atributos propios de la democracia. Doctor Wasserman, cuando simplificamos también nos volvemos grandilocuentes o ampulosos.

3. Asegura usted que: “La democracia es un sistema de gobierno para un Estado y sus mecanismos no son extrapolables a cualquier organización”. Claro que tiene usted razón cuando habla de la no extrapolabilidad de la democracia a cualquier tipo de organización. Porque sería bastante difícil pensar en que los rasgos propios de regímenes y sistemas democráticos pudiesen ser aplicados en organizaciones clericales, castrenses o de otra naturaleza que, desde su misma matriz ontológica, están diseñadas de otra manera. Lo que no puede usted defender por mucho tiempo es que en una organización compleja y de carácter académico como la Universidad, no se puedan incorporar mecanismos democráticos para definir su destino. La Universidad es precisamente lo universal y lo plural, aquello que se convierte en un verdadero microcosmos por donde atraviesa lo que la misma sociedad es. Si Colombia como Estado y como Nación desea materializar el espíritu democrático contenido en su Carta política, es indudable que la Universidad pública marchará inexorablemente hacia su democratización. Para la muestra un botón, la Sentencia C-589 de 1997 establece que: Si bien es cierto que la participación de los representantes del Estado en el Consejo Superior Universitario no vulnera, en principio, la autonomía universitaria, también lo es que dicha participación no puede constituirse en un mecanismo a través del cual el Estado ejerza el control absoluto sobre los entes universitarios, de ahí que la representación no pueda ser mayoritaria. La participación de sus funcionarios no tiene por objeto imponer la política de sus gobiernos en el desarrollo de la educación, sino coordinar las políticas nacionales o territoriales con las que fije el órgano de dirección universitario a fin de que este se integre al sistema general. Como puede leerse, un tema tan crucial como la participación, de extracción eminentemente democrática, comienza a ser zanjado por la Corte.

4. Expresa que: “Por eso muy pocas universidades en el mundo eligen sus directivas por votación directa y ninguna de ellas está en las listas de las mejores”. Incurre entonces en lo que se denomina el error de la generalización apresurada, es decir, elaborar una conclusión general a partir de hechos aislados. En otras palabras, acude usted a falacias para lograr que los lectores desestimen a priori la elección directa. Asocia usted los ranking universitarios (listas de las mejores) con votación directa y calidad de la educación superior. Un ejercicio responsable le debería llevar a demostrar y, mejor aún, comprobar los vínculos existentes entre las variables que se incorporan en lo enunciado. No olvide que la métrica de los rankings ha sido severamente cuestionada, ese solo asunto le debería invitar a la reflexión. Se le puede preguntar en este caso: ¿Las universidades de “talla mundial” que ocupan los mejores puestos de los distintos modelos de clasificación de calidad están allí porque no eligen de manera directa a sus rectores?

5. De otra parte, ¿Considera acaso que el mejor ejemplo de “Comité de búsqueda” para elegir un Rector en las universidades públicas estatales de Colombia se encuentra precisamente en los Consejos Superiores?¿Cree que dichos Consejos son órganos conformados “… por personas expertas y muy respetadas…” para elegir a “quien tiene las mejores condiciones para llevar a cabo el plan que la Universidad se ha trazado”? De ser así Dr. Wasserman le invito a revisar las hojas de vida de quienes hoy integran dichos cuerpos colegiados, para que se lleve una gran sorpresa, pues con seguridad solo unos cuantos de ellos cumplen con los requisitos de experticia que usted invoca. Sobre el asunto del respeto que puedan inspirar, prefiero no pronunciarme.

Información de referencia:

¿Por qué se necesita la democracia universitaria? – Mario Hernández

Las limitaciones políticas de las oligarquías académicas: Caso U. Nacional – Leopoldo Múnera

Sobre la conformación y lógica del consejo superior de la U. Nacional de Colombia – Paul Bromberg

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