Mineducación impulsará la migración sin retorno de los mejores bachilleres a las grandes ciudades

Así lo sugiere el editorial del periódico antioqueño El Mundo, frente a las apuestas de política pública del Ministerio de Educación y, concretamente, la crédito de Icetex para estudiantes de IES y programas acreditados únciamente.

¿La calidad como única meta?

Un concepto complejo de calidad debe considerar la adecuación a las necesidades específicas del entorno, que para el país son ampliación de cobertura, inclusión de territorios y habitantes sin oportunidades, y pertinencia en programas de formación e investigación.

El fin de semana se anunció otra medida gubernamental que terminará favoreciendo a las instituciones de educación superior que han logrado acreditación de alta calidad (sólo 37, el 12% de las existentes). Se trata de la determinación por la cual sólo los estudiantes de esas instituciones podrán estudiar con créditos del Icetex. Antes, se había decidido que los beneficiarios del programa Ser pilo paga sólo podían estudiar en universidades acreditadas y en el Plan de Desarrollo se consignó que únicamente las licenciaturas acreditadas podrán formar maestros para la educación básica y media, disposición incoherente con hechos como que en Antioquia hay 3.500 docentes oficiales sin pregrado.

Las disposiciones indican que la ministra Gina Parody recorre caminos que parecieran adecuados para impulsar y fortalecer la educación superior de calidad que Colombia merece; pero que avanza tan presurosa que olvida que un concepto complejo de calidad debe considerar la adecuación a las necesidades específicas del entorno, que para el país son ampliación de cobertura, inclusión de territorios y habitantes sin oportunidades, y pertinencia en programas de formación e investigación.

A primera vista, las decisiones del Ministerio de Educación tendrían la virtud de impulsar a las instituciones de educación superior a procurar su mayor desarrollo, demostrando que dejan de contentarse con ostentar certificados de funcionamiento temporal y que se comprometen con inversiones en profesorado, planta académica y apoyos educativos, así como a someterse a las exigentes evaluaciones de pares. Sin minimizar estas virtudes, calificados observadores lamentan la minimización del registro obligatorio como certificado de idoneidad de los programas y señalan dificultades como la injusticia que se cometería con aquellos programas con acreditación de alta calidad que ofrecen en alguna de las 200 universidades o instituciones universitarias que por razones económicas, de trámite o de ubicación territorial no han alcanzado su acreditación como institución. Y no es menos paradójico que se beneficien programas académicos que no han logrado acreditación pero se cobijan en la que tienen las instituciones donde se ofrecen.

En un primer momento, y profundizando lo ocurrido con la única convocatoria del programa Ser pilo paga, el modelo provoca un retroceso en los procesos de impulso a la descentralización de la educación superior, mucha de ella mediante programas de regionalización de instituciones que asumen el reto de la equidad o de aquellas que se atreven a nuevos desarrollos. Las instituciones de educación superior acreditadas tienen sede en once de las 33 entidades territoriales del país (32 departamentos y Bogotá); dato que parece más grave tras reconocer que de las 37 universidades certificadas por el CNA, catorce se encuentran en Bogotá y siete en Medellín. Ninguna de las 16 restantes está en La Guajira, Arauca, Chocó, Meta, Nariño, Amazonas, Norte de Santander o Cesar, para citar algunos de los departamentos que necesitan dar un salto importante en la formación de institucionalidad para el desarrollo y la equidad, proceso que exige el apoyo de un sistema de educación superior consolidado.

La política que se busca imponer desde el Ministerio de Educación impulsará la migración sin retorno de los mejores bachilleres a las grandes ciudades. Además, el país sacrificará posibilidades de desarrollar programas de pregrado y proyectos de investigación pertinentes para las regiones y necesarios para conocer, aprovechar y enriquecer la rica naturaleza y la pluralidad de culturas que enriquecen el ser nacional. Si no fuera por una incursión territorial que le ha exigido grandes sacrificios económicos y hasta en logros académicos, ¿cómo hubiera identificado la Universidad de Antioquia las necesidades de crear los programas de Ecología Marina y Ciencia Marina y los grupos de investigación que los fortalecen?

El escenario ideal de la educación superior es, indiscutiblemente, el de países industrializados donde predominan instituciones de alta calidad, que ofrecen programas universitarios y tecnológicos acordes con el desarrollo de esas naciones. Reconociendo que es justo aspirar a participar en él, también conviene recordar que las políticas públicas están hechas de zanahoria, la acreditación y los estímulos, y el garrote, o sea la vigilancia y la sanción; recursos que bien utilizados pueden acompañar a las ofertas no acreditadas a mejorar sus estándares de calidad.

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