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El editorial del Diario La Tarde, de Pereira, se refiere a cómo el MIDE mantiene diferencias entre las universidades de Bogotá frente a los esfuerzos de las regionales, en donde las condiciones socio económicas son totalmente diferentes. |
Sin duda es obligación del estado ofrecer información confiable a los estudiantes para que puedan evaluar la calidad de la educación que le ofrece el país. Hasta el momento la calificación de las universidades se daba por certificaciones de excelencia, acreditaciones institucionales e indicadores objetivos para medir la competencia. Acaba de publicar el Ministerio de Educación una nueva evaluación de las universidades, realizada con una metodología errada y como dice el Observatorio de la Universidad Colombiana, “mal estructurada, disociadora e injusta”.
Calificar a una universidad de provincia por el nivel de ingresos que recibe un recién egresado en las grandes capitales, y particularmente en Bogotá, con lo que se le paga en una ciudad intermedia, para fijar la calidad de la educación ofrecida y si a esto sumamos el nivel de desempleo de los graduados de unas universidades como las de Pereira, -donde registrábamos los más altos índices de desocupación del país cuando se tomaron las muestras, es injusto con la universidad calificada y desmotivador para los profesores y estudiantes. Todo ello sin tener en cuenta que a las universidades las dividieron en categorías por sus programas de doctorado; por las maestrías y, las restantes, por su programas de pregrado, para finalmente mezclar peras con manzanas con resultados tan discordantes como que unas universidades que resultan con mejores calificaciones como ofertantes de maestrías terminan en una clasificación general en peores puestos que aquellas a las que superaron en su propio rango. Además comparar Universidades privadas que cobran más de treinta millones de pesos anuales por estudiante y por lo tanto sus cohortes están compuestas por estudiantes de los estratos más altos, con universidades que reciben el 90% de sus alumnos de los estratos menos favorecidos, equivale a programar una lucha entre David y Goliat y después pregonar a los cuatro vientos que el Goliat, que recibe grandes recursos de sus matrículas y recientemente también por parte del estado, derrotó al modesto David de la provincia.
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