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Luis Fernando Páramo, cuestiona la falta de espacios realmente independientes y objetivos para que todos los protagonistas del sector analicen lo que pasa en la educación superior, poruqe -dice- los actuales están diseñados con fines políticos y no académicos. |
Nada más estimulante que leer el Observatorio, para entender el pluralismo ideológico que existe alrededor de la academia y de la Educación Superior, que rara vez se da en los eventos programados por el Ministerio de Educación Nacional, porque están diseñados con fines políticos y no académicos, o en los eventos institucionales de las asociaciones educativas, que también están diseñados para destacar los principios que las rigen y no dan espacio a la controversia.
A mi juicio hay una distracción dialéctica innecesaria, en el intento de definir la noción de educación superior, que confunde en vez de aclarar. La sociedad espera que la educación y en especial la educación superior, cumpla con su propósito de brindarle a quien acceda a ella, oportunidades de servir a la sociedad y de planificar su desarrollo personal, en función del nivel de conocimiento que adquiere y en función de avanzar en los descubrimientos científicos y tecnológicos.
Establecer diferencias legales entre el término “Educación Superior” y “Educación Terciaria”, está de moda, gracias a las excentricidades de nuestra Ministra, pero a mi juicio, ni la una ni la otra, están bien definidas, como para hacer diferenciaciones jurídicas y legales, que les concedan beneficios diferenciales frente al Estado,
Mis lecciones de política las recibí en casa, las de educación superior, en la Universidad, ahora bien con algo de experiencia en ambas, encuentro desajustada la intencionalidad de una articulación proactiva por parte del Ministerio de Educación.
Se avanza en propuestas innovadoras a un ritmo tan lento que parece reversa, impera la crítica o las improvisaciones. Para la muestra un botón, el MIDE con una verborrea matemática insulsa y sin sustento científico, terminó en una de los mayores fracasos; la Superintendencia de la Educación Superior como ente técnico especializado en control administrativo de las empresas educativas sin ánimo de lucro, propuesta por el Senador Sudarsky, ya va en Superintendencia de la Educación (le quitan de educación superior) y con miras a confundirla con la Agencia Nacional de Calidad que he venido proponiendo, que cumpliría otras funciones muy distintas con el objetivo fundamental de definir, promover, medir y certificar la calidad de programas académicos y que remplazaría al CNA, que demoró como veinte años en darse cuenta que la internacionalización de la educación superior era un factor determinante en la calidad y que todavía no ha podido generar estándares de calidad, cómo es lo usual en el concepto de calidad que opera en el mundo entero.
Que se promueva el encuentro ideológico sobre educación Superior obviamente requiere de recursos y voluntad política, que no comprometan a los expositores ni a las instituciones. Desafortunadamente también se puede tener como muestra, el botón, el Acuerdo por lo Superior, terminó con aplausos y reconocimientos del Señor Presidente, pero hasta el momento es un documento que duerme el sueño de los justos.
En la actualidad lo mejor que le ha pasado a la educación Superior, es que tanto la Ministra Parody como la ex-Ministra Campo, incrementaron los recursos económicos de apoyo a la educación Superior, a cifras históricas, que se extinguirán con la vigencias presupuestales, por lo tanto son paños de agua tibia, nadie garantiza que sean el motor del incremento en la eficiencia y la eficacia en educación superior.
Los Rectores de las Universidades Públicas desde luego que reciben dichosos los incrementos en sus presupuestos y los de las Universidades Privadas (supuestamente sin ánimo de lucro) reciben más alumnos pagados por el Estado, porque con el eslogan de “ser pilo paga”, alumnos pobres, llegan a las universidades, sin ánimo de lucro, pero costosas.
Creo firmemente que se requieren nuevas metodologías de diálogo y nuevas estrategias de convocatoria, que trasciendan a la expedición de un certificado de asistencia.
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