¿Deben ganar lo mismo los artistas que los ingenieros?

Gonzalo Hernández, director del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana, dice que no y explica que esta es una situación propia del mercado, en su  columna de El Espectador, en la que dice cómo los profesores universitarios en las áreas de artes y humanidades reciben en promedio salarios más bajos que en ingeniería.

Pasa aquí en Colombia y, de acuerdo con las encuestas de compensación de la Asociación Americana de Profesores Universitarios, también en Estados Unidos. Esto puede parecerles injusto a algunos, en especial a los profesores de humanidades. Dirán: dos profesores universitarios con similar formación educativa deben tener el mismo salario, ambos contribuyen al conocimiento, y la ingeniería no es más importante que las artes. Pero en realidad sí hay razones que explican la diferencia de ingresos. Por ejemplo, los salarios universitarios dependen de los otros mercados laborales para esas profesiones, ya que las universidades no solo compiten entre ellas sino también con otros empleadores. Si la universidad quiere vincular a un ingeniero, que como alternativa podría tener un salario más alto en el sector privado, ¿debería entonces esperar hasta que pueda subir el salario de todos sus profesores antes de contratarlo?

Los artistas quieren los salarios de los ingenieros, los economistas los de los financieros y todos queremos los salarios de los futbolistas de la liga española. Esto no será posible de satisfacer. ¡Es oferta y demanda!

Puede estar en las prioridades de una universidad o de un país pagarles salarios más altos a los ingenieros que a los artistas, así como invertir más en un laboratorio que en un taller o en una sala de exposiciones. Pueden también destinarse más recursos públicos a ciencia y tecnología que a las humanidades. En ningún caso esto significa que las artes no importan. Los recursos son escasos y se debe priorizar. Además, con más ciencia y tecnología hoy podríamos quizás financiar más arte y humanidades mañana.

Hablar de lo justo es difícil. Podrían tener razón quienes sugieren cambiar el statu quo. Las universidades podrían reconocer que la percepción de justicia salarial entre sus trabajadores tiene efectos sobre la productividad total de sus instituciones o podrían valorar más las complementariedades entre arte y ciencia. En ese caso, las brechas salariales entre disciplinas podrían ser menores. Y esto también sería “oferta y demanda”. Por lo tanto, en cualquier caso, la solución de este debate será política.

Cuando las universidades o países escogen, además de revelar gustos y preferencias, reflejan un resultado político: resultado de las relaciones de poder e intereses. Pensando en país, ¿deberíamos extender la discusión a las diferentes remuneraciones que reciben los colombianos? ¿Obreros y empresarios?¿Jornaleros y terratenientes?¿Pediremos entonces más redistribución a través de impuestos y gasto público? O diremos: gracias a la desigualdad y pobreza del presente tendremos menos desigualdad y pobreza en el futuro.

Uno de mis más queridos profesores de economía recordó recientemente en una entrevista: “las grandes decisiones económicas no son económicas, son políticas”.

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