Datos para comprender las insuficiencias de calidad de la educación superior pública

Datos para comprender las insuficiencias de calidad de la educación superior pública

El Director del Instituto de Filosofía de la U. de Antioquia, Francisco Cortés Rodas, en su columna del diario El Colombiano invita a repensar la manera como se ve a las universidades e indica cómo las universidades, cuando están mal financiadas, mal administradas, y sus fines no están claramente definidos, generan sus propias patologías.

Salomón Kalmanovitz hace un diagnóstico sobre la situación de las universidades públicas del país en el que dice importantes verdades. Una buena parte de las universidades públicas regionales están capturadas por el clientelismo y la corrupción. Como ejemplo menciona las universidades de Cartagena y del Tolima, que están prácticamente quebradas, y han perdido sus niveles de calidad al haber sido tomadas por el clientelismo. Destaca tres universidades públicas de buena calidad: Nacional, Antioquia y Valle. Finalmente propone acabar progresivamente las universidades de mala calidad, y crear varias universidades públicas de investigación en las regiones, de 50.000 estudiantes cada una, y blindadas de la política.

Kalmanovitz no analiza, sin embargo, los problemas que tienen, de forma diferente, las tres grandes universidades públicas: las deficiencias de calidad educativa, el desfinanciamiento y el clientelismo político.

Un primer dato para comprender las insuficiencias de calidad de la educación superior resulta de la relación entre aumento de la cobertura estudiantil, que pasó de 159.218 estudiantes en 1993 a 529.487 en el 2011, mientras que el número de profesores permanece casi el mismo.

Un segundo dato es el aumento de los profesores de cátedra, que en el país llegó en 2014 al 55 %. Un tercer dato es que como consecuencia del aumento de la dedicación de los profesores a investigación y extensión, se ha puesto en segundo lugar la docencia en los pregrados. El cuarto dato es la desfinanciación que alcanzó en 2012 la cifra de 11,3 billones de pesos. Así, la suma de más estudiantes, más frentes de trabajo profesoral, el mismo número de profesores, y el desfinanciamiento de las universidades, ha producido como resultado un deterioro de su calidad académica, aunque con diferencias entre las universidades.

Instituciones como las universidades, cuando están mal financiadas, mal administradas, cuando sus fines no están claramente definidos, cuando factores como el clientelismo político interno y externo las corrompen, generan sus propias patologías. La deserción es una de ellas y el que haya llegado al 46 % en 2015, indica un grave fracaso del sistema de educación superior.

Otra patología realmente nociva en algunas universidades es la selección de los profesores, que no escoge a los mejores, sino que favorece la contratación de los propios egresados y de los que comparten las mismas ideologías. Y otra es el clientelismo interno, que promueve la designación de los directivos, no por logros académicos, sino por negociación entre grupos de interés.

¿Cuál es la terapia? Me parece que hay que plantear cómo debe darse una educación que les enseñe a los estudiantes a cuestionarse, a ser críticos conociendo la historia y los problemas del presente. Si pensamos que la solución consiste en universidades de investigación, se debe adoptar como fundamento un programa básico de formación humanista que comprenda el estudio de los autores clásicos en literatura, historia, filosofía, matemáticas, física, ecología. Los tiempos han cambiado realmente, pero la supremacía de una idea de universidad centrada en la investigación, no puede invalidar el humanismo, o hacerlo irrelevante para el hombre contemporáneo.

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