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María Patricia Asmar, exdirectora del Icfes, directiva en educación superior y actualmente investigadora, consultora y gerente de Gestionamos para Educar, cuestiona duramente el ranking MIDE, del que destaca fallas en su conceptualización y desarrollo, y se pide un Estado fuerte que regule la educación superior a través de mecanismos que contribuyan a cerrar brechas sociales, entre otros aspectos. |
¿O será más bien que no entendemos lo que ocurre en la base, no contamos con las adecuadas interpretaciones tampoco, y en consecuencia nos vemos llevados a polemizar con la realidad que somos incapaces de transformar? JJ Bruner
Gran polémica y expectativa ha generado entre los directivos y comunidad académica de la Educación Superior del país la presentación del Modelo Multifuncional de Medición de la Calidad de las Instituciones de Educación Superior en Colombia, MIDE. Con gran despliegue mediático, la Ministra Parody hizo el lanzamiento del modelo ante la comunidad universitaria el pasado 16 de julio, a propósito del “Día nacional de la calidad de la educación superior”, a través de una presentación en simultánea para 5 ciudades.
De acuerdo con el documento elaborado por el MEN, denominado “Marco metodológico del modelo multifuncional de medición de la calidad de las IES en Colombia” (versión preliminar, junio de 2015), MIDE pretende ser una “herramienta que conduzca al establecimiento de un lenguaje común entre Gobierno, IES y comunidad, que complemente el trabajo de la acreditación en la provisión de información sobre la oferta educativa de alta calidad”. Con esta herramienta el MEN busca adicionalmente proporcionar información para orientar la toma de decisiones de quienes pretenden ingresar a la Educación Superior, a los padres de familia y a todos los actores vinculados con este nivel educativo, a través de una “radiografía de estado actual de la educación en un contexto y un momento determinados”.
DEBILIDADES CONCEPTUALES Y METODOLÓGICAS
Estos ambiciosos objetivos se desdibujan a medida que se avanza en la lectura del documento, que inicia con una brevísima reseña de los índices de Shanghai, U. Multirank y Times Higher Education World Universities Ranking, sin ofrecer un análisis suficiente de estos sistemas de medición, ni de su relación, aportes o diferencias con el MIDE que permita, entre otros, justificar la creación de un índice nacional de la calidad de las IES.
De acuerdo con el documento, el modelo se basa en una metodología derivada de experiencias internacionales (¿cuáles y cómo?), “bajo 4 principios (sic): objetividad, transparencia, pertinencia y replicabilidad”; y señala que la herramienta “proporciona un indicativo del estado actual de 18 de las principales variables asociadas a la calidad de la educación en el país”; sin hacer explícito a qué modelos de calidad se asocian estas variables y por qué razones: al modelo de acreditación de alta calidad? Al de registro calificado? A los indicadores de Colciencias? A los del Observatorio Laboral? A todos los anteriores?
Un aspecto central del modelo es la clasificación de las IES con énfasis en doctorado, maestría, pregrado y especializadas. Llama la atención que un tema tan complejo y ampliamente debatido en Colombia y en el mundo como es la tipología de las Instituciones de Educación Superior, se resuelva sin ninguna referencia a estudios sobre la materia, y sin adelantar una clara justificación teórica ni metodológica que fundamente la categorización propuesta.
En un estilo descriptivo y enunciativo, se presenta el “modelo” compuesto por:
· 3 categorías: estudiantes, docentes y entorno
· 6 dimensiones: desempeño y graduados; docencia e investigación; presencia y atracción, e internacionalización
· Y 18 variables: razonamiento cuantitativo, lectura crítica, competencias específicas, salario de enganche, empleabilidad, estudios de posgrado, docentes con doctorado, relación alumno-docente, artículos, citaciones, investigadores Colciencias, patentes registradas, obras artísticas, retención estudiantil, recursos de extensión, consultorías con extranjeros, inglés en Saber Pro.
Pese a señalar que el modelo reconoce la diversidad institucional, el documento preliminar del MEN no establece variables diferenciadas de análisis para cada una de las categorías definidas. De hecho, el MEN publica un listado general de calificación de las IES, en el que ocupa el primer lugar la Universidad de Los Andes, y en el puesto No.187, último de la lista, la Corporación Universitaria de Ciencias Empresariales, Educación y Salud (CORSALUD). El documento del MEN no realiza ninguna justificación conceptual ni metodológica que permita concluir la validez de comparaciones de esta naturaleza, al menos en la versión preliminar de referencia. Cabe resaltar que en el portal del Ministerio no se encontró más información sobre el tema, salvo los mediáticos anuncios presentados el día de su lanzamiento.
Esta falta de transparencia conceptual, y metodológica del modelo y del ranking derivado resulta inadmisible, si se tiene en cuenta el gran impacto que esta información tiene sobre la opinión pública, sobre la comunidad académica y sobre la imagen que se forman los usuarios actuales y potenciales de las instituciones educativas: estudiantes, aspirantes, padres de familia, etc.
DESCONOCIMIENTO DEL SISTEMA COLOMBIANO DE ASEGURAMIENTO DE CALIDAD DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR
A partir de la promulgación de la Ley 30 de 1992, Colombia ha venido construyendo el sistema de aseguramiento de la calidad de la Educación Superior a través del desarrollo de modelos como la acreditación de alta calidad y el registro calificado de condiciones mínimas para la creación y funcionamiento de programas académicos de pregrado y especialidades médico-quirúrgicas.
El primero, según la Ley 30, de carácter voluntario y orientado a la alta calidad; y el segundo como mecanismo obligatorio, orientado a garantizar que todos los programas académicos que se ofrecen en el país cumplen con los requisitos mínimos de calidad. Este último modelo desarrolló adicionalmente las exigencias específicas para los distintos programas de pregrado y especialidades médico-quirúrgicas, en trabajo realizado con la participación de todas las asociaciones de facultades del país.
Adicionalmente, el país avanzó en el desarrollo de las pruebas de los egresados de los programas de Educación Superior, inicialmente denominadas ECES, luego ECAES y posteriormente Saber Pro; el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior; y el Observatorio laboral para la educación, entre otros instrumentos.
MIDE no establece de manera explícita su relación con el sistema colombiano de aseguramiento de la calidad, y confunde de manera inexplicable calidad con alta calidad. El documento preliminar señala que el objetivo es “determinar si la institución o el programa cumplen con los requisitos de excelencia generalmente aceptados”, y busca complementar “el trabajo de la acreditación en la provisión de información sobre la oferta educativa de alta calidad”.
Ningún instrumento puede exigir a todas las IES condiciones de alta calidad o de “excelencia” puesto que por Ley se trata de una decisión institucional de carácter voluntario. MIDE, por tanto, estaría desconociendo los fundamentos jurídicos sobre los que se construye el sistema colombiano de educación superior al pretender convertirse en una verificación de condiciones de la “alta calidad” en la oferta educativa, complementaria a la acreditación, como señala el mencionado documento.
Este inexplicable error conceptual, lleva a hacernos preguntas como:
· Sobre qué modelo de los que ha desarrollado el sistema colombiano de aseguramiento de la calidad se construye MIDE? Cuáles son sus relaciones con este sistema?
· No hay diferencias entre IES investigativas e IES orientadas principalmente a la docencia y la formación profesional?
· Todas las IES deben ser medidas con los mismos criterios? Todas deben ser medidas con criterios de excelencia?
· Qué reconocimiento existe a los PEI y a las diferencias de los modelos institucionales?
· Es válido un ranking general que jerarquice a todas las IES sin tener en cuenta la diversidad institucional, contextual y socio-económica que caracteriza nuestro sistema educativo?
· Todas las IES deben tener modelos investigativos similares medidos en grupos de COLCIENCIAS, patentes, y artículos académicos registrados en SCOPUS?
¿UNA RADIOGRAFÍA DEL ESTADO ACTUAL DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR?
Pese a que el modelo pretende realizar una “radiografía del estado actual de la ES”, MIDE desconoce aspectos contextuales básicos del sistema educativo colombiano, que hacen inviable la aplicación del modelo.
En primer lugar, desconoce que la masificación y el aumento progresivo de la matrícula privada ha generado una marcada diversificación institucional. En este universo cohabitan instituciones de gran prestigio nacional como las 5 primeras del ranking, con instituciones conocidas solamente en contextos locales como CEMIL, CORPOSUCRE, CUL, AUNAR, CORSALUD, para citar a las ubicadas en las cinco últimas posiciones.
De acuerdo con información del SNIES y el DANE (año 2013), sólo el 3.1% de las familias colombianas tienen ingresos superiores a los 7,10 smlv, las cuales son responsables del pago de solo el 4,51% de las matrículas de la ES, muy posiblemente en las universidades mejor ubicadas en MIDE. Debido a los altísimos costos de la educación privada, los jóvenes y sus familias buscan IES con matrículas más asequibles, las cuales por lo general ofrecen menores niveles de calidad. Comportamiento que se explica simple y llanamente por las dinámicas del mercado, y sus leyes de oferta y demanda.
Si a esto se suma el lento crecimiento del gasto público en educación, la limitada oferta de cupos oficiales y el deterioro de muchas de las universidades públicas en las regiones, el resultado es un sistema inequitativo y heterogéneo, imposible de medir con criterios uniformes de calidad como pretende el MIDE. Adicionalmente, es necesario considerar las enormes diferencias en los niveles de desarrollo intelectual y humano que alcanzan los estudiantes al iniciar sus estudios de Educación Superior, lo cual redunda de manera directa en sus procesos y resultados académicos.
Más que evaluar a las IES con instrumentos lejanos a la comprensión de la complejidad de la realidad y dinámicas del sistema, se requiere un Estado fuerte que regule la educación superior a través de mecanismos que contribuyan a cerrar brechas sociales, a generar oportunidades de calidad para todos, a reducir las enormes desigualdades que caracterizan a nuestro sistema educativo y a regular con criterios de equidad las dinámicas del mercado. Esta es la tarea pendiente del Ministerio de Educación Nacional y de la sociedad colombiana. Necesitamos dirigentes que lo comprendan.
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